Soy celeste – Brecha digital

Soy celeste

Y un día la academia se puso los cortos y empezó a tomar en serio al fútbol. La influencia de Sudáfrica 2010, el vínculo entre la sociedad y la selección, su peso en la conformación de la identidad, y hasta algunas preguntas sobre la dictadura encontraron curiosos en responder las interrogantes corriendo atrás de una pelota.

El fútbol, mucho más que “un sentir” en la conformación de nuestra identidad / Foto Leónidas Martínez

“Patria es la selección nacional de fútbol.”1

Siempre se miraron con recelo. Como con desconfianza. Nunca terminaron de caerse bien, de sentirse a gusto con el otro. Incluso ahora, que los tiempos parecen haber cambiado y académicos e intelectuales no esconden su interés por el fútbol, el trato es distante, en puntas de pie, todavía como pidiendo permiso.

Desde los vestuarios y el periodismo deportivo, desde “el mundo del fútbol” –esa suerte de raza aparte, con sus “códigos” y un discurso de casete repetido hasta el hartazgo–, aun se mantiene distancia, como una barrera en extremo respetuosa, que se queda parada a 9,15 metros de cualquier asomo de intelectualidad o academicismo, sin atreverse a adelantarse.

Están quienes odiaron el fútbol y así lo dejaron claro cada vez que tuvieron una oportunidad. “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”, sentenció alguna vez Jorge Luis Borges, quien trancó fuerte dando una conferencia a la misma hora que la selección argentina debutaba en el Mundial de 1978, torneo del que ese país fue anfitrión.

Por otro lado, el mestizaje siempre existió. Desde Albert Camus –la frase del acápite de esta nota se le atribuye a él– hasta el futbolista uruguayo Agustín Lucas, poeta y ocasional periodista cuando no está en plena faena mediocampista con la camiseta de Liverpool. El propio Gerardo Caetano, entrevistado para esta nota, supo integrar el histórico plantel del Defensor del 76, que cortó con la hegemonía de “los grandes” en el campeonato uruguayo y dio la famosa vuelta olímpica “al revés” –en el sentido contrario a las agujas del reloj–, en la que muchos vieron también un tiro por elevación a la dictadura.

En cualquier caso, la academia está empezando a prestarle atención al fútbol. Desde 2012 existe en la órbita de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (Fhuce) el Grupo de Estudios de Fútbol del Uruguay (Grefu). También ese año, el número 8 de la publicación Cuadernos de Historia, de la Biblioteca Nacional, fue enteramente dedicado al fútbol. En ese caso se trató de un pequeño volumen, de tan sólo siete artículos. Era el comienzo.

En 2014 el número 14 de la revista volvió sobre el fútbol. La diferencia es notoria: tuvo 18 artículos de investigadores nacionales y extranjeros, provenientes de diversas disciplinas, con abordajes que van desde el surgimiento de la rivalidad entre Nacional y el Curcc primero, y luego contra Peñarol; el fútbol femenino, y las barras bravas, entre muchos otros (véase recuadro).

“En Uruguay el interés académico por un tema tan relevante para la sociedad uruguaya, como es el fútbol, es relativamente reciente”, se lamentó Caetano, aunque también reconoció: “más vale tarde que nunca”.

HACER PREGUNTAS. El interés de la academia por el fútbol es una novedad en nuestro país, y también en la región y en el mundo, aunque como en muchos otros aspectos en Uruguay la bola se corre un poco más de atrás todavía. Mientras aquí la curiosidad académica llegó hace apenas un par de años, el historiador Carlos Demasi recuerda que el fútbol comenzó a estudiarse en los años ochenta, principalmente en Inglaterra y Francia. Más de una década después la academia de la región introdujo el tema como objeto de estudio.

Esa lentitud nacional –dijo a Brecha Julio Osaba, profesor de historia, investigador de la Biblioteca Nacional y coordinador de los Cuadernos de Historia sobre fútbol– viene, curiosamente, “a contrapelo de la importancia sociocultural que tiene el fútbol” en Latinoamérica, especialmente en el Río de la Plata y Brasil, donde los abordajes académicos son “escasísimos”.

