Tangos que hablan de murga

Francis canta Jaime Roos, MMG/Glamity, 7307-2, 2018.

Francis Andreu

Jaime Roos hizo más que éxitos: hizo clásicos perennes, que además de responder a rasgos de identidad preexistentes contribuyeron a redefinir esa identidad. Frente a ello puede llamar la atención que este trabajo de Francis Andreu1 sea, recién, el primer disco monográfico que un intérprete haya dedicado a sus canciones. Quizá el motivo sea que los clásicos-éxitos de Roos siempre implicaron una concepción integral, en la que lo instrumental y la producción comparten el protagonismo con la composición, la letra y el canto. Son melodías exquisitas, pero que no suelen tener esa autonomía característica de lo “melodioso”: aun cuando a uno le da por cantarlas en la ducha, por lo normal está imaginando para dentro la armonía y la base.

Francis agarró el desafío y le sumó otro, el de verter las canciones al género en el que hizo su carrera desde que era adolescente, es decir, la música “típica”, con un conjunto de guitarra, guitarrón, contrabajo y bandoneón, dirigido y arreglado por Guzmán Mendaro. Y además esquivó las canciones explícitamente tangueras de Jaime, que no hubieran demandado esfuerzo de traslación, como “Las luces del estadio”, “Conversación”, “Los murguistas” o “De la canilla”.

El resultado es disfrutable y curioso. Son diez canciones buenísimas, incluidos superéxitos como “Colombina” y “Adiós, juventud”. Francis es una cantante notable, con 20 años de carretera, y una voz preciosa y amplia, dotada de ese dejo de rasposidad en los graves sin el cual el tango suena privado de alma.

Es raro escuchar el repertorio de Jaime despojado de uno de los elementos que lo definen, es decir, el “tuco”. Como acentuando ese factor, Francis adoptó un criterio intimista. No es que cante en forma no emotiva, para nada: tiene mucha emoción en el canto, pero coloca la voz y regula las interpretaciones como si estuviera en un espacio chico, comunicándose con una pequeña cantidad de amigos, y no para un público amplio, que es la actitud que algunos pasajes de Roos parecen presuponer. Entonces, su interpretación musical y actoral en la parte narrativa de “Colombina” es formidable, pero cuando llega la proclama final, en la que la murga parece convocar al público a que se sume a la consigna (“Que no se apague nunca el eco de los bombos…”), queda un cierto sabor a poco.

Quizá “Los murguistas”(1996), de Jaime, haya sido una inspiración para esta aventura: un tango que habla de murga, interpretado por una voz tanguera femenina (Adriana Varela) que, como Francis, está influida por Goyeneche. Dos de las canciones más emblemáticamente murgueras de este repertorio están vertidas como tango: “Colombina” y “Los futuros murguistas”. Es un interesante extrañamiento y pone de relieve elementos tangueros subyacentes en las músicas de Roos, pero, de todos modos, queda un poco artificial y demanda de la cantante allanar muchas de las síncopas.

La mayoría de las canciones está realizada como milonga, y ahí todo fluye muy bien. La base de la versión de “Lluvia” parte de “Qué pena” de Zitarrosa. “Solo contigo” quedó como una chacarera folclorista. “Adiós, juventud” quedó muy gozosa, porque, en vez de disfrazar la canción de tango, está hecha sencillamente como si el combo “típico” estuviera haciendo, en el marco de sus recursos habituales, la versión de una murga, sin tratar de ocultar que se trata de una. “Y es así” está bastante cercana a la versión de Roos de 1987, con Los Olimareños. “Aquello” también surge en versión muy fiel, en este caso puramente instrumental.

La gráfica es muy bonita y tiene una ambivalencia de época: ese blanco y negro, y la forma de vestirse de Francis pueden ser perfectamente de ahora o de hace muchos años. En la foto interna, aparece acodada al mostrador de un boliche tradicional, una guiñada a la tapa de Brindis por Pierrot. El librillo tiene dos omisiones importantes: no identifica al bandoneonista y falta el crédito de Enrique Estrázulas, coautor de “Al Pepe Sasía”.

1.   Francis canta Jaime Roos, MMG/Glamity, 7307-2, 2018.

Artículos relacionados

Relojes: álbum digital de Marco Tortarolo1

Un disco que transcurre

Cultura Suscriptores
Ennio Morricone (1928-2020).

Mentiras honestas y brillantes