Salvar el año

Mientras seguimos hablando del resultado de las elecciones y de nuestras alicaídas encuestadoras, caemos en cuenta de que en poco más de una semana tendremos una nueva edición del clásico de nuestro igualmente alicaído balompié. Nacional y Peñarol volverán a enfrentarse en un choque que promete, y que andá a saber si cumple.

Clásico. Foto ARCHIVO ACAR

Resulta claro que los uruguayos y las uruguayas siguen con la mente puesta en el resultado de las urnas. Paradójicamente, Uruguay sí se detuvo, pero en el análisis del escenario político, máxime ahora que las encuestadoras gozan de una fiabilidad comparable a la de los meteorólogos, la ropa de marca de los Techitos Verdes y el Loco Contreras. Pero hay que dar vuelta la página, pongámonos por un rato el chip futbolero, al menos hasta que falten 15 días para la segunda vuelta.

Nacional llegará en mejores condiciones que Peñarol (ocho puntos de diferencia, con un margen de error de más menos tres), pero como alguien dijo alguna vez, clásicos son clásicos, del mismo modo que Abreu es Abreu y colorado vota colorado.

Dos bibliotecas. La doxa (¡uepa!, andá llevando) del periodismo deportivo oriental indica que el clásico es un partido aparte, y que “no importa cómo lleguen”. Hay extremistas que incluso llevan la apuesta más allá, al afirmar que lo que importa es “semblantear” a los jugadores en la mañana previa al partido. Si uno fuera capaz de pasar por Los Aromos o Los Céspedes el domingo bien temprano, a los cinco minutos se daría cuenta de quién va a ganar el partido (más ahora, que gracias al doctor Cesio, sin lentes, veo mejor que nunca). Resulta obvio que esta visión le otorga al factor “anímico” un peso fundamental, pues aquel equipo que venga jugando mal y feo, podrá torcer la suerte del clásico en su favor en caso de accionar los mecanismos espirituales necesarios.

En la posición opuesta se ubica el ala –llamémosle– progresista del periodismo deportivo, encabezada acaso por el profesor Ricardo Piñeyrúa, para quienes “el clásico lo gana el que llega mejor”. De este modo, los de Gutiérrez deberían ganarle 2 a 0 a los de Fossati, tal cual lo han venido haciendo en los últimos meses con todo aquel que se les ha parado delante.
La historia no es terminante a la hora de inclinarse por una opción o la otra. Hay tantos ejemplos de clásicos donde el que venía mejor ganó, como otros donde hubo sorpresa, popularmente vinculada a factores anímicos, aunque en la práctica tanto los planteos tácticos como los rendimientos individuales son los que terminan resolviendo los partidos, sean clásicos o no.

Las rachas son los padres. Empero, hubo diferentes épocas en las que –con un margen de error despreciable– uno podía saber cómo salía el clásico antes de jugarlo. Por ejemplo, durante el apogeo de Atilio García, si se jugaban diez clásicos, Nacional ganaba 11, cinco de ellos con diferencias mayores o iguales a los tres goles. En los años sesenta la supremacía fue aurinegra, hasta que a principios de la década siguiente fue Nacional el que se hizo fuerte, de la mano de Artime. Pero Artime se fue y llegó Morena, que torció la balanza a favor del equipo de las 11 estrellas.

Más acá en el tiempo, Peñarol desarrolló una marcada superioridad sobre Nacional entre 1993 y 1997, que encontró reflejo pocos años más tarde, cuando de la mano de goleadores como Abreu (Sebastián, no Sergio), Medina, Recoba o hasta el Morro García, y de arqueros como Biglianti, Salgueiro o Cavallero (por nombrar apenas tres), los tricolores consiguieron hacerle creer a los carboneros que Dios –que siempre fue manya– los había abandonado.

Quizás en parte de esos procesos sí se pueda hablar de una mayor incidencia de “lo espiritual” a la hora de explicar el devenir de los partidos. Si en un mes te pasa dos veces que vas ganando un clásico por dos goles y lo perdés (tal como le pasó a Nacional en 1997 y a Peñarol en 2004), resulta difícil de explicar sin conjugar el verbo “cagarse”. Pero estamos hablando de casos excepcionales, en los que fundamentalmente Peñarol fue capaz de generar una energía tal (en un sentido o el otro) que lo podía hacer ganar o perder cualquier partido.

Para mi gusto, eso fue lo que pasó en 1997: tras recibir el “favor reglamentario” de acceder a la definición en caso de ganar la Tabla Anual pese a no haber ganado ni el Apertura ni el Clausura (algo que se decidió sobre la marcha), Peñarol se convenció de que podía y ganó partidos increíbles (no sólo el clásico). En 2004 sucedió lo opuesto: cuando la “fortuna” de su entrenador Diego Aguirre aún no funcionaba de la mejor manera, Peñarol desarrolló una tendencia a perder que lo hizo caer en dos clásicos increíbles ante Nacional, aunque también fue goleado por Liverpool y Danubio, comenzando una caída libre que recién se detuvo momentáneamente en 2010.

