Nuevo avance concentrador en el horizonte de la industria frigorífica: Suenan las alarmas - Semanario Brecha
Nuevo avance concentrador en el horizonte de la industria frigorífica

Suenan las alarmas

Minerva Foods va por la adquisición de tres nuevos frigoríficos en el país. De concretarse la compra, la firma brasileña pasará a tener siete plantas en Uruguay, lo que representa más del 45 por ciento de las ventas de carne bovina hacia el exterior, más de 1 millón de cabezas de ganado para faena y 1 de cada 3 quilos de carne vendidos en el mercado interno. El movimiento no solo preocupa a las grandes gremiales empresariales del agro.

HÉCTOR PIASTRI

En los últimos días, el sector ganadero no ha pegado un ojo. La reciente noticia de que la empresa brasileña Minerva Foods compraría 16 frigoríficos de Marfrig, su competidora inmediata, encendió todas las alarmas en el ámbito local. Es que entre el conjunto de plantas involucradas en la transacción se encuentran tres frigoríficos que operan en Uruguay. De concretarse, la compra supondría un nivel de concentración significativamente mayor al actual. La operación aún debe contar con la aprobación de la Comisión de Promoción y Defensa a la Competencia. Sin embargo, varios actores vinculados al sector cárnico ya se han manifestado contrarios al negocio, dados los posibles efectos que podría tener a futuro.

Desde hace un tiempo, la presencia de Minerva en nuestro país se ha ido reforzando. Su entrada en el mercado frigorífico uruguayo se concretó en 2011, luego de la adquisición del frigorífico Pul SA. Tres años más tarde adquirió su segunda planta, el frigorífico Carrasco, y en 2017 el de Canelones. Hasta entonces, su porción en el mercado de exportación oscilaba en el entorno de un 17 por ciento. Pero, en los últimos meses, comenzó a desencadenarse una serie de movimientos que le permitirían, al cierre de este período, un aumento significativo en su participación del mercado.

El primero de ellos fue en diciembre del año pasado. En ese momento se conoció el interés del grupo en adquirir el frigorífico Breeders & Packers Uruguay (BPU), ubicado en Durazno, perteneciente a la firma japonesa NH Foods. En las últimas semanas, con la autorización de la compra por parte de la Comisión de Promoción y Defensa de la Competencia, Minerva pasó a contar con cuatro establecimientos, concentrando más de uno de cada cuatro bovinos faenados. Pero había más. En el correr de la semana se conoció que la firma había adquirido 16 nuevos frigoríficos de su competidora, Marfrig, otra firma brasileña. Once de estos establecimientos se encuentran en Brasil, tres en Uruguay, uno en Argentina y otro en Chile. La compra superó los 1.500 millones de dólares y en nuestro país supuso la incorporación de los establecimientos Inaler, Colonia y Cledinor (ex-Caballada).

A través de los frigoríficos que controla, en lo que va del año Minerva lleva exportados más de 284 millones de dólares en carne bovina, según los datos analizados con base en la información relevada por Uruguay XXI. Si se suman las exportaciones de BPU, la cifra asciende a 378,5 millones de dólares en solo ocho meses. En tanto, en el mismo período, los frigoríficos Inaler, Colonia y Cledinor llevan exportados 210,4 millones de dólares de carne bovina. Sumados, los siete frigoríficos representan 589 millones de dólares, el 45 por ciento del total de divisas que han ingresado al país por las ventas de carne bovina al exterior.

Eso no es todo, porque la adquisición de los tres frigoríficos de Marfrig también le permitiría a Minerva reforzar su posición respecto a la cantidad de ganado faenado y su participación en el abastecimiento del mercado interno. De acuerdo a la información publicada por el Instituto Nacional de Carnes (INAC), a 2022, Minerva pasaría a concentrar el 42,6 por ciento de la faena bovina total: 1.028.460 animales. Además, teniendo en cuenta datos actualizados a 2019, alcanzaría el 33 por ciento del abastecimiento de carne bovina refrigerada y productos cárnicos en el mercado interno.

