Incertidumbre y tensiones en la escena cultural

Un escenario vacío

Hace 126 días que no se vende una entrada para el teatro. Miles de personas que trabajan en el sector de las artes escénicas de inmediato vieron mermados sus ingresos. En esta coyuntura crítica, los dichos del ministro de Educación y Cultura, Pablo da Silveira, causaron estupor en los trabajadores y dirigieron la discusión pública hacia el dinero que el sector recibe del Estado.

Protesta de actores, en la puerta del teatro El Galpón, en reclamo de la apertura de los teatros. Focouy, Dante Fernández

Drama significa  «obra en la que prevalecen acciones y situaciones tensas y pasiones conflictivas». El teatro, hogar natural del drama, está sufriendo ahora su otra acepción: «Suceso infortunado de la vida real, capaz de conmover vivamente». Los teatros cerraron en marzo, luego del primer caso positivo de coronavirus en Uruguay. Para las salas estatales, la pausa total de actividades no ha tenido un impacto económico, pero los teatros independientes y todas las personas que trabajan en ellos, de forma fija o esporádica, se vieron repentinamente sin ingresos.

Entre las iniciativas del Ministerio de Educación y Cultura (MEC) dirigidas al sector cultural se anunció una partida monetaria –que dará el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social a través del Banco de Previsión Social– para artistas y técnicos culturales sin cobertura de seguridad social por un monto de 6.779 pesos durante dos meses. El organismo había planificado llegar a las 1.500 personas, pero por el momento tiene cerca de 4.500 solicitudes, explicó a Brecha Mariana Wainstein, directora de Cultura.

Esta medida fue calificada de insuficiente por Héctor Guido, secretario general del teatro El Galpón, en su cuenta de Facebook. El posteo terminaba con la oración «no habría ni que cobrarlos». Guido aseguró a Brecha que escribió «en caliente» y que, luego de leer las respuestas de colegas que le explicaban que, aunque el monto era poco, igual resultaba necesario, se retractó en la misma plataforma.

Como respuesta a esas declaraciones, en el programa televisivo Puglia invita, el ministro de Educación y Cultura, Pablo da Silveira, expresó: «Que el director de El Galpón salga a llamar a los artistas a no cobrar el subsidio cuando él recibe 28 millones de pesos anuales de subsidios por parte del Estado da bronca, porque para él es muy fácil decirlo». La comparación que hizo el ministro entre una medida específica para paliar las consecuencias de la crisis económica y la suma de dinero que entrega el Estado al teatro independiente de forma habitual, como parte de las políticas públicas dirigidas al sector, causó malestar en las organizaciones.

SEPARAR LA PAJA DEL TRIGO

La Federación Uruguaya de Teatros Independientes (FUTI) y la Sociedad Uruguaya de Actores (SUA) publicaron un comunicado conjunto que rechaza los dichos del ministro, asegura que miente y refuerza la idea de que la partida anunciada «no soluciona la grave crisis que atraviesan cientos de compañer@s artistas».

Wainstein dijo que esta medida es para trabajadores informales, pero el colectivo Primer Ensayo, que nuclea a artistas de la escena, aseguró a Brecha que, en realidad, es para quienes no tienen ningún ingreso declarado. Esto, explicaron, deja afuera a muchas personas que, por la condición de pluriempleo del sector independiente, suelen hacer pequeños aportes por actividades puntuales, lo que les impide acceder al dinero. Además, calificaron de migajas la partida anunciada, ya que no compensa la situación de miles de artistas que no perciben ingresos desde hace cuatro meses. Aunque aseguraron que en esta situación de precarización e imposibilidad de trabajar el dinero es útil para muchas personas, hicieron énfasis en que la solución es insuficiente «y visibiliza la imagen y la valoración que las autoridades tienen de les trabajadores de la cultura y el arte».

Brecha intentó comunicarse con el ministro Da Silveira para esta nota, pero no obtuvo respuesta.

LAS PARTIDAS

La semana transcurrió entre dimes y diretes sobre el dinero que el Estado da a los teatros independientes. Cada parte involucrada expresó, en el espacio que eligió o encontró, su versión de la situación. Hay hechos y hay dichos, y es esencial diferenciarlos. El Estado no le da 28 millones anuales a ningún teatro, como aseguró Da Silveira. Tras el comunicado de la FUTI y la SUA en respuesta a sus declaraciones, el ministro hizo dos publicaciones en Twitter que, al parecer, explican cómo llegó a esa suma, pero ninguna de las partidas que mencionó está destinada específicamente a El Galpón.

