Sin el Tony

El miércoles, minutos antes de que Uruguay comenzara a despedirse de la Copa América, se confirmó lo que desde hace un buen tiempo a esta parte se rumoreaba: Peñarol no le renovará el contrato a Antonio Pacheco. A meses de la inauguración del estadio mirasol, ahora sabemos que el día que abra sus puertas el capitán carbonero será otro.

Como sucede en toda relación, cuando aparece un conflicto las responsabilidades son compartidas. Es cierto que los clubes harían bien en cuidar a sus ídolos, de hecho la vida está plagada de futbolistas que contribuyeron a mejorar la historia de equipos que los terminaron despidiendo por la puerta de servicio. Sin embargo, los ídolos también tienen su cuota parte de responsabilidad.

Elegir el momento idóneo para dar un paso al costado debe ser de las situaciones más difíciles de afrontar para un jugador, sobre todo para aquel que conoció la gloria. En algún lugar del manual del ídolo debe sugerirse un retiro racional, que venga después de algún acontecimiento glorioso.
Pacheco tuvo la inmejorable posibilidad de retirarse campeón y figura del campeonato que Peñarol conquistó hace dos años. ¡Metió tres goles en la final con 37 años cumplidos! Y todo ello luego de haber sido enviado a Wanderers y de haberse fracturado. Esos tres goles eran el final perfecto para una película que, salvo lucimiento internacional, lo había tenido todo.

Pero decidió seguir. Y menos de un año después estuvo en cancha la tarde que Peñarol le ganó 5 a 0 a Nacional. Para ese entonces ya se había convertido en el jugador con más clásicos disputados en la era profesional, y en uno de los que más goles han anotado en los últimos 30 años. Era decir: “Hasta acá llegué, ya logré que los libros se vean obligados a nombrarme”.
Pero siguió y ya no hubo tiempo para más gloria. Si Dios existe y es realmente manya (tal como nos han querido convencer), habrá pensado: “Pero Tony, dejate de joder, ¿qué tengo que hacer para que te retires?”. Y ahí empezó a probar con desgracias. Tanto que los libros, tras nombrarlo, dirán que el último partido de Antonio Pacheco con la camiseta de Peñarol fue una final que ganó Nacional y que ni siquiera pudo terminar porque una ambulancia invadió el campo de juego.
Es una pena, porque hay historias que merecerían terminar mejor.

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