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Teatro. Cámara Hamlet: la IA a escena

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Difusión.

Los avances de la inteligencia artificial (IA) han producido una serie de debates sobre la naturaleza de la creación artística y el lugar que ocupan los artistas en este nuevo escenario. También han obligado a revisar nociones de autoría, originalidad y experiencia estética. En medio de estas discusiones nace Cámara Hamlet1 de Marcel Sawchik, quien comparte la dirección del espectáculo con Natalia Agosín.

La fábula nos sitúa ante una corporación virtual que contrata a un joven actor para iniciar un proyecto experimental: preparar la puesta en escena de una versión de Hamlet, príncipe de Dinamarca, de William Shakespeare. La particularidad del experimento reside en que su entrenamiento estará a cargo de una IA antropomórfica que acompañará al actor durante todo el proceso.

El texto se configura, entonces, a partir de dos capas dramatúrgicas: por un lado, los encuentros entre Adán Cortés, el actor, y Alina Norwood, la IA; por otro, diversos pasajes de la tragedia del autor isabelino que condensan algunos de los planteos que surgen durante el entrenamiento del actor. La elección de este clásico no es arbitraria, puesto que su protagonista es un personaje atravesado por la duda y la dificultad de actuar. Este universo adquiere nuevas resonancias al trasladarse a un proceso de creación escénica conducido por Alina. Conforme avanzan los ensayos, las fronteras entre la realidad y la ficción comienzan a desdibujarse, al tiempo que la experiencia personal del actor se entrelaza progresivamente con los conflictos que atraviesan la tragedia shakespeariana.

Sawchik sitúa en el corazón de su dramaturgia uno de los argumentos que todavía sostienen la singularidad de lo humano frente a la máquina: la capacidad de experimentar sensiblemente el mundo. Desde allí, Adán vuelve una y otra vez sobre cuestiones aparentemente mundanas, como los olores y las experiencias táctiles; también sobre los recuerdos, los vínculos afectivos y las marcas que llevamos en nuestro propio cuerpo, como el ombligo, que nos recuerda que alguna vez estuvimos unidos a otro. En contrapartida, Alina queda asociada a lo preestablecido, a la pulcritud del discurso, a la exactitud y a una sucesión interminable de correcciones. De esta forma, se conforma una tensión entre dos maneras de relacionarse con el mundo: una atravesada por la experiencia sensible y otra regida por la lógica del procesamiento y la precisión.

Apelando a la metateatralidad, la pieza convierte el propio proceso de creación escénica en un espacio de reflexión sobre dimensiones fundamentales del hecho teatral, como la construcción de personajes, el cuerpo del actor y el lugar de la sensibilidad en la interpretación.

En el plano interpretativo, el elenco ofrece desempeños equilibrados y logra sostener con solvencia la dinámica de los encuentros que estructuran la propuesta. Resulta exigente la composición de Alina Norwood –a cargo de Adriana Ardoguein–, ya que el personaje demanda un cuidadoso trabajo sobre la gestualidad, la corporalidad y la modulación de la voz para construir esa artificiosidad que la distingue de su contraparte humana. Ardoguein consigue una interpretación convincente que, por momentos, recrea la dinámica de las conversaciones que mantenemos habitualmente con los chatbots actuales.

Dylan Cortés, en el papel de Adán, alcanza momentos de intensidad interpretativa en los que la dimensión humana del personaje emerge con gran potencia. Su desempeño le permite transitar con naturalidad entre diferentes registros: desde aquellos momentos en los que la ingenuidad de Adán frente a las capacidades de Alina despierta una sonrisa en el espectador hasta aquellos otros en los que su compleja historia familiar sale a la luz y adquiere una resonancia emocional.

Sin la pretensión de ofrecer respuestas definitivas, Cámara Hamlet abre un espacio de reflexión sobre la condición humana y su vínculo con la tecnología. En tiempos de transformaciones aceleradas, la propuesta de Sawchik nos invita a volver a lo simple, a reconocer el valor de aquello que nos hace humanos. Después de todo, todavía conservamos el ombligo.

  1. Cámara Hamlet, de Marcel Sawchik. Dirección: Marcel Sawchik y Natalia Agosín. Viernes a las 21 horas, en Esnade (José Enrique Rodó 1712). ↩︎

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