No es que sean originales. El recurso a la calumnia procaz, la ausencia del mínimo argumento, la banalización de palabras antaño graves inundan el discurso público desde hace un buen tiempo y viene de los cuatro costados. Pero a veces los enardecidos demuestran, en su vacuidad, una desesperación asombrosa.
Hace tiempo que la cobertura de Brecha sobre lo que ocurre en Oriente Medio y sus repercusiones en Uruguay tiene muy nerviosos a algunos círculos, acostumbrados a la unanimidad sumisa y complaciente de los medios con respecto a Israel. Los escandaliza que alguien se atreva a denunciar el modus operandi del sionismo, una ideología y movimiento político cuyo accionar puede y debe ser investigado como el de cualquier otro, pero que los círculos de poder e influencia locales han convertido en una vaca sagrada.
Días atrás, en el Correo de los Viernes, Eduardo Zalovich Mokobocki, firmando con un cobarde seudónimo, intentó insultar a la periodista de Brecha Mariana Contreras tildándola de antisemita. Este exasesor de la embajada de Israel había ensayado algo similar poco tiempo atrás en Búsqueda, al atacar a la periodista de este semanario María Landi. En ambas ocasiones buscó ocultar su nombre y apeló a una catarata de insultos ad hominem y bravuconadas. En una de sus Cartas al Director de Búsqueda motivadas por el artículo de Landi «¿Quién ha usado la violencia sexual como arma de guerra?» (Brecha, 8-III-24), Zalovich, firmando solo con sus iniciales, la emprendía incluso, entre calumnias y acusaciones falaces, contra el exembajador de Uruguay en Israel Bernardo Greiver (de origen judío), a quien acusaba de haber ayudado a la periodista a entrar en Israel y de mandarle «propaganda de Hamás» para sus charlas en Montevideo. En otra, resultaba evidente que había espiado los correos electrónicos entre Landi y Greiver. Ni aun así pudo citar una sola prueba de sus burdas acusaciones.
De distinto tono pero similar tenor es la calumnia que acaba de lanzar la periodista Fernanda Kosak, que ahora intenta descontar puntos perdidos en ciertos ámbitos. En Al Weso, el streaming que conduce Jorge Balmelli, Kosak dijo, sin una pregunta específica previa: «No me gustaría darle una nota a Brecha» porque «ha tenido cosas muy antisemitas», y señaló a este semanario como un ejemplo de un supuestamente rampante «antisemitismo de izquierda». A continuación, convocada a aportar algún ejemplo, su respuesta fue: «No, prefiero que no porque, aparte, no sé quiénes las escribieron, no me interesa, no quiero personalizarlo». Cuenta Plinio el Joven en sus cartas sobre la erupción del Vesubio que nunca había visto humo tan espeso y tóxico como el que envolvió Pompeya. Tuvo la fortuna de vivir hace veinte siglos.
La infundada acusación de Kosak, además, llegó a pesar de que Brecha fue de los pocos medios que defendió a la periodista cuando fue «desvinculada» por Sergio Gorzy del programa Buscadores precisamente por tomar distancia de las políticas del Estado de Israel (véase «El disciplinamiento», 11-VII-25). Se la estaba censurando, dijimos desde estas páginas.
Ya son varias las salidas de tono, y basta con glosar estas dos para registrar la necedad del conjunto. En épocas ya muy remotas, Israel y el sionismo pudieron pretender para sí defensores elocuentes y con alguna profundidad intelectual. Pero desde hace décadas su propaganda se sostiene con desembolsos fuertes y personajes endebles. Los impulsores de este lobby se acostumbraron a que políticos y periodistas agachen la cabeza ante sus fatuidades, seducidos por agasajos y regalos. Que haya periodistas y medios como Brecha que mantengan su independencia los desconcierta por completo. No habituados a la crítica, pierden la paciencia, amenazan y balbucean. El antisemitismo es un delito en la actual legislación uruguaya, y si tuvieran algún elemento para sostener tantas calumnias, deberían proceder. Saben que no lo tienen. Por eso no es casual que estén en marcha operaciones en el Senado y en la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo para legislar la censura contras las críticas a Israel y el sionismo.



