Si voy, si vengo o si fui

“Educación”, pronunció cuatro veces Mujica al iniciar el lustro, y ya no paró de mentarse a la susodicha, aunque casi siempre apuntando a secundaria. En ese barullo, construir una idea cabal de su estado y de los cambios necesarios pasó a ser casi una hazaña. Con ella cumple este libro “Más allá del titular”*.

José Pedro Varela, por Ombú

El 4 de julio un diario de Montevideo dedicó su editorial a comentar los datos divulgados por el Mec sobre los logros y el nivel educativo de los uruguayos. El artículo sostenía que “el pavoroso atraso educativo de la adolescencia uruguaya acaba de ser reconocido por cifras oficiales, pero sin que aparezca la decisión gubernamental de solucionarlo. (…) El 40,1 por ciento de los jóvenes de entre 15 y 20 años está fuera del sistema educativo. El 27,6 por ciento de este total trabaja o busca ocupación. El restante 12,5 por ciento está formado por los ‘ni-ni’, jóvenes que ni estudian ni trabajan y cuyas vidas desesperanzadas se ahogan en la holganza, la droga y el delito”.

Entonces recordé la nota “Duros de etiquetar”, publicada en Brecha en setiembre de 2011, que recogía los resultados de una investigación sobre el perfil de los ni-ni realizada por sociólogos y economistas de los ministerios de Economía, Trabajo y el Mides, y que empezaba asegurando: “Parte de los jóvenes clasificados en la categoría ‘no estudia y no trabaja’ en realidad sí estudian y sí trabajan. Lejos de no hacer nada, muchos tienen grandes responsabilidades en sus casas. Sólo un tercio, el núcleo duro, aparece en una actitud social no activa. Si bien el 80 por ciento son pobres, también los hay en los sectores medios y altos”. Mi nota informaba que un porcentaje considerable de esos ni-ni se dedica al trabajo no remunerado –en su inmensa mayoría mujeres–, como la limpieza y el cuidado del hogar y/o de niños, ancianos o personas con discapacidad, y que otros tantos asisten a cursos de educación no formal (por ejemplo de capacitación laboral).

Mi artículo buscaba contribuir a enriquecer el debate público sobre educación, aportando insumos que complejizaran las visiones sobre los problemas que enfrentan los jóvenes y el sistema educativo. ¿Qué pasaría si la mirada sobre los ni-ni trasmitida en el editorial citado se extendiera y pasara a ser mayoritaria en la sociedad y entre las autoridades gubernamentales? ¿Qué tipo de políticas sociales y educativas surgirían a partir de ella? Seguramente unas que no consideren necesario un sistema nacional de cuidados que facilite la reinserción o continuidad educativa de muchos adolescentes y jóvenes que hoy están fuera de las aulas.

De ese tipo de reflexiones surgió la idea de publicar un libro que contribuyera a mejorar la discusión pública sobre la situación de la educación en Uruguay, y aportara a la reflexión colectiva sobre las transformaciones necesarias, haciendo foco en la enseñanza media, tramo considerado obligatorio pero que el país está lejos de universalizar (sólo cuatro de cada diez jóvenes lo culminan).

La idea también es trascender un debate público basado en declaraciones de actores que estornudan críticas y soluciones, y así profundizar en el análisis sobre la realidad y las propuestas de mejora de la educación, identificando discursos y posicionamientos. Y a partir de allí ayudar a trascender el actual diálogo de sordos, de posturas inerciales, para favorecer la construcción de puentes que permitan llegar a una propuesta lo más convenida posible.

[…] el debate reciente sobre estos aspectos se ha visto contaminado por otros conflictos, más políticos que pedagógicos, como el que enfrenta a técnicos y docentes, o a los políticos con la Anep, o a la oposición con el oficialismo.

Pongo dos ejemplos. En 2011 el vicepresidente Danilo Astori salió públicamente a apoyar la “cruzada” en defensa de la exigencia académica liderada por la ex directora del liceo Bauzá, Graciela Bianchi, quien un día sí y otro también aprovechaba los micrófonos disponibles para criticar a las autoridades del sistema educativo.

