El teatro es de los actores

Dos obras de la cartelera teatral atraen por sus formidables duplas actorales de dos generaciones distintas: Aeroplanos y Nerium Park.

Aeroplanos, muy representada obra del recordado dramaturgo porteño Carlos Gorostiza, cuenta la historia de Paco (Pepe Vázquez), en cuya casa transcurre la acción, y Cristo (Julio Calcagno), dos ancianos que son amigos desde hace 70 años. La soledad, el miedo a la muerte, el padecimiento de enfermedades, la nostalgia del tiempo que ya pasó, recorren la puesta dirigida por Eduardo Cervieri (No se elige ser un héroe, Fontanarrisa de salón), que elige un tono realista y una estética atravesada por el color ocre, y aprovecha la complicidad natural de estos dos actores (fueron compañeros del elenco estable de la Comedia Nacional, y es inevitable recordar sus interpretaciones en la entrañable El viento entre los álamos dirigida por Mario Ferreira). Por su temática el asunto tiende a caer en el drama, pero contiene asimismo varios giros de humor muy bien sostenidos por Vázquez y Calcagno. Así, mientras Paco espera el resultado de unos exámenes médicos que prefiere no abrir y Cristo se entera de que deberá mudarse a una casa de salud, el dúo va recordando sus hazañas futbolísticas del pasado, sus amores, sus canas al aire, sus anécdotas. Y entre el relato que construye la memoria y los sueños y proyectos de un futuro a corto plazo, estos aeroplanos (vals de Juan D’Arienzo que suena de fondo varias veces en un tocadiscos) hacen viajar a su platea por sus imágenes de vida en las que muchos pueden sentirse representados. Una ocasión imperdible para ver nuevamente juntos a estos dos grandes actores de nuestra escena.

Nerium Park es una obra escrita en 2012 por el español Josep María Miró, cuya pieza La travesía estrenara este año la Comedia Nacional con dirección de Jorge Denevi. Dirigida por Gerardo Begérez (Mi hijo sólo camina un poco más lento, En la laguna dorada), la obra, una suerte de thriller psicológico, presenta a la dupla actoral Frugone-Saffores encarnando a una pareja de treintañeros que se compra un apartamento en el barrio privado Nerium Park. Begérez logra introducir la extrañeza desde que el espectador ingresa a la sala y es conducido por un pasillo desconocido, un primer desacomodo que ya predispone para instalar el misterio. De ahí en adelante viene una sucesión de diálogos de una pareja joven, en un momento de éxito profesional y social, y en el contexto de una mudanza, pero pronto el asunto se torna en algo mucho más complejo y desafiante. La atmósfera se vuelve turbia, de la mano de un excelente trabajo de iluminación y de ambientación sonora, y la puesta adquiere una fuerte impronta expresionista. El apartamento lujoso e iluminado se va convirtiendo en un espacio siniestro y amenazante, de la mano de estos personajes que van desintegrándose escena tras escena, en una composición sutil y brillante de ambos actores. Frugone encarna a Victoria, una mujer fuerte, encargada de recursos humanos en una empresa donde debe hacer frente a las decisiones de reducción de personal, producto de una crisis social y económica que no aparenta verse desde el ventanal de su lujoso apartamento. Saffores interpreta a Gerardo, un yuppie que no corre con la misma suerte que su mujer. Con 12 escenas que recorren un año en la vida y la relación de estos personajes, el texto resulta una joya que se multiplica en cientos de interpretaciones: hay una mirada política a una situación social y financiera, una fuerte metáfora sobre el consumismo, una mirada sobre la relación con el de fuera y el miedo que genera el otro, sobre la soledad, etcétera. Saffores demuestra nuevamente todo su talento actoral, pasando sutilmente de un estado de bonanza a otro de total degradación, como si se tratara de dos personajes totalmente distintos. Frugone construye a esa mujer poderosa y fuertemente femenina, eje de esa relación que se desmorona, mientras desliza a su vez todos los miedos que le genera ese condominio solitario, acechado por un tercer personaje aparentemente imaginario. Nerium Park es un texto que interesa y cuestiona, en una dirección nuevamente brillante de Begérez, con dos grandes actuaciones que recuerdan, por si hiciera falta, que el teatro es de los actores.

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