Nacional es energéticamente más estable. Basa más su éxito deportivo en el juego o hasta en la astucia de sus dirigentes (que ya se aseguraron el banco de suplentes y el vestuario de la Ámsterdam, ¡Nacional inteligencia!) Eso puede explicar que su parcialidad fluctúe menos que la carbonera a la hora de concurrir a la cancha: generalmente, si Peñarol anda bien, lleva 35 mil personas. Si anda mal, lleva menos de diez mil. Nacional, yendo bien o mal, te lleva entre 15 y 25 mil. ¿Por qué? Porque el hincha de Nacional es generalmente más racional (sobre todo Javier Moreira), no necesita entrar en estado de trance para ir a ver un partido (imposible ver a Sandoval sin antes haberse baldeado el alma) y antes de reclamar un milagro divino le reclama al Nacho González que meta un poco.

putear, con respeto. Dejando de lado las mencionadas rachas, lo que sí puede advertirse es cierta tendencia al aprovechamiento de las situaciones favorables –por llamarlo de alguna manera–, que para mi gusto obedece más a factores casuales que anímicos. Entre los hinchas de Nacional está instalado el sentimiento de que se han dejado pasar oportunidades históricas de “masacrar” al rival. Sin ir más lejos, el exitoso entrenador Martín Lasarte nunca pudo gozar del beneficio de la parcialidad tricolor debido a que en dos oportunidades enfrentó a aquellos Peñaroles tan queribles, que eran goleados una y otra vez, y que llegaban a los partidos como pidiendo clemencia. Y en ambas oportunidades el match terminó empatado.

Incluso en aquellos encuentros en los que Nacional sí logró plasmar una marcada superioridad, terminó logrando resultados que dejaron con cierto gusto a poco a sus hinchas. Cuando Nacional le da un pesto a Peñarol, termina ganando por dos o tres goles. Sin embargo, Peñarol ha demostrado menos “clemencia” a la hora de generar resultados estridentes.1

POCO PARA PERDER. Podemos arriesgar, sin temor a equivocarnos, que tanto Peñarol como Nacional tienen más para ganar que para perder. Del lado carbonero la explicación es más sencilla: eliminado de la Sudamericana y casi sin chance en el Apertura, ya hace semanas que en Los Aromos se habla de “salvar el año” con una victoria ante el casi imbatible elenco parquense. Si Peñarol pierde, a lo sumo se irá Fossati y Damiani verá comprometida su posibilidad de ser el presidente que inaugure el estadio. Algo así como perder para ganar.

El del domingo 9 será el primer clásico pos 5 a 0, y la primera oportunidad para el debutante Álvaro Gutiérrez de comenzar a cerrar esa herida. Si bien está instalado el dicho de “los clásicos hay que ganarlos aunque sea con un gol de nuca en la hora”, ¿qué hincha de Nacional, secretamente, no fantasea con ver a Migliore ir a buscar la pelota al fondo de la red en al menos cinco oportunidades?

Sin embargo, si Nacional pierde, sus hinchas, más allá de soportar un par de días de cargadas en las redes sociales, difícilmente se verán privados de la vuelta olímpica en este Apertura, y hasta se podrán dar el lujo de arriesgar que el día que se haga una votación seria, aquella encuesta que dio el 47 por ciento de hinchas de Peñarol y el 35 de hinchas de Nacional estaba tan acertada como la que tiró Cifra antes de la veda.2

1. En los últimos 30 años Nacional registra un 4 a 1 y tres 3 a 0 como sus máximas goleadas clásicas. Peñarol, además del reciente 5 a 0, tiene un 4 a 0, tres 4 a 1, y tres 3 a 0.
2. Dicha encuesta fue obra de la empresa Opción Consultores.

Las frases de la semana

 

Por Lubo Adusto Freire

 

“Con franqueza, esta ha sido la derrota profesional más dura de toda mi carrera.”
(Jorge Fossati, Tirando paredes, AM 1010, 23-10-14.)

 

“A virada ja començou.”
(Pedro Bordaberry tras el gol de Albarracín en la final del Uruguayo 2013-14, Vtv, 08-06-14.)

 

“Capaz que viene Pablo y te dice que está en el primer anillo.”
(Luis Alberto Lacalle Pou al ser preguntado sobre la ubicación del palco que compró en el Gran Parque Central, Pasión Tricolor, 1010 AM, 20-10-14.)

 

“Tabárez cita a Lugano. Pimba.”
(Mauro Mas, Último al arco, 890 AM, 28-10-14.)

 

“La chance de Peñarol en el Apertura está intacta.”
(Luis Eduardo González, Código país, Canal 12, 29-10-14.)

 

“Hubo una diferencia entre lo proyectado y lo real.”
(Carlos Núñez tras rematar su penal ante Estudiantes, 13 a 0, 810 AM, 22-10-14.)

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