El regreso de las «listas negras»

No es algo que pase todos los días. Y de hecho, se señala que es la primera vez que sucede algo de este tenor en el continente asiático. Este sábado 28 de enero el tribunal del distrito central de Seúl emitió, luego de una extensa investigación, una orden de detención contra Cho Yoon-sun, ministra de Cultura de Corea del Sur, por los cargos de abuso de autoridad y perjurio.

No es algo que pase todos los días. Y de hecho, se señala que es la primera vez que sucede algo de este tenor en el continente asiático. Este sábado 28 de enero el tribunal del distrito central de Seúl emitió, luego de una extensa investigación, una orden de detención contra Cho Yoon-sun, ministra de Cultura de Corea del Sur, por los cargos de abuso de autoridad y perjurio.

La ministra fue acusada de haber elaborado una extensa lista, con la idea de impedir que los artistas nombrados en ella recibieran subvenciones públicas y financiación privada, y para que fuesen vigilados por el Estado. Junto a Cho fue también detenido el ex jefe de personal de la oficina presidencial, Kim Ki-Choon, acusado de colaborar también en la confección de estas “listas negras”.

Según señaló en una conferencia de prensa el portavoz de la Fiscalía, Lee Kyu-chul, el listado reúne unos 10 mil nombres de cineastas, escritores, dramaturgos, artistas plásticos, músicos, actores y otros artistas opositores a la actual administración. La Fiscalía agrega que la elaboración de la lista ha sido “una violación de la libertad de pensamiento y expresión de la gente”.

Ambos políticos detenidos formaban parte del círculo cercano a la recientemente destituida presidenta conservadora Park Geun-hye, quien se encuentra en el ojo de la tormenta por un escándalo de corrupción que la involucró junto a su confidente y consejera Choi Sam-sil; conocida informalmente como la “Rasputina”. Choi fue arrestada por fraude y abuso de poder, y a su vez se le acusa de intervenir en asuntos de Estado pese a no ostentar cargo público, así como extorsionar a grandes empresas para obtener dinero, del que se habría apropiado parcialmente. Más de 70 millones de dólares habrían ido a parar a su bolsillo, por haber utilizado su vínculo con la presidenta para solicitar, mediante la extorsión, donaciones a fundaciones de caridad que ella manejaba. Se señala que la influencia de Choi sobre la primera mandataria llegaba a extremos ridículos –le decía hasta cómo vestirse–, y que tal relación cuenta además con un curioso precedente: el padre de la presidenta fue el dictador de Corea del Sur durante el período de 1962 a 1979, y se relata que su asesor, un ex monje budista fundador de una secta, ejercía una absoluta influencia en las decisiones del dictador. Este asesor era el padre de Choi.

La población, furiosa, salió a las calles en noviembre al ver cómo los peores fantasmas y vicios de la dictadura militar resurgían una vez más, reproduciéndose en esta nueva generación de herederos del poder. Millones de personas se manifestaron hasta que en diciembre se inició el proceso de destitución de la presidenta; su juicio político comenzó a principios de enero. La primera mandataria se encuentra en este momento acusada de abuso de poder y violaciones constitucionales varias.

La intrincada trama de corrupción, que llegó incluso hasta altos ejecutivos de la empresa Samsung, alcanzó entonces a la actual ministra de Cultura, quien ya admitió públicamente que existió una iniciativa para silenciar a las voces críticas contra la presidenta y sus escándalos, y se disculpó públicamente por ello. Los investigadores creen que la lista fue otro instrumento coercitivo y de extorsión ideado por Choi, la Rasputina. Allí figuran los nombres de los conocidos cineastas Park Chan-wook (Oldboy) y Kim Ki-duk (Primavera, verano, otoño, invierno… y otra vez primavera), así como los inmensos actores Moon So-ri y Song Kang-ho, y la escritora Han Kang (La vegetariana), entre tantos otros.

El artista plástico Hong Sung-dam había hecho un cuadro en el que representaba a la presidenta como un espantapájaros manipulado por fuerzas del mal, entre las que se incluía a su padre el dictador. Desde entonces las represalias del gobierno se hicieron sentir: primero un grupo cívico progubernamental le hizo una denuncia por difamación, luego su obra fue rechazada por la Bienal de Gwangju, el mayor festival de arte de Corea del Sur. Más adelante comenzó a recibir amenazas de muerte por teléfono, y docenas de activistas conservadores se apostaron frente a su apartamento, gritándole “pintor comunista” y sacudiendo sus fotografías. Cuando el Estado se ensaña con un artista, la vida de este último puede convertirse en un infierno; estas declaraciones de Hong Sung-dam fueron corroboradas por la Fiscalía, que encontró un diario perteneciente a uno de los censores donde se detallaban todas estas formas de “castigar” a Hong.

Ko Un, uno de los más reconocidos poetas surcoreanos, declaró por su parte a la radio Sbs: “Es un honor estar en la lista”, y dijo que el episodio deja en evidencia lo desagradable que ha llegado a ser este último gobierno.

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