«Soy un viejo manso pero no amansado» – Brecha digital

«Soy un viejo manso pero no amansado»

“Una vez alguien me preguntó quién era mi jefe de marketing. Parece que no perdonan que uno sea como es. Se ha hecho tan irreal este mundo que parece que todo debe tener una imagen cultivada”, dice Mujica en esta entrevista.

Mujica. Foto: O. Bonilla

—¿Qué ven los jóvenes en usted?

—Yo no pienso esas cosas. Yo soy nomás como soy. Al inventor del walkman, uno de la Sony que murió, los americanos le preguntaron si él hacía estudios de marketing. Él les dijo: “No, nosotros inventamos, el marketing lo estudian ustedes”.

—El invento puede llegar a tener más votos que el Partido Comunista o que Asamblea Uruguay…

—Puede ser. Yo no me lo imaginé.

(Interrumpe la charla. Hojea el diario El País. En un sondeo entre todas las figuras que encabezan listas al Senado dentro del Encuentro Progresista, la declaración que ocupa menos líneas es la suya.)

—Si te fijás, acá yo no digo nada. Ya por el espacio te das cuenta. Hay que ser concreto. Se le achaca a los jóvenes que no quieren saber nada de política. No se ve que eso es un bumerán. No es un problema de los jóvenes sino de nosotros, los veteranos, que les estamos legando un mundo que… Por lo visto, no le dan bola a nadie. Segundo, los jóvenes están apestados de un montón de paparruchas que andan en la vuelta Te parás en la puerta de un baile y te das cuenta. Este mundo los apesta.

Lo que les pasa a ellos conmigo es por mi manera de ser, y no porque uno se lo ponga a elaborar. Una vez alguien me preguntó quién era mi jefe de marketing. Parece que noperdonan que uno sea como es. Se ha hecho tan irreal este mundo que parece que todo debe tener una imagen cultivada.

—El edil Jorge Zabalza, ex compañero suyo, dijo que usted era un “caudillo blanco”, que estaba para seducir.

—Es según cómo se vean las ideas. Lo más importante es sacar a este gobierno. Hoy el combate fundamental es ése. El intelectual no puede apartarse de Sancho, porque Sancho es el poder. Si Sancho no entiende, marchamos. Y Sancho va a juzgar hoy cómo le va en la feria. Lo otro es quedarse garganteando y haciendo filosofía de boliche. A veces por la izquierda se puede ayudar a la derecha.

—¿Usted apunta desde este nuevo lugar a captar el voto de los blancos y colorados descreídos?

—¡Y cómo no voy a querer captar el voto de los blancos! Si quisiera crecer con los votos de izquierda tendría que incentivar la poligamia para tener muchos hijos. Hay que crecer con los votos de los otros. Pero hay quienes se mueven en una pecera, cuando la sociedad entera es un mar. Tuvimos partidos de izquierda tan prolijos como un ladrillo cuadrado,no jodieron a nadie. Esta discusión es muy vieja.

—Es atípico que blancos y colorados vayan detrás de una persona con un pasado como el suyo.

—Es una demostración de que se puede. No es un problema de seducción sino de autenticidad.

Yo no veo de qué van a trabajar las ciudades. Si se van a dedicar a lo agroindustrial o a otra cosa. El sector agroindustrial es un sector importante y le hedado pelota. Me identifico con él. Conozco al personaje de boliche y entonces me comunico. El personaje no es tan reaccionario, y yo creo que va a haber una izquierda paisana. Si no cambia eso, no cambia el país. Hay un pensamiento en línea recta, un poco pueril, de que hay muy poca gente en la campaña y de que es poco importante en términos devotos. Es un craso error. Culturalmente, las ciudades del Interior están embebidas del fenómeno rural, porque tienen tres formas de vida: la Intendencia, el cuartel y la barraca No hay nada que ver entre el medio urbano de Montevideo y el del Interior.

—¿Qué piensa de Jorge Batlle?

—Es muy alegre, con un gran oficio para la política casera, aunque un poco frívolo. Se enamora de todo lo nuevo, sobre todo de lo que viene del exterior. Ah… y tiene una madre maravillosa

—¿Cómo se desarma un sistema estimulado nacional e internacionalmente de un Uruguay enfocado hacia los servicios?

—Yo no espero mucho de un gobierno del FA. Lo he dicho claramente. Lo que espero es asegurar una faja de laburo importante, el énfasis en un Uruguay productivo, oportunidades de laburo y dos cositas más: la salud, la vivienda, y pará… Y pará con eso de la explotación del hombre por el hombre. Me quieren hacer soñar con un FA de la década del 70. Se termina poniendo la carreta delante de los bueyes. Creo que hay que tener un poco de paciencia estratégica.

—Su percepción parece casi socialdemócrata.

—No, la socialdemocracia en el mundo rico tiene para repartir.

—¿Qué propuesta concreta tiene para integrar a los sectores excluidos?

—Lo que no se incorpora en el trabajo estable es lo que está excluido. Esa tendencia a marginar, a dejar fuera, a excluir, se da en todas las capas de la sociedad. Se da en la clase media, con personas que viven de las rentitas de lo que dejó el viejo. Esa es una forma de exclusión. El trabajo es un elemento de compensación social. Nosotros hemos insistido mucho con el sector agrario, porque en la reactivación agroindustrial puede haber una reactivación del empleo.

—¿En qué se inspira para ese modelo?

—En el sentido común.

(Mujica se para y extiende el dedo índice desde la ventana de su oficina en el Anexo del Palacio Legislativo hacia la torre de Antel. Cuenta cómo son operarios chilenos los que colocan la fachada vidriada, “porque en Uruguay no hay trabajadores que sepan colocarla”, y que todas las piezas ya vienen armadas del exterior. Luego mueve su dedo hacia el Palacio Salvo.)

—A principios de siglo colocábamos ladrillos, y luego tuvimos a un Eladio Dieste, que hizo obras con ladrillos. Hoy ya no los colocamos más.

—¿Se imaginó que tanta gente iba a leer un libro sobre su vida?

—¡Es un disparate! Miguel Ángel Campodónico me hizo unos reportajes. Leí 60 páginas antes de que saliera. Yo creo que hasta lo traté mal porque estaba tapado de laburo. Un día le dije: “Dejate de joder, no me rompas…”. ¡Pobre Campodónico! Pero salió el boniato, y ahí está.

—Al principio, ¿le costó eso de repasar cosas muy fuertes de su pasado?

—No me dio trabajo ninguno. Me puso un grabador acá, escribió y después lo pasó.

—Me refiero al relato de experiencias de la guerrilla, su detención…

—Ah…, bueno. No, después, cuando lo empecé a leer, me di cuenta de que se podían haber escrito dos o tres libros más. Cuando leí esas 60 páginas me acordé de cosas.

—¿Usted ha pedido perdón por cosas del pasado?

—¡Cómo no voy a pedir perdón! Diez años antes del golpe de Estado ya había cabecitas que sabían que se venía, que había una evolución paulatina, que se estaba achicando la torta. Nosotros trabajamos años. Nos rompimos el alma, ¿y entonces para qué estábamos? Hubo errores.

—¿Volvería a tomar las armas en las mismas circunstancias?

—Si me vienen a poner la bota encima sí. Contra la dictadura hay que retobarse. Yo soy un viejo manso, pero no amansado.

—Zabalza se siente sorprendido porque usted dejó de hablarle…

—Yo ya dije en la televisión que mis compañeros (del MLN) son admirables. Yo sé quién es Zabalza y él sabe que cuando quiera podemos hablar.

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