Puede resultar simbólico que haya sido el último sobreviviente de los 57 músicos de jazz retratados en 1958 por Art Kane en su legendaria fotografía «A Great Day in Harlem».1 Pero ¿qué simboliza esto realmente? ¿De qué fue Rollins «el último»? Se han reiterado lugares comunes vagos y subjetivos, caso de «el último gigante del jazz», pero también podrían citarse datos más objetivos y estadísticos, aunque de valor más bien anecdótico: el último que llegó a tocar –y grabar– con Charlie Parker, Thelonious Monk y Coleman Hawkins. Pero, a mi entender, lo esencial –y lo que determina que su muerte haya significado el fin definitivo de toda una era– es que Rollins era el último sobreviviente de la última generación que creció en una época en la que el jazz era la música popular estadounidense por ...
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