REACCIONES

Las reacciones a la noticia no se hicieron esperar. Institucionalmente, el primero en posicionarse de forma contraria a la transacción fue el presidente del INAC, Conrado Ferber. En rueda de prensa el martes, Ferber manifestó que la compra de Minerva era una «pésima noticia», ya que se restringirían las opciones de los productores y un grupo quedaría «con casi la mitad de la faena nacional». Esto determinaría que se alcancen «niveles de altísima concentración», con lo que se darían «las condiciones para que se dé una situación de abuso de posición dominante». En el mismo sentido se posicionaron varios legisladores nacionalistas, la Federación Rural y la Asociación Rural del Uruguay (ARU). Esta última fue un paso más y se reunió con el presidente Luis Lacalle Pou, al que le presentó un documento sobre la concentración existente en el sector frigorífico.

En el esquema del documento, al que accedió el semanario, la ARU presentó diversos indicadores para medir la concentración. El índice C4 es uno de ellos, que valora la participación de mercado de las cuatro principales firmas. Según establece el documento, con la nueva incorporación de plantas por parte de Minerva, las cuatro principales firmas exportadoras pasarían a controlar el 69 por ciento de la faena para exportación, lo que supone un mercado altamente concentrado. Hasta 2020, ese valor era de seis de cada diez y en 2014 se ubica apenas por arriba del 40 por ciento. Consultado por El Observador, el presidente de la ARU, Patricio Cortabarría, sostuvo que se da lugar a una relación «muy desigual», porque los productores agropecuarios «somos algo más de 40 mil y vamos a estar negociando más de 40 mil contra cuatro o cinco».

De concretarse la compra, en poco más de una década Minerva pasaría a controlar casi la mitad del mercado de carne bovina en el país. En el inicio, junto a Marfrig, su rápido despliegue había formado parte de una gran expansión regional con el fin de situar a la industria norteña como un jugador de relevancia en las cadenas globales de distribución de alimentos. En ese esquema, dadas sus fortalezas institucionales, la calidad de la materia prima y el estatus sanitario, entre otras características, Uruguay jugaba el rol de traccionar las ventas hacia el exterior y ganar mercados, según había descrito la magíster en Historia Económica María José Rey en sus trabajos. Pero, desde aquel impulso, que tuvo a los dos grupos avanzando casi a la par, hubo un cambio, puesto que ahora la reestructuración del mercado se plantea a partir de un negocio entre ambos y no como consecuencia de una expansión combinada mediante la adquisición de plantas de firmas más pequeñas.

Consultada por Brecha sobre este cambio, Rey sostuvo que se espera una mayor focalización en ciertos segmentos de mercado. Es decir, a diferencia de lo ocurrido hasta el momento, la estrategia de Marfrig estaría centrada en productos de mayor elaboración, explicó la economista. Por este motivo, la firma habría decidido desprenderse de parte de sus activos, vendiéndolos a su competidora, pero mantendría uno de sus establecimientos en el país, el frigorífico Tacuarembó, uno de los principales productores de carne procesada en hamburguesas. «Se podría pensar que Marfrig está en retirada, pero lo que es distintivo de esta transacción es que siguen operando ambas firmas, aunque de forma más segmentada», sostuvo. También consideró que con estas adquisiciones Uruguay pasa a estar en «sintonía» con lo que pasa en otros países con relación al nivel de concentración.

En el mismo sentido se expresó el ingeniero agrónomo, docente e investigador Gabriel Oyhantcabal. Consultado por el semanario, sostuvo que no hay una única estrategia de expansión empresarial, sino que «algunas son abarcativas de todos los rubros y fases de la cadena y otras son de apuesta más específica a ciertos nichos de mercado», definidas a partir del potencial crecimiento en ese segmento. A su vez, consideró que estos movimientos concentradores van en sintonía con lo que sucede en otras industrias y en el mundo, al mismo tiempo que originan contradicciones entre quienes apuestan a una mayor liberalización del mercado. «Por un lado protestan ante el Estado porque interviene en el mercado cambiario, y por otro le piden que intervenga para que frene las propias dinámicas de la acumulación de capital que llevan a la concentración», graficó

MARCO DE ACCIÓN

La concreción del acuerdo entre ambas empresas dependerá de que los países en donde se encuentran instaladas las plantas evalúen y aprueben la concentración. En lo local, quien se encargará del análisis es la Comisión de Promoción y Defensa de la Competencia, dependiente del Ministerio de Economía y Finanzas. Como antecedente inmediato, en esta industria, encontramos la aprobación de la compra del frigorífico BPU (comprado por Minerva, el 15 de agosto). En los fundamentos de dicha resolución, los tres miembros intervinientes consideraron que no existían elementos para negar la adquisición, dado que se estaba frente a una operación que no produciría cambios estructurales sustantivos en el mercado, aun cuando en la exposición de la presidenta, Alejandra Giuffra, se reconocía que, de por sí, el mercado se encontraba «moderadamente concentrado» y que el INAC se había manifestado en contra, según reconoció días atrás el presidente del instituto.

