Seguir la huella – Brecha digital
Vaz Ferreira, el debate público y nosotros 1

Seguir la huella

Va terminando el año en el que se recordó a Rodó, y en pocas semanas empezaremos a celebrar los 150 años del nacimiento de Vaz Ferreira.

Centro de Fotografía de Montevideo, familia Vaz Ferreira S. D. DE AUTOR

«Es difícil escribir sobre Vaz Ferreira, pero es necesario.» La frase es de Manuel Claps, quien agregaba: «Hay que intentar el análisis y la valoración de su obra desde nuestra perspectiva, es decir, expresar lo que significa para nosotros. Esclarecernos con respecto a Vaz Ferreira es, en cierto modo, esclarecernos respecto a nosotros mismos, dado que su personalidad ha influido de un modo determinante en la formación de nuestro ambiente espiritual».

En efecto, Vaz Ferreira es como un nodo, un cruce de caminos: es, como dice Claps, factor causal del «ambiente espiritual» uruguayo y es también consecuencia de otros factores causales previos de ese ambiente espiritual. En particular, en estos tiempos propensos a polarizaciones, Vaz Ferreira, que ha sido caracterizado por Gerardo Caetano como un «filósofo de la conciliación», pero que, a la vez, desconfió agudamente de «soluciones eclécticas» que amontonen ideas pragmática o demagógicamente, podría darnos algunas herramientas para, como decía Claps, esclarecernos a nosotros mismos. Sin embargo, se ha ido convirtiendo en un nombre más citado que leído, más formalmente reconocido que conocido.

La idea central que quiero sostener –aclarando que, obviamente, el tema merece más consideraciones que las que permiten los límites de este artículo– es que el pensamiento de Vaz Ferreira, lejos de ser letra muerta, puede constituirse en un aporte en especial relevante para nuestro debate público contemporáneo. Esto aplica a una diversidad de temas, de los cuales voy a mencionar solo dos: la crítica de Vaz Ferreira a la herencia y su abordaje del problema central de la estética contemporánea.

LA HERENCIA

Vaz Ferreira es un pensador original autoenvuelto en una exposición didáctica que intenta conectar –y conecta– con cierto sentido común. Este híbrido entre originalidad y sentido común es visible, por ejemplo, en el abordaje que hace de los problemas sociales. Ni bien comienza el libro homónimo, puntualiza que uno de sus objetivos es «aclarar confusiones muy corrientes, combatir errores muy arraigados y evidenciar cierta clase de verdades (de esas que, tal vez por ser demasiado sencillas y claras, suelen disimularse o desnaturalizarse en la confusión de las doctrinas y en la agitación de la acción práctica)».

Vaz no intenta ser original; por el contrario, intenta ser claro y revisar a fondo los problemas, pero en ese proceso muchas veces llega a conclusiones originales y que han sido calificadas como precursoras en distintas subdisciplinas filosóficas. Sin embargo, a veces la originalidad de algunos de sus hallazgos termina disolviéndose en esa envoltura de sentido común. Creo que una de las tareas que tenemos quienes trabajamos la obra de Vaz es, en línea con lo que planteaba Claps, evitar que se produzca esa disolución.

Dentro de esta línea de trabajo he inscripto la crítica de Vaz Ferreira a la herencia. En efecto, desde hace un tiempo en Uruguay se ha comenzado a debatir sobre el impuesto a la herencia; la crítica de Vaz a la herencia, conocida de manera insuficiente, resulta especialmente interesante porque, aunque la planteó hace ya un siglo, tiene cierta sintonía tanto con algunos rasgos presentes en la experiencia internacional en este tipo de impuestos como con las propuestas teóricas más recientes de economistas como Anthony Atkinson.

La crítica a la herencia no es un tema «simpático» –por usar un adjetivo usual en Vaz–, pero, pese a su talante pedagógico, o justamente a causa de él, Vaz Ferreira tampoco intenta ser simpático, y nunca es demagógico: parte de un sentido común, pero para revisarlo –desde una perspectiva habermasiana se podría inscribir este enfoque, mutatis mutandis, en un proceso de racionalización del mundo de la vida–. Es en ese sentido de revisión que, cuando Vaz subraya que el problema de la herencia ocupa un lugar central en los problemas sociales, porque hay «demasiada desigualdad en el punto de partida»,2 plantea cómo solamente el «embotamiento» producido por la costumbre impide a las personas «sinceras» darse cuenta de ello: «Si alguno no lo sintiera, sería más bien porque la connaturalización con ese grado excesivo embota los sentimientos».

La solución de Vaz Ferreira a este problema, muy esquemáticamente planteada, se basa en enfocarlo como un conflicto de derechos. Muy en su estilo, enfatiza la distinción entre dos tipos de actores: quien recibe una herencia –el receptor, digamos– y quien deja una herencia –el dador–. A partir de allí argumenta que no hay buenas razones para que alguien tenga derecho a heredar: quien recibe una herencia no hizo ningún mérito para obtenerla (y lo mismo vale para quien no recibe ninguna herencia). Pero, por su parte, el dador de la herencia tiene cierto derecho a disponer del destino de sus bienes: Vaz reconoce la legitimidad de ese deseo.