¿Pero qué busca la academia en el fútbol? Demasi destaca dos etapas de este abordaje. En primer lugar, sostiene que las ciencias sociales buscaron en el fútbol y sus manifestaciones respuestas a preguntas planteadas a nivel social, como las vinculadas a la identidad y la violencia, por ejemplo, pero sin preguntarse “concretamente” por el fútbol, que es, a su entender, lo que está ocurriendo ahora. He allí la novedad: “Se está descubriendo que el fútbol mismo es un tema; no para buscar respuestas, sino para buscar hacer preguntas; por qué razón, si hay violencia en la sociedad, se manifiesta en el fútbol. ¿Por qué es en el fútbol? ¿Por qué se manifiesta mucho menos en el Carnaval; por qué en partidos entre clubes y no en la selección?”, cuestionó.

Sobre el porqué de este nuevo interés por el fútbol, los entrevistados coincidieron en señalar como el punto de quiebre el Mundial de Sudáfrica de 2010, momento que Caetano llamó la “reconciliación” de la sociedad uruguaya con la selección. Aunque dijo que no sería justo atribuirlo sólo a eso, y recordó los trabajos de Rafael Bayce a principios de los ochenta, no duda en señalar que esta atención “particular” de la academia está ligada al cuarto puesto obtenido por la selección en el Mundial.

En la misma línea, Osaba lo identifica como un “coletazo de la era Tabárez”, tras el cual la selección “se regeneró a sí misma”. Luego de más de medio siglo de “descomposición de sus imaginarios”, tuvo lugar “un nuevo pacto” entre la selección y la sociedad.

Según Demasi, Sudáfrica 2010 “es el momento refundacional, el clic”. El historiador recordó una anécdota que pinta con elocuencia el nuevo sentir hacia la selección. “Al otro día de que Uruguay le ganó el famoso partido a Ghana, voy a la feria y había un veterano que estaba con la bandera uruguaya puesta de poncho, de capa, comprando. Me hacía acordar a las elecciones del 84, cuando la gente había sacado las banderas del FA e iba a la esquina a comprar cigarros, e iba con la bandera.”

CALIDAD PATRIÓTICA. En nuestro país el fútbol fue popular desde los comienzos. Ya en 1902, los partidos entre Nacional y el Curcc (cuadro a partir del cual, en 1913, sería fundado Peñarol), se jugaban a cancha llena, y no faltaban los periódicos que hablaban de un match “de vida o muerte”.

¿Pero desde cuándo comenzó a estar ligado tan fuertemente a nuestra identidad? ¿Cuándo, como en la sentencia atribuida a Camus, la selección pasó a ser la patria? Signada desde 1923 por las discusiones en torno a los centenarios de la independencia nacional –donde desde el discurso oficial se exacerbó un sentimiento nacionalista que apelaba al orgullo de ser uruguayo–, y por los dos triunfos olímpicos de la selección de fútbol en 1924 y 1928, la década del 20 es para los especialistas el puntapié inicial de ese cruce entre el fútbol y el “ser” uruguayo.

Según Osaba, luego del triunfo en Colombes surge “el fútbol en clave patriótica; el fútbol como metáfora de la patria”. Según el investigador, ese discurso va a triunfar sobre lo estrictamente deportivo, por lo que las victorias pasan a explicarse no por la técnica de los jugadores –que la tenían, y efectivamente eran de los mejores–, sino por su “calidad patriótica”. “El 24 es como una explosión”, grafica.

Los triunfos en los Juegos Olímpicos, más el Campeonato Mundial de 1930, hicieron –según Caetano– que el fútbol, al mismo tiempo que se popularizaba, se nacionalizara, quizás de forma definitiva. “Ahí hay un relato donde se mezcla todo: un país próspero, aunque con prosperidad frágil, y que encontraba en el fútbol un espejo maravilloso para de alguna manera orientar su, tal vez desmesurado, optimismo colectivo”, opina.

El fútbol, ya entonces, ponía a Uruguay “en el mapa”. Pero además, según Caetano, hubo otro detalle importante y fue que tanto en 1928 como en 1930 el rival vencido fue Argentina, el “otro” de nuestra identidad, lo que para el historiador es “una afirmación nacionalista muy fuerte, porque toda la identidad nacionalista es antiporteñista”.