El primer tuit muestra una resolución de la Intendencia de Montevideo, la 2739/18, en la que el gobierno departamental se obliga a transferir 14 millones de pesos a la SUA en 2020. Esa partida se da en el marco del programa Fortalecimiento de las Artes y su cometido es desarrollar una política pública de accesibilidad a la cultura. Ese dinero se le entrega a la SUA, que lo reparte entre todas las salas para producir espectáculos que luego se presentan en todos los barrios de Montevideo. El proyecto prevé la formalización laboral de quienes participan y apunta a la descentralización cultural.

El teatro independiente recibe, además, una partida gubernamental que no tiene relación con la que le otorga la Intendencia. El monto que da el MEC fue votado en la ley de presupuesto 2015-2019. Primero se aprobaron 8 millones de pesos en el artículo 663 y luego, cuando la FUTI cumplió 70 años, en 2016, se agregaron 6 millones, que iban a ser provisorios, pero, dada la situación del sector, se decidió mantenerlos de forma permanente, explicó a Brecha Washington Sassi, presidente de la FUTI.

A esta partida hace referencia el ministro en el segundo tuit, en el que expresa: «Quien quiera conocer el detalle de los 14 millones de pesos aportados en 2019 por el MEC a la FUTI, incluyendo cómo se distribuyeron entre las diferentes instituciones, puede solicitar acceso al expediente 2020-11-0001-0284, en el marco de la ley 18.381». Se refiere a la Ley de Acceso a la Información Pública, que le da al organismo hasta 20 días hábiles para enviar los documentos solicitados y la posibilidad de prórroga.

La base de expedientes del MEC permite ver los asuntos de los documentos. El que menciona el ministro es la rendición de cuentas de la FUTI de 2019, en la que se detalla cómo repartieron el dinero. También está en la base del MEC la información sobre el expediente 2020-11-0001-0285, que es el compromiso de gestión de los teatros independientes para 2020, un archivo que apunta a controlar que los grupos hagan un «buen uso» del dinero y lo gasten «en lo que corresponde», que es el funcionamiento y el mejoramiento de las salas, explicó Sassi.

Esos 14 millones de pesos que da el MEC se reparten entre 27 grupos y 18 salas que integran el colectivo de teatros independientes y corresponden, de acuerdo con el comunicado de la FUTI y la SUA, al 35 por ciento de los gastos de funcionamiento de cada sala. Un teatro como El Galpón, informó Sassi, tiene 30 millones de pesos en gastos anuales documentados. En la misma línea, Guido dijo que le gustaría que la gente supiera cuánto sale mantener un teatro, porque se habla de esos 14 millones, e incluso de 28 millones, como si fuesen mucho dinero, cuando, en realidad, «son cifras insuficientes».

Este año, el monto de esa partida disminuyó a 11,9 millones de pesos tras el recorte presupuestal de un 15 por ciento en todos los ministerios, de acuerdo al decreto 090/020. «Un recorte de más de 2 millones de pesos a un sector al que no se le permite trabajar, en medio de una crisis sanitaria y económica suena a disparate. Pero eso sí es verdad», aseguraron la FUTI y la SUA.

En el expediente 2020-11-0001-0860, en respuesta a un pedido de informes del diputado Sebastián Sabini, el MEC informó sobre el recorte y dio cuenta de cómo repartirá el dinero en tres cuotas. Para Guido, «es poco razonable» que el ministro haya presentado ese documento y días después haya afirmado que ese dinero era para El Galpón.

El 25 de mayo se realizó un primer pago, de 4 millones de pesos, que la FUTI ya repartió entre las salas según el monto correspondiente votado en asamblea, de acuerdo a un documento al que accedió Brecha. Los próximos dos pagos se harán, según el expediente parlamentario, en función de las rendiciones de cuentas que la FUTI presente y la disponibilidad financiera del MEC.

COMUNICACIÓN, SEÑAL POLÍTICA

Las declaraciones de Da Silveira, la imposibilidad de reunirse con él, su decisión de publicar en Twitter los documentos de un organismo y su posterior silencio produjeron tensión entre el MEC y los colectivos de trabajadores. El accionar del ministro se vio como una provocación. «El último papelón del ministro ha sido pretender rendir cuentas a través de Twitter. Lo que colgó es lo opuesto a lo que dice», sentenció Guido. La FUTI, la SUA y Primer Ensayo puntualizaron que individualizar el problema, como entienden que hizo Da Silveira al hablar sobre Guido y de El Galpón como beneficiario de todo el dinero, invisibiliza a todo el sector. Reforzaron también la idea de que sus reclamos no son aislados, sino que parten de debates colectivos y representan a más de 4 mil trabajadores y trabajadoras de la cultura.