La conclusión de Vaz es que deben tenerse en cuenta ambos derechos –el de la generación presente a tener un punto de partida menos desigual y el de la generación anterior a disponer de sus bienes–, pero no en pie de igualdad. Como en otras ocasiones en las que hay conflicto entre dos derechos, se debe priorizar uno: Vaz defiende el derecho de la parte más débil. Pero, como toma en cuenta ambos derechos, la propuesta de Vaz es moderada: no propone la expropiación ni nada que se le parezca, sino limitar las grandes herencias, de modo de tender a un mayor equilibrio. «Se puede y aún se debe llegar a cualquier solución de conciliación razonable y justa; pero no sobre la base del sacrificio total del derecho de los individuos actuales, que es precisamente lo que hace el régimen presente.»3 En este punto, Vaz Ferreira enfatiza algo que se ha plasmado tanto en la experiencia internacional como en algunas de las propuestas teóricas mencionadas: la distinción entre el derecho de los receptores de herencia y el derecho de los dadores de herencia. En efecto, distintas propuestas de impuestos a la herencia plantean que los gravados no sean los dadores de herencia, sino quienes la reciben. En este punto se hace visible que el impuesto a la herencia es un impuesto de espíritu netamente redistributivo, tanto que si la redistribución se da «naturalmente» –porque el dador de la herencia distribuye la riqueza a heredar entre muchos herederos–, el impuesto puede no tener efecto. En esta misma línea de reconocer y proteger el derecho de los dadores de herencia se pueden entender otras modulaciones en la experiencia internacional, como los mínimos no imponibles, las tasas progresivas (es decir, que se grave más a las herencias de mayor enjundia), ponderar cuando la herencia pasa de forma directa de padres a hijos (versus otras relaciones de parentesco), etcétera.

Centro de Fotografía de Montevideo, familia Vaz Ferreira S. D. DE AUTOR

Por otra parte, el espíritu francamente redistributivo del impuesto a la herencia se expresa en otros instrumentos que funcionan como contracara, tanto en la propuesta de Atkinson como en Vaz Ferreira. Atkinson propone un binomio compuesto por el impuesto a la herencia, por un lado, y una herencia mínima universal, por otro. En el caso de Vaz Ferreira, se podría considerar que la contracara del impuesto a la herencia podrían ser las medidas tendientes a la satisfacción del derecho a la vivienda. En efecto, según Miguel Andreoli: «Es claro que Vaz Ferreira considera que la vivienda para cada uno ha de ser provista con una marcada urgencia y que es prioritaria a la satisfacción de otros derechos, obsérvese que considera que en el caso se trata de un “mínimo” que debe ser asegurado. Los recursos necesarios, según se puede suponer del contexto de discusión, por lo menos parcialmente provendrían de las limitaciones a la herencia».

En síntesis: las ideas de Vaz están en línea tanto con la experiencia internacional de impuestos a la herencia efectivamente vigentes como con las propuestas de algunos teóricos contemporáneos sobre el punto.

LA ESTÉTICA

El segundo ejemplo que quiero mencionar como uno de los temas en los que el pensamiento de Vaz puede constituirse en un aporte al debate público es lo que podríamos llamar la estética de Vaz Ferreira. En este sentido, es relevante lo que Vaz dice, lo que no dice y lo que hace; de esto último, el Museo Quinta Vaz Ferreira es la corporeización del muy fuerte interés de nuestro mayor filósofo por las artes y por la belleza natural, es decir, por los dos objetos «clásicos» de la estética. Este interés ha sido retratado elocuentemente por su hija Sara Vaz Ferreira de Echevarría: en un libro que está disponible en el sitio de la FHCE Humanidades Digitales (Carlos Vaz Ferreira: vida, obra, personalidad) le dedica un capítulo entero a esa relación «sentida» –diría Vaz– con las artes.

No puedo desarrollar este tema aquí por una cuestión de espacio –lo he hecho en otros trabajos–, solo voy a telegrafiar brutalmente la conclusión: el abordaje de Vaz de los problemas estéticos muestra de un modo por cierto precursor el problema que va a ser el central de la estética contemporánea: la definibilidad del arte –más brutalmente aun: qué es el arte y si se puede responder a esa pregunta–. Es decir que muestra, de forma cabal y avant la lettre –con medio siglo de adelanto–, la complejidad de un problema que al día de hoy permanece irresuelto.