A la hora de hacer sus evaluaciones, la comisión elabora un informe económico, con base en una guía de concentraciones. Entre otros aspectos, define el mercado de relevancia y su estructura, analiza a los competidores, evalúa si existen barreras para la entrada de nuevos jugadores y hace cálculos para determinar el índice de concentración. «Hay indicadores que son bastante objetivos, y el interés que debe predominar es que no se afecte la competencia en el mercado para no afectar a los consumidores finales», explicó al semanario Luciana Macedo, expresidenta del órgano. Según Macedo, en caso de que la comisión se expida negativamente, las empresas tienen la posibilidad de recurrir la resolución mediante la interposición de un recurso jerárquico y la decisión pasa a manos de la ministra de Economía. «Con argumentos, eventualmente, podría revertirla», aseguró.

En las últimas rendiciones de cuentas, la comisión adquirió nuevas potestades. Así, además del control en los mercados tradicionales, pasó a encargarse de analizar las conductas anticompetitivas en los sectores regulados, como la energía eléctrica, que dependía de la Unidad Reguladora de Servicios de Energía y Agua. Sobre ello, Macedo sostuvo que «no hubo mucha coherencia en cuanto a la dotación de recursos con respecto a las potestades que se le dio a la comisión». Finalmente, respecto a la adecuación normativa general para evitar prácticas anticompetitivas, consideró que Uruguay está alineado con las mejores experiencias internacionales. «Lo que falta es dotar de recursos a la comisión y darle mayor autonomía», concluyó.

Una foto vigente

La industria frigorífica no es la única con altos niveles de concentración. Los cálculos del magíster en Historia Económica Juan Geymonat sobre la concentración existente en las diferentes ramas de actividad en 2008 dan cuenta de ello. Con base en los datos desagregados por el Instituto Nacional de Estadística, Geymonat determinó que el porcentaje de ventas que concentran las cuatro empresas más grandes de los sectores de producción de lácteos, azúcar, cacao, chocolate y confites, bebidas malteadas y de malta, tabaco, textiles, de fabricación de hojas de madera para enchapado y de fabricación de pasta de celulosa, papel y cartón –entre otras– superan a la concentración que se podría dar en la industria frigorífica. En algunas ramas, las cuatro empresas concentran, incluso, el total de las ventas. «La foto es un poco vieja, pero no ha variado de forma significativa», sostuvo Geymonat al ser consultado por Brecha en esta ocasión. Y consideró que, puestos a discutir sobre la concentración en una industria, también se debería analizar lo que sucede en las restantes.

Impacto laboral

«La industria frigorífica tiene un seguro de paro especial que está fundamentado en no perder mano de obra calificada. Pero esta empresa, que manejaba tres plantas, tenía una casi siempre cerrada; entonces no sé si es una buena noticia para los trabajadores, porque esa herramienta [el seguro de paro] no tiene los usos que estaban determinados cuando se pensó.» Las palabras de Febrer, en rueda de prensa, referían a otra de las cuestiones que ocasionó preocupación: el apartado laboral. Consultado por el semanario, Martín Cardozo, presidente de la Federación de Obreros de la Industria Cárnica y Afines, sostuvo que la noticia causó «sorpresa» e «incertidumbre» por el futuro laboral. Al igual que lo mencionado por Febrer, Cardozo hizo hincapié en el mecanismo de los seguros de paro utilizados por Minerva para manejar su economía y como elemento de presión: «Paran la planta cada determinado tiempo y te tienen seis o siete meses en el seguro de paro. Después te dicen que para retomar hay que ajustar los costos de la faena, y eso implica una rebaja de salario del 10 por ciento. Capaz que en la negociación colectiva le decís que no, pero, cuando te empieza a apretar el seguro de paro y entrás a evaluar la rebaja de salario o puestos de trabajo, terminás laudando por el puesto de trabajo».

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