Las organizaciones denuncian que no pueden dialogar con el ministro. Se pautó una reunión entre El Galpón, la FUTI y la SUA para negociar la reapertura del teatro antes del cruce de declaraciones. La noche anterior las organizaciones llamaron a quienes trabajan en las artes escénicas a prestar atención a las novedades desde sus casas, desde las salas o en la puerta del MEC. Entonces, Da Silveira canceló la reunión y se refirió a los trabajadores de la cultura como «intimidantes y patoteros». Sassi dijo: «Al parecer, pensaron que estábamos armando un movimiento subversivo».

Gabriela Iribarren, actriz e integrante de la SUA, aseguró a Brecha que se enfrentan «a un muro» cuando quieren hablar con el ministro, que este rechaza los sindicatos y que no se los prioriza para llevar la voz de quienes están representados en ellos. Primer Ensayo también manifestó la frustración de no poder dialogar: «No reconocen como interlocutores válidos a los sindicatos, mientras que se reúnen con un puñado de productores privados. El gobierno no dialoga, sino que informa sin tener en cuenta la mirada de les implicades».

Wainstein, que negó que haya tensión entre las partes, mantiene el diálogo directo con las organizaciones, algo que le parece esencial desde su «perspectiva liberal»: «No hay actividad cultural fuera del diálogo. En caso contrario, sería un medio de poder o propaganda». Sin embargo, puntualizó que, a veces, hay una confusión con respecto al significado de la palabra diálogo: «Diálogo no es cogobierno». Explicó que a ella la eligieron para ocupar el cargo y que su rol no es representar «a ningún gremio», sino manejar con transparencia los dineros públicos.

LEVANTAR EL TELÓN

«El gran tema es cómo impulsar los teatros para que comiencen de nuevo. Hay que ir a la reactivación y el apoyo de la reactivación», aseguró Wainstein. La vuelta de los teatros se ha anunciado varias veces, pero no se ha concretado. En mayo, explicó Iribarren, los colectivos ya habían elaborado los protocolos para la reapertura y los habían enviado a las autoridades. Sin embargo, las escuelas artísticas fueron las últimas en comenzar a funcionar y las salas continúan cerradas.

Wainstein afirmó: «Nunca es el MEC el que toma decisiones sobre protocolos o reaperturas». El organismo le da los protocolos a la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) y allí es donde se decide. La jerarca aseguró que tuvo una reunión con Isaac Alfie, director de la OPP, en la que le comunicó que debían abrir primero los teatros grandes para que fuera rentable el aforo y pudieran ayudar también a las salas más chicas.

Hace unos días le comunicaron a Wainstein que la apertura «era inminente». Ella informó a Guido y a Sassi sobre la situación, pero luego la OPP cambió de parecer: argumentó que, con el rebrote de coronavirus, seguir adelante no era seguro. Sassi declaró que no entiende por qué, entonces, funcionan las tiendas y se reanuda el fútbol. «Supongo que los de teatro seremos transmisores especiales del covid», bromeó.

«Las artes escénicas son artes vivas», dijo Iribarren. No permitir los espectáculos en vivo «es asfixiarlas», porque no tienen otros soportes ni capacidad de reproducción. En el comunicado, la FUTI y la SUA recuerdan que el sector cultural «reclama, de forma ininterrumpida desde hace más de 60 días, comprometido con distintos protocolos serios y estudiados», volver a trabajar.

¿Y AHORA?

El Galpón ofreció su sala de forma gratuita para que las agrupaciones que no tienen un lugar fijo puedan presentar obras, además de la programación habitual del teatro. La SUA y otros colectivos organizados han realizado asistencias alimentarias y canastas. Primer Ensayo nació para buscar formas colectivas de paliar la crisis en el sector de las artes escénicas.

Reabrir los teatros no es suficiente. Guido aseguró que están en números rojos y, para volver a producir, necesitan capital acumulado. Por su parte, Primer Ensayo declaró: «Las soluciones que pedimos les trabajadores del arte y la cultura son las mismas que cada sector económico tuvo. Es decir: protocolos reales y medidas estatales para su implementación».

A mediano y largo plazo, Guido tiene como prioridad la Ley de Teatro Independiente, que fue aprobada, pero no llegó a incluirse en el último presupuesto. Aseguró que en todo este debate sobre las partidas, «en el fondo, lo que estamos discutiendo es que sí se precisa el dinero».

Wainstein mencionó que uno de sus objetivos en la Dirección Nacional de Cultura es reformular el Estatuto del Artista y los Oficios Conexos, amparar a los artistas para que tengan protección social, crear más trabajo y sensibilizar a los actores del gobierno sobre la importancia de poner dinero en el sector cultural.

Lo que está en debate, dijo Iribarren, es cómo se percibe la cultura: si se ve como un conjunto de bienes de consumo desde una perspectiva neoliberal o si se entiende como un elemento esencial para la sociedad. En palabras de Primer Ensayo: «Desestimar la cultura es desestimar la sociedad».

Artículos relacionados