¿Quién busca a quién? – Brecha digital

¿Quién busca a quién?

Jugar al Pokémon Go es tan importante que incluso los usuarios entregan sus datos de geolocalización y ponen a disposición de una empresa multinacional online lo que ven en tiempo real a través de su cámara. El nombre clave de todo esto es John Hanke, fundador de Niantic Inc, una empresa pionera en datos geoespaciales financiada por la CIA.

Lo primero que llama la atención de Pokémon Go –disponible en Uruguay desde la semana pasada– es el fenómeno masivo que genera, la euforia y la convocatoria en la vía pública. Actualmente sobrepasa los 100 millones de descargas en todo el mundo. El fenómeno no responde tanto al mecanismo propio del juego sino más bien a su naturaleza de corte viral en la que rige una regla muy simple: todos quieren formar parte porque de lo contrario quedan por fuera. Así es como Facebook o Whatsapp han logrado convertirse en gadgets imprescindibles para la mayor parte de la gente. Su éxito, su expansión tienen que ver con un resorte muy parecido al de la adicción: empieza como ritual de pertenencia a un círculo y, una vez iniciado, demanda más intensidad y supone ansiedad en la abstinencia. Por eso casi todos consultamos histéricamente Facebook o palpamos el celular como para confirmar que sigue ahí y que por lo tanto existimos, porque estamos conectados. Vivimos la época en la cual la fe religiosa fue remplazada por fe tecnológica.

Cuando Michel Foucault introdujo hacia 1975 su interpretación del concepto de panóptico no imaginaba que aquella “vigilancia y castigo” iba a prescindir, cuatro décadas más tarde y Google Earth mediante, de todo castigo porque las sociedades de hoy ya ni siquiera parecen percibir el control que cae sobre ellas y, en todo caso, parecería no importarles. Atrapar el Pokémon del barrio es tan importante que incluso los usuarios entregan sus datos de geolocalización y ponen a disposición de una empresa multinacional online lo que ven en tiempo real a través de su cámara. Entregan tanta información importante sin siquiera cuestionarse a quién se la entregan.

El nombre clave de todo esto es John Hanke, fundador de Niantic Inc, la empresa que actualmente desarrolla la aplicación Pokémon Go. Hanke fue anteriormente el director ejecutivo de Keyhole Inc, una empresa pionera en el desarrollo de software especializado en aplicaciones de visualización de datos geoespaciales, fundada en 2001 por el propio Hanke y adquirida en 2004 por Google por valor de 35 millones de dólares. Keyhole desarrolló los sistemas que hoy utilizan Google Maps y Google Earth, los principales programas informáticos a nivel global que permiten visualizar cartografía, imágenes de satélite, relieves y edificios en 3D de cualquier parte del planeta. En sus comienzos, Keyhole recibió el apoyo económico de Sony y Nvidia, y poco después terminó de conformarse gracias a fondos de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (Cia) por medio de In-Q-Tel, su entidad de capital de riesgo para financiar emprendimientos de interés. In-Q-Tel, brazo inversor de la Cia desde 1999, “identifica, adapta y ofrece soluciones tecnológicas innovadoras para apoyar las misiones de la Agencia Central de Inteligencia y ampliar la Comunidad de Inteligencia de los Estados Unidos”, según se puede leer en su página oficial www.iqt.org.

Si el alcance voyerista de Google Earth es ya de por sí cuestionable, con Pokémon Go los usuarios permiten a Hanke y compañía el acceso visual a prácticamente cualquier rincón del mundo; sólo hace falta que desde la empresa hagan aparecer un Pokémon en el lugar que deseen para que miles de personas se lo muestren al instante. Es imprescindible, para jugar, aceptar las condiciones de privacidad, que incluyen la cesión de datos varios. Estas condiciones pueden consultarse, en extenso, entrando a http://www.nianticlabs.com/privacy/pokemongo/es. El segundo inciso del punto 2 de las condiciones, sobre la información de la ubicación, dice que Pokémon Go “es un juego en el que se necesita conocer su ubicación. Nosotros recopilamos y almacenamos información sobre su ubicación (o la de sus menores) cuando usted (o sus menores autorizados) utiliza nuestra App (…). Usted comprende y acepta que al usar nuestra App nos estará trasmitiendo la ubicación de su dispositivo (o el de sus menores autorizados) a nosotros y es posible que compartamos información sobre esa ubicación, junto con su nombre de usuario (y el de sus menores autorizados), a través de la App (…). También podemos usar esta información para mejorar y personalizar nuestros servicios para usted (o sus menores autorizados)”. Nunca se aclara a qué mejoras o personalizaciones se refiere exactamente. Sobre la información compartida con terceros, inciso tercero de la condición número 3, aclaran que eventualmente pueden compartir “información agregada y no identificativa con terceros para fines de investigación y análisis, creación de perfiles demográficos y otros fines similares”. Nuevamente, a pesar de que aclaran que es información “no identificativa”, nunca se especifica qué son esos “otros fines similares”. El punto 7 de las condiciones acaba por explicar que el usuario “debe tener en cuenta que ningún método de transferencia de información en Internet es completamente seguro, al igual que ocurre con la seguridad de la información almacenada. En consecuencia, no podemos garantizar la seguridad íntegra de la información”. Suficientes zonas grises para tratarse de una aplicación con tecnología de la Cia.

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