Salirse de la norma – Brecha digital

Salirse de la norma

Las guías turísticas alternativas en la web dan una buena cantidad de ideas para pasar inadvertido en diversas ciudades, incluyendo muestras de cómo vestirse y de todo lo que no hay que hacer o decir si se quiere evitar ofender a los locales.

Guías turísticas

Hacer turismo puede ser una complicación. Los paquetes de viajes que ofrecen visitas guiadas suelen ser caros, proponen itinerarios para ver los más aburridos monumentos y museos del estándar viajero y los visitantes suelen ser constantemente estafados en restaurantes, tiendas de souvenirs y chucherías especialmente ubicados en esos circuitos, por no hablar de toda clase de oportunistas, taxistas o vendedores que quedan a la espera de que el turista baje la guardia para saquearlo de modos impensables. Pero sólo hace falta salirse un poco del recorrido para dar con un mundo más atractivo, con ofertas gastronómicas accesibles, lugares en los que uno puede mezclarse con la gente común, salir a bailar y quizá dar con espacios más adecuados a los gustos propios. Para esta otra clase de turismo, la web tiene para ofrecer las siempre atractivas guías turísticas “alternativas”.

El sitio web How not to Act Like a Tourist da una buena cantidad de ideas para pasar inadvertido en diversas ciudades, incluyendo muestras de cómo vestirse y de todo lo que no hay que hacer o decir si se quiere evitar ofender a los locales. Entre decenas de recomendaciones, en la guía para visitar Pekín pueden leerse sugerencias como esta: “No pienses ni por un minuto que esas dos chicas que te sonríen juntas en un bar te encuentran atractivo, hacen uso del segundo truco más viejo de la lista. Tampoco te tomes una taza de té con esa muchacha que te cruzaste en la plaza Tiananmen y quiere practicar inglés; ese es el primer truco más viejo”, o “no bebas en bares de buceo a no ser que te guste el alcohol falso y las resacas muy verdaderas”.

Por supuesto, también están las guías alternativas que pone a disposición la comunidad Lgtb definiendo cuáles son los países tolerantes y a cuáles no habría que viajar nunca. Informan asimismo sobre cuáles son los sitios realmente gay-friendly y de cuáles conviene mantenerse alejado en cada ciudad. Para dar con estas guías sólo hace falta poner en Google la ciudad a la que uno quiere ir con las palabras “guía gay-friendly”, aunque las más completas están impresas y a la venta. La Spartacus Traveler, en su top de destinos turísticos de 2014, ubicó a Uruguay en el sexto lugar del mundo, en empate con Canadá, Dinamarca e Islandia (los primeros son Suecia, Bélgica, Francia, Países Bajos y Reino Unido), y considera entre otras variables la legislación antidiscriminatoria de cada país, las posibilidades de casamiento y adopción, la presencia de hostilidad y violencia por parte de los locales y el marketing Lgtb (en este último ítem venimos mal puntuados).

Pero seguramente las guías más divertidas de leer en la web son las de la excelente publicación canadiense Vice, y pueden leerse en español (aunque las traducciones a veces dejen un poco que desear). Vice propone un destino determinado y despliega un sinfín de sugerencias y trucos, con sitios donde ir de fiesta, sobre el consumo local de drogas y dónde conseguirlas, lugares para emborracharse y sitios donde ir estrictamente sobrio, más información muy útil para no ser estafado, para no ser arrestado por la policía y hasta para no ser “un turista de mierda”. Sobre Estocolmo y las drogas, el cronista recomienda encarecidamente no consumirlas: “hay policías de paisano hasta en los lavabos de los clubes, y al contrario de lo que ocurre en la mayoría de los países, aquí es ilegal llevar drogas hasta en el sistema circulatorio”. Para el turismo en Milán sugieren visitas atípicas: “empezando por el sur, en Via Conchetta encontrarás Cox18, una casa okupada de izquierdas fundada en 1976. Ofrecen cerveza a un precio razonable, conciertos de ritmos balcánicos y una zona exterior diseñada especialmente para molestar a los vecinos. Asimismo recomiendan evitar a toda costa ciertas líneas de colectivos: “hasta no hace mucho, el 90 era el único autobús que seguía en funcionamiento después de la 1 de la mañana. Conecta todas las zonas más marginales de Milán, y si subes a él después de las 23 es muy probable que te encuentres con alguien que va desnudo, vomitando o ambas cosas a la vez”.

En la guía Vice de París se ofrece un puñado de restaurantes donde comer sin ser saqueado, y en la de México aconsejan especialmente la oferta gastronómica de insectos: “jugosos, crujientes, con una pinta que asusta pero de sabor inexplicablemente delicioso. Y muy buenos afrodisíacos. Si quieres algo realmente intenso ve a algún mercado y pide gusanos de maguey vivos, son lo máximo. Llegas a casa, abres la bolsa en la que estos seres habitan, te preparas un taco con ellos, les pones algún aderezo para que se encabronen, y cuando los comes los hijos de puta intentan comerte a ti también. Debes demostrarles quién manda”.

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