Astori no dudó en presentar a Bianchi como una “mártir” del sistema, que remaba contra una corriente que buscaba bajar el nivel, en una lectura que compartía también parte del cuerpo docente y del espectro político. Sin embargo, en esos meses, académicos del sector del vicepresidente (Frente Liber Seregni) presentaron un documento donde pedían repensar el régimen de evaluación y promoción en secundaria, y problematizaban el uso de la repetición. Estos aspectos del “régimen académico” de secundaria han sido problematizados por sociólogos y pedagogos no sólo uruguayos sino también extranjeros […], como uno de los problemas que enfrenta la democratización del nivel medio en América Latina.

¿Entonces, creía –y cree– Astori que es necesario sortear trabas normativas y burocráticas que no mejoran los aprendizajes y afectan la continuidad educativa –como sostienen los técnicos de su sector–, o considera que los cambios allí sólo buscan “bajar el nivel” y mejorar de manera espuria las estadísticas educativas?

Algo similar sucedió con el ex presidente Julio María Sanguinetti cuando salió públicamente a criticar al titular de la Dirección de Investigación, Evaluación y Estadística del Codicen, Andrés Peri, cuando éste argumentó que la repetición debería descartarse como respuesta a los problemas de aprendizaje.

Sanguinetti cuestionó que un jerarca de la anep propusiera dejar pasar de año a los chicos que no aprendieron lo del año anterior. En esos términos lo puso. Y dijo que las autoridades educativas desde 2005 habían aplicado una política fallida, entre otras cosas porque desmantelaron la reforma de Germán Rama.

Sin embargo basta hacer un poco de memoria para advertir que, en ese aspecto, más que una ruptura existe una continuidad en las políticas educativas adoptadas. El razonamiento de Peri sobre la repetición es similar al sostenido por Rama en 1999 cuando como presidente del Codicen aprobó una circular de promoción automática de primero a segundo año de escuela: hay que aceptar que no todos los niños aprenden lo mismo, de la misma manera y en el mismo tiempo, y que hay que evitar la extra edad y el rezago porque estos son factores que afectan las trayectorias educativas de los estudiantes. ¿Entonces está o no el ex presidente de acuerdo con las políticas educativas impulsadas por Rama? ¿Lo estuvo entonces pero no comparte las mismas medidas si son llevadas a cabo por un gobierno de otro signo político?

Evidentemente al hacer esos cuestionamientos tanto Astori como Sanguinetti estaban más preocupados en criticar (y desacreditar) a las autoridades de la Anep que en meterse en la discusión de fondo acerca del carácter expulsor del modelo de enseñanza en secundaria.
Estos ejemplos buscan fundamentar lo expresado más arriba sobre la necesidad de trascender un debate superficial, y favorecer otro, sincero y profundo. Esa tarea implica reconocer la historicidad tanto de los problemas como de las soluciones, y abrirse a una discusión menos prejuiciosa sobre las propuestas que circulan, como las referidas.

Es clara la crítica desde el campo de la docencia al universo de los técnicos y a la injerencia de los políticos en los asuntos educativos. Por ejemplo, el consejero docente en el Codicen Néstor Pereira señala, irónicamente, que habría que crear un cursillo para que los políticos y los académicos “sean docentes por una semana”. En el fondo, lo que subyace en el enfrentamiento es una desconfianza mutua, y también un problema de reconocimiento del otro, como advierte Miguel Soler: “Cada vez que se reúnen en un cónclave tales o cuales grupos y emiten grandes y sustanciosos documentos, si eso no es parte de un trabajo más compartido, va a llevar siempre a que hasta por costumbre sean textos que el magisterio y el profesorado rechacen. Por no haber sido consultados. Por una razón de método”.
[…] En este sentido, quizás este trabajo ayude a que los distintos actores comiencen a utilizar un mismo canal de audio.

* Carolina Porley, Más allá del titular. Discursos y propuestas en el debate educativo, Montevideo, coedición Brecha/Estuario, 2014.

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