ATRAPAR AL FÚTBOL. Al mismo tiempo que el imaginario sobre el país “modelo”, la Suiza de América de prosperidad social y económica, se iba desdibujando, la participación de la selección uruguaya en los mundiales que siguieron al de Suiza en 1954 fue deportivamente intrascendente. Recién en 1970 Uruguay volvió a los primeros planos con el cuarto puesto en México. Lejos de festejarse como 40 años después, se vivió como un fracaso. Parecía una profecía autocumplida. Si el desempeño de la selección estaba tan íntimamente ligado a una determinada manera de ver y entender el país, que éste fuera un pálido reflejo de aquél, debía, inevitablemente, tener su correlato futbolístico. Y viceversa.

Entonces llegó la dictadura, cuando la idea de identidad fue reconfigurada. “Si la dictadura es definible como la privatización del espacio público, y el espacio público queda relegado a expresiones efímeras, como el cine y el teatro, el fútbol tiene durante toda la dictadura una continuidad: jamás se dejó de jugar el campeonato uruguayo, ni dejó de jugar la selección. Es más, en plena huelga general, en el 73, con el país conmocionado por el golpe de Estado, Uruguay jugó por las eliminatorias”, señala Osaba, quien agregó que ese tema aún no está estudiado.

Con el Mundialito del 80 el fútbol pudo más y la gente se volcó en masa a ver los partidos de la selección, aun cuando se tratara de un torneo organizado por los militares. Los festejos, entonces, no se limitaron a celebrar el plebiscito que un mes antes había decretado el no a la intención de los militares de perpetuarse en el poder, sino que también se dieron por la victoria deportiva. “El fútbol –piensa Demasi– canaliza la nación”; lo que se expresa a través del festejo “es la nación y no los que ganaron o perdieron el plebiscito. Lo interesante es que los que ganaron el plebiscito aparentemente festejaron, no se retrajeron a decir: ‘No, esta es la dictadura que nosotros estamos rechazando, no vamos a apoyar a la selección uruguaya’. Al contrario, la selección uruguaya te arrastra, eso era clarísimo ahí”, opinó. “Es complicado atrapar al fútbol”, porque “son ambiguos los sentidos que puede tomar”.

Osaba, por su parte, considera que el fútbol es un buen lugar para tirar abajo ese mito de que “todos fuimos resistentes” durante la dictadura. Para el investigador existe “un juego de la memoria entre el recuerdo y el olvido, en el que determinados olvidos sociales están triunfando sobre las memorias de determinadas cosas”.

“¿Cuándo los militares metieron una pata en la Auf? ¿Con qué motivos? ¿Cómo jugó el resto de los dirigentes del fútbol? Damos por sentado que esa continuidad tiene que ser así, pero nos olvidamos de que el contexto es diferente. En un contexto de excepción, el fútbol siguió funcionando como si nada. Se movían miles y miles de personas semana a semana, lo que era impensable en otros ámbitos de la vida pública. Nunca dejó de existir el fútbol”, concluyó. n

1.     Frase atribuirla al franco-argelino Albert Camus, premio Nobel de literatura en 1957, quien en su juventud fue golero. Es suya también, y en este caso la autoría no está en duda, la siguiente frase: “Después de muchos años en que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”.

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Todas las voces

“Esta publicación tiene que ver también con que no hay nada, o hay poco escrito sobre el tema”, dice Osaba, coordinador del número 14 de Cuadernos de Historia “A romper la red. Miradas sobre el fútbol, cultura y sociedad”. La publicación incluye artículos de estudiantes, docentes y académicos reconocidos, provenientes de diversas disciplinas e instituciones, tanto públicas como privadas. “Los estudios académicos en el fútbol están recién creando su propio campo de estudio. Y en este momento, más que nunca, lo que necesitás son todas las voces”, agrega.

Los trabajos abordan temas como los usos políticos de la victoria en los Juegos Olímpicos de 1924, o la rivalidad entre Uruguay y Argentina. También los hay sobre la participación de las mujeres en el periodismo deportivo, sobre el fútbol como una opción de vida para los más jóvenes y la iconografía futbolística entre 1924 y 1930. “Una de las apuestas era que fuera multiidentitario. Como el fútbol. Al fútbol no lo entendés si no es como un fenómeno que transversaliza a la sociedad”, dijo el coordinador.

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