Reacción “made in USA”

En el proceso electoral estadounidense se enfrentan dos partidos, el Partido Demócrata y el Partido Repugnante. Ahora los que luchan por ser nominados candidatos presidenciales de ese partido se merecen el nuevo nombre, y sólo pensar que cualquiera de ellos pueda ser presidente de Estados Unidos da escalofríos.

USA por Ombú.

En el proceso electoral estadounidense se enfrentan dos partidos, el Partido Demócrata y el Partido Repugnante. Podrán decirme que el Partido Republicano es el de Abraham Lincoln, que abolió la esclavitud, o el de Eisenhower, que ganó la guerra, y protestarán porque acabo de rebautizarlo. Pero ya no es ese Partido Republicano. Ahora los que luchan por ser nominados candidatos presidenciales de ese partido se merecen el nuevo nombre, y sólo pensar que cualquiera de ellos pueda ser presidente de Estados Unidos da escalofríos. Empecemos por el más júnior de los Bush, Jeb.1 En pleno debate se enoja porque Donald Trump critica el balance presidencial de su padre y su hermano, y responde “basta de insultar a mi familia, papi (daddy) es el hombre vivo más grande de la tierra”. Luego vino mami, con sus 90 años, empujando un carrito de supermercado que usa en vez de bastón, para decir que Jeb es un chico adorable, y apareció George W también, para tratar de salvarle la campaña, sin poder decir nada sustancioso sobre el hermanito menor. Juntos parecían la familia Adams. Lo financian, sobre todo, las compañías farmacéuticas. Ted Cruz es mi preferido. Hijo de cubanos emigrados. Es líder del movimiento Conservadores Valientes, y debe serlo para animarse a decir tantas barbaridades. Tiene un equipo nacional de plegarias que reza en continuado para que gane, y usa los sentimientos religiosos de la gente sin escrúpulos, como si fuera el dueño de la fe. En su sitio web dice “Necesitamos los favores de Dios para salvar a América”. Afirma que las leyes de Dios (que él interpreta) están por encima de las estadounidenses, lo que es un punto más de su coincidencia ideológica con el Estado Islámico. En su sitio de Internet vende un sticker que dice: “Este auto sólo dobla a la derecha”. Está contra el aborto pero a favor de la pena de muerte, vaya uno a entender por qué. Es un buen orador y es el recambio del aún poderoso lobby petrolero. Se pelea con su colega, el niño mimado del Tea Party, Marco Rubio, que es otro hijo de cubanos emigrados. Éste está siempre recién salido de la ducha y con la camisa planchada. Es el buen alumno de la clase y se sabe todo de memoria, pero todo lo limpito de fuera es repugnante por dentro. Afirma que ser dueño de un arma es un derecho sagrado, que la Agencia de Protección del Medio Ambiente es un obstáculo para el desarrollo económico, como lo son los sindicatos y la regulación laboral. Propone aumentar en 20 mil efectivos los guardias fronterizos, poner 4.000 millones de dólares de cámaras y sensores junto con muros en el sur, se olvida de cómo llegaron sus padres a Estados Unidos. Su obsesión, por supuesto, es luchar contra el comunismo, que no sé dónde lo va a ir a buscar. Criticado por la manera de llevar sus finanzas, recibe donaciones de Goldman Sachs, Morgan Stanley y el Club for Growth, un lobby conservador cuyo objetivo es bajar los impuestos y disminuir la presencia del Estado. El candidato John Kasich, por su parte, se merece un artículo entero, porque, créanme o no, hace una campaña que él llama “por la positiva” (sic), no se pelea con nadie y está siempre contento. Todavía no encontró un poste donde hacer la bandera pero tiende a usar la camisa un poco desabotonada y remangada. Quiero averiguar si fue Lacalle el que le escribió el libreto o contrató a la misma empresa. También es partidario de disminuir los derechos sociales, achicar el Estado, bajar los impuestos a las grandes empresas y a los más ricos. Lo patrocinan las grandes empresas de Ohio, grupos financieros e industriales. La frutilla de la torta, ya lo saben, es el Macpato Donald Trump. Él no es del Partido Repugnante, él usa de manera repugnante al partido. Si lo molestan se va, porque es el más rico, el más fuerte, el más inteligente, el más lindo, el mejor manipulador, el más boca sucia y, de todos, el más peligroso. Como él mismo dice, empezó desde abajo, con sólo un millón de dólares que le regaló el padre. Es demagogo y cínico, simplista e ignorante en política, prepotente y abusador en los negocios. Dice que se financia solo. En la Torre Trump, donde vive en Nueva York, según me contaba un testigo presencial, tiene un ascensor exclusivo, y cuando sube, un portero sube con él para cepillarle la ropa en el trayecto. Usa los gestos de Mussolini y las ideas de los Le Pen y su política básicamente se reduce a hacer pagar al mundo entero lo más posible por todo, proteger las fronteras, usar la tortura con todos los sospechosos y reforzar aun más al ejército más poderoso del mundo. Después del vocablo “yo”, el que más usa es “dinero”. Si, como dice el papa Francisco, el dinero es el excremento del diablo, Donald está tapado hasta la cabeza. De ahí viene el nuevo bautismo que creo que se ha ganado este partido que de republicano ya no debiera tener el nombre.

Así es la democracia estadounidense. Un país que tiene un presidente afro, finalmente una candidata mujer, dos candidatos hijos de emigrantes cubanos, uno hijo de emigrantes judíos polacos, un megalómano y un tarado, demuestra tener cierta vitalidad y gran capacidad de inclusión. Al fin de cuentas, ¡hay que taparse la nariz y mirar todo esto por la positiva!

  1. El fin de semana pasado se bajó de la candidatura, pero, claro, esta nota ya estaba escrita.

 

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