Un cierto ethos de la militancia musical comunista - Semanario Brecha
Libros. Sobre Camerata. Cambiar la música, cambiar el mundo

Un cierto ethos de la militancia musical comunista

Camerata. Cambiar la música, cambiar el mundo, de Roberto López Belloso. Fin de Siglo, Montevideo, 2025. 234 págs.

Camerata fue un grupo musical uruguayo que existió de 1969 a 2018. Es decir, quedó a un año de cumplir los 50 de existencia. Durante gran parte de su trayectoria fue muy popular: pudo actuar mucho, grabar con regularidad y representar una parte significativa de los ingresos de sus integrantes. En los peores momentos, nunca bajó de ser «uruguayamente popular» –es decir, reconocido, aunque eso no llegue a redituar en plata o actividad intensiva–. Al mismo tiempo que es muy grande la porción de público que admiró y admira a Camerata, se trató de un proyecto tan específico, tan inclasificable, que es difícil hacerlo encajar en los grandes relatos históricos sobre la música uruguaya, de modo que, junto con la intensidad de la apreciación por esa numerosa franja de público, es muy factible que su trayectoria haya transcurrido por fuera del radar de buena parte de quienes estén leyendo este artículo.

Su formación es la de un quinteto o sexteto de arcos (según el momento), siempre con contrabajo incluido y, además, piano. En buena parte de su trayectoria hubo también batería y, por breves momentos, flauta y una cantante. Su repertorio incluyó adaptaciones de piezas de música erudita (Vivaldi, Telemann, Mozart, Chopin, etcétera), pero, sobre todo, hizo tangos, de los tradicionales y de los modernos. De hecho, el nombre original fue Camerata de Tango (luego se llamó Camerata Punta del Este o Camerata a secas). También grabó candombes, cosas más en la órbita del rock o del jazz e incluso algún coqueteo con la vanguardia. Esas piezas bien podían ser clásicos de la música uruguaya o argentina, obras de allegados hechas especialmente o aportes originales de los propios integrantes del grupo. Algunos de estos fueron músicos que trascendieron en otras actividades musicales (entre los fundadores estuvieron Manolo Guardia y Federico García Vigil). Los miembros que permanecieron más tiempo fueron los cuerdistas: Vinicio Ascone, Moisés Lasca, los hermanos Juan José y Fernando Rodríguez, Carlos Vinitzki y Daniel Lasca, todos instrumentistas destacados en las orquestas oficiales uruguayas y que, en los períodos en que residieron en el exterior, consiguieron fácilmente colocarse en las principales orquestas de Venezuela y de México. Los espectáculos solían tener, además, un importante componente de humor.

Una biografía con vuelo

En este libro, el periodista y poeta Roberto López Belloso hace un relato vívido, entretenido y riguroso de las andanzas de Camerata. Se basó en entrevistas a todos los integrantes sobrevivientes del grupo, en abundante material de prensa (conservado sobre todo en los archivos de sus integrantes) y en un buen conocimiento del entorno y del contexto histórico (amparado también en amplia bibliografía).

El libro prevé también lectores no uruguayos, por lo que hay contexto sobre los aspectos históricos y el quién es quién entre los uruguayos mencionados. Los fanes uruguayos y extranjeros se van a regodear en los detalles de la extensa y variada historia del conjunto, pero es también interesantísimo aun para quienes no son fanes o mal conocen el grupo: como toda biografía escrita con vuelo, echa luz sobre un montón de asuntos.

Por un lado, hay una descripción muy interesante de los sectores del medio musical en los que se revolvían sus integrantes fundadores. Camerata luego estuvo entre los primeros números musicales uruguayos que hicieron suyo el formato café concert, que tanta importancia tuvo en los años sesenta y setenta, e incluso después. Estableció locales fijos, en los que eran los anfitriones y la atracción principal; en Punta del Este durante los veranos y en Montevideo en las demás estaciones. Es a un tiempo alentador y triste pensar en lo efervescente que era el consumo de música en vivo en aquellos tiempos: músicos como Joan Manuel Serrat, Nana Caymmi y otros se instalaban en Punta del Este por temporadas (y no, como suele pasar ahora, para presentaciones puntuales) y se convertían en habitués del café concertde Camerata.

La mayoría de los integrantes del conjunto fueron militantes del Partido Comunista (PC). Si bien la música del grupo podría prejuzgarse como algo medio coqueto o pituco, el hecho es que Camerata estuvo en cuanto toque militante pintó en apoyo al PC, al Frente Amplio y a otras causas políticas puntuales, lo que los terminó llevando a la prisión, a la tortura y al exilio, en Venezuela primero y más tarde, por varios años, en México. En ambos países, pero sobre todo en México, replicaron o incluso amplificaron el éxito que habían tenido en Uruguay y participaron en diversas actividades para llamar la atención del mundo sobre los crímenes e injusticias de la dictadura uruguaya. El funcionamiento interno siempre fue cooperativo (la descripción me hizo pensar en la orquesta de Osvaldo Pugliese, también comunista).

López Belloso cita una amplia bibliografía sobre las actividades culturales de los exiliados de la dictadura y, dado que ello desborda mi ámbito usual de lecturas, fue para mí novedoso constatar el grado de organización, la magnitud y la eficiencia de aquel trabajo de difusión y de la intensa participación en él de Camerata, en México y durante varios viajes a otros países de América Latina y Europa.

No conozco otro relato que dé cuenta, como este, de cierto ethos de la militancia musical comunista: el espíritu orgánico, la disciplina jerárquica, la capacidad de organización, el entusiasmo en el hacer cosas. De la misma manera que Camerata fue, para sus integrantes, una relevante fuente de ingresos, en innumerables ocasiones prescindieron de esos ingresos para donar el fruto de su trabajo a causas diversas. Desde mi curiosidad personal, solo extrañé un abordaje más claro sobre los vínculos de la música de Camerata con los principios estéticos favorecidos por el comunismo, y en especial frente a las críticas –mencionadas en el libro, pero sin mayor profundización– que hizo del grupo Coriún Aharonián (que deberían leerse desde las diferencias estéticas entre «nueva izquierda»
y comunismo).

El libro no tiene índice remisivo. Casi ningún libro uruguayo lo tiene, pero nunca me cansaré de remarcar lo importante que es contar con uno: serían cuatro o cinco páginas más y el valor de uso se multiplicaría mucho más allá del placer de leer y de lo mucho que pueda quedar en el recuerdo tras una lectura tan estimulante.

Además de ser el relato organizado y muy bien informado sobre un relevante grupo musical uruguayo, este libro es también un detalle de la historia sociopoliticocultural del país durante más de medio siglo, relatado con seriedad y de forma muy amena. Un libro que no se priva de las anécdotas jugosas y que delata una fina conexión humana con las distintas personas involucradas en la historia.

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