Un Hamlet líquido - Brecha digital
Ojalá las paredes gritaran, en el teatro Solís

Un Hamlet líquido

La directora argentina Paola Lusardi habla de su puesta inspirada en Hamlet de Shakespeare como un proceso. Y no hay mejor manera para describir su forma de producción, ya que comenzó como una investigación académica que luego se convirtió en montaje. La primera versión se estrenó en 2018 en la propia casa de la directora, en el barrio Colegiales de Buenos Aires. Luego fue cambiando de elenco y de espacio, se presentó en festivales y en el teatro Metropolitan de la calle Corrientes. Ahora le tocó el turno de presentarse en la sala principal del teatro Solís con un elenco que incorpora a talentosos actores uruguayos, como Carla Moscatelli, Álvaro Armand Ugón y Gustavo Antúnez. La puesta sin duda conserva su raíz, pero, al trasladarse a una gran sala, ya no es la misma propuesta íntima construida desde la cercanía del hogar. Sin embargo, la posibilidad de adaptación a otras perspectivas y otras resoluciones escenográficas presenta el doble desafío de dirigir también a un nuevo elenco.

Lusardi centra la mirada en la relación de un joven y millennial Hamlet (Damian Lomba, actor uruguayo radicado en Buenos Aires, en una excelente interpretación) con su madre, Gertrudis (en un registro imponente de Carla Moscatelli), ahondando en la imposibilidad de comunicación y de comprensión de los propios universos. Aquí Hamlet se presenta junto a su partenaire y amigo Horacio (Martín Pisano), comunicándose a través de la música, letras de trap y distorsiones de todo tipo provenientes de micrófonos y bandejas. Pero hay un ruido constante entre los personajes, que devela su imposibilidad de comprensión.

Lusardi mantiene escenas del Hamlet original, pero las sitúa en un aquí y ahora otro. Así, demuestra que aquellos conflictos imaginados por el 1600 siguen estando presentes. En su disgusto por las acciones de su madre y su tío Claudio (un Armand Ugón que compone muy bien las vetas desagradables de su personaje) y por la traición de la que siente que son parte, este Hamlet expresa un odio contenido hacia su progenitora y al modo de vida que pregona. Polonio (Gustavo Antúnez) se presenta como alguien vinculado a la empresa familiar y muy cercano a la historia de la familia. Es quien intenta convencer a Hamlet de involucrarse en el negocio familiar, del que el joven se encuentra distanciado, y, además, se quiere diferenciar.

La directora ha elegido una imponente mesa que dibuja el área central de la escena. En esa mesa se dan los encuentros y los desencuentros, se desarrollan los diálogos en varios planos. El mueble se convierte en tarima para el show y en escenario para la muerte. Representa el estatus social al que pertenecen los personajes, así como el carácter íntimo y familiar de lo que allí sucede, puertas adentro, mientras las paredes mencionadas en el título escuchan y esconden los