LA SOLEDAD

El pensamiento de Vaz Ferreira, que se dio en un magisterio relativamente solitario, no ha sido objeto de un trabajo continuado que diera lugar a algo así como una tradición. «La generación de tradiciones no se decreta, pero aun el ejercicio del parricidio requiere de la práctica de la memoria, de la interpretación y eventualmente de la crítica del propio pasado», decía hace una veintena de años Andreoli –en la introducción a un conjunto de ensayos sobre Vaz que incluye, entre otros, trabajos de Arturo Ardao y de Claps, además de representar también un esfuerzo de reunión de algunos integrantes de la diáspora, como Javier Sasso y Carlos Pereda.

En esta línea, la situación actual del estudio de Vaz Ferreira a nivel nacional se podría caracterizar sumariamente como heredera de una recepción crítica entrecortada. Por una parte, Vaz Ferreira ejerció la docencia directa, marcando a generaciones de estudiantes, y sostuvo una participación en el debate público mediante, por un lado, innumerables conferencias abiertas a todo público y, por otro, ejerciendo una influencia sobre los asuntos políticos del país –Vaz fue un referente importante para el primer batllismo, admiración no por completo correspondida, pero que llegó a tomar forma de ley en 1913 con la ley del divorcio por sola voluntad de la mujer–. Pese a esta influencia más directa, no llegó a formarse un nutrido círculo de discípulos aventajados que se dedicaran a continuar de forma crítica el pensamiento del filósofo. Fue, sí, estudiado posteriormente con rigor y dedicación por intelectuales tan destacados como Ardao y Claps. Pero esa recepción crítica sufrió un nuevo hiato con la dictadura cívico-militar de los años setenta. En los últimos 20 años ha habido algunos intentos por empezar a suturar esa brecha y, más en general, profundizar en el estudio de quien es no solo el fundador de la filosofía en Uruguay, sino un autor cuyas ideas fueron ciertamente precursoras en diversas áreas, como ha sido reconocido por investigadores dentro y fuera del país. Estos intentos de profundización han sido sobrios en cantidad, pero destacados en la profundidad teórica que se ha alcanzado. Sin embargo, luego de la última oleada de homenajes en 2008, parece haberse vuelto a cierta quietud.

El propio Vaz fue agudamente consciente de algunos problemas de la recepción crítica local: «Un libro cae en este país como una piedra en el agua: un minuto después, se ha hundido; toda huella se borra». Por otra parte, a nivel internacional la situación es ambigua. La obra de Vaz no pasó por completo desapercibida: prueba de ello es su inclusión en varias obras de referencia de tipo enciclopédico. Más rutilantes son declaraciones como las que le dirigió Unamuno: «Usted es un pensador que podría ser importante en cualquier parte; lo que le falta es el pedestal». Algo parecido afirma en nuestros días el jurista español Manuel Atienza: «Una obra como la de Vaz Ferreira gozaría de mucha mayor presencia en los medios universitarios de nuestros países [los del mundo latino] si se hubiese escrito, por ejemplo, en Harvard». La obra de Vaz ha circulado de forma insuficiente fuera del país, «pero extrañamente cada vez que alguien lo lee lo encuentra interesantísimo», afirma Carlos Pereda, filósofo uruguayo radicado –y muy reconocido– en México, quien concluye que son «buenos tiempos para leer a Vaz Ferreira, porque es un pensador de los matices. Aunque nunca hubiera sido un posmoderno, esto que los pensadores posmodernos han subrayado acerca de un cierto hartazgo de las ideologías fuertes, de las doctrinas demasiado abarcadoras, hace un lugar y un momento muy propicio para leer ese pensamiento […] que nunca intenta decir algo sin ninguna restricción, sino que siempre que hace una afirmación al mismo tiempo introduce posibles objeciones».

Más allá de valoraciones más o menos discutibles y lejos de la problemática noción de «excepcionalidad» uruguaya, una línea de investigación basada en los posibles aportes de la filosofía vazferreiriana al debate público contemporáneo encuentra apoyo en su propio pensamiento. En efecto, el propio Vaz nos proveyó de la noción de «pensar por ideas a tener en cuenta». Alérgico al tipo de pensamiento sistemático, Vaz reivindicó este modo de pensar, que puede colaborar a extraer algunas ideas de su prolífica y fructífera obra.

En estos tiempos con problemas de desinformación, no está de más insistir en el rol crucial de los medios periodísticos independientes; a nuestros efectos, pueden contribuir a suturar y continuar esta recepción crítica hasta ahora entrecortada y a que el pensamiento de nuestro mayor filósofo pueda constituirse en un aporte a nuestro debate público. Sigue siendo necesario escribir sobre Vaz, para que los libros no caigan tan hondo y tan sin huellas.

1. Este artículo se basa en una charla que di en la quinta de Vaz Ferreira en diciembre de 2018 –organizada por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE) y la Fundación Vaz Ferreira-Raimondi–, basada, a su vez, en varios trabajos sobre la crítica a la herencia que publiqué desde 2017 y otros sobre la estética de Vaz que publiqué desde 2008.

2. El subrayado es de Vaz.

3. El subrayado es de Vaz.

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