Cultura Suscriptores
El tango en Montevideo.

Sobre su cadáver

Pocas cosas más apegadas al Río de la Plata que el tango, género que navega por la música, la danza y la poesía. Es tradición, pretendida pureza y constante renovación, que, a primera vista, parecen quedar en segundo plano, desligadas del gusto popular, ancladas en el pasado de una voz magnífica o –más adelante– bailongos con orquestas en vivo, airosos fuelles, piano y violines, que no logran reinstalarse en el gusto ni en los bolsillos de los nuevos tiempos.

Foto: Leónidas Martínez, Archivo

Cabe, entonces, preguntarse si el tango, patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, según la
Unesco, vive genuinamente en el
Montevideo de hoy. ¿Dónde se puede escucharlo en vivo, sentirlo, bailarlo? ¿Se
proyectará al futuro o quedará siempre como una flecha hacia el pasado?

Fácilmente, pueden observarse distintas variantes en el tango: el
cantado, muchas veces evocativo de los viejos clásicos del género; el
instrumental –quizás con mayor cuota de riesgo–; el de guitarras criollas,
milonguero; el fusionado con otras expresiones, como el candombe, el rock, el
jazz e incluso la música electrónica. El joven bandoneonista Esteban Toth lo
resume así: “Algunos entran al tango por Gardel y otros por Piazzolla”,
y eso parece trazar una sensible diferencia, para muchos irreconciliable. La
...

Artículo para suscriptores

Hacé posible el periodismo en el que confiás.
Suscribiéndote a Brecha estás apoyando a un medio cooperativo,
independiente y con compromiso social

Para continuar leyendo este artículo tenés que ser suscriptor de Brecha.

Suscribite ahora

¿Ya sos suscriptor? Logueate

Artículos relacionados

Política Suscriptores
El oficialismo larga la campaña de defensa de la LUC

Ordenando la tropa

Sociedad Suscriptores
¿Qué hacer con las viviendas abandonadas?

Vacante

Cultura Suscriptores
Cuentos completos de Armonía Somers

Rara de toda rareza

Cultura Suscriptores
En GEN Centro de Artes y Ciencias: Sudaca

Planos montados

Cultura Suscriptores
Con Agustín Banchero, director de Las vacaciones de Hilda

El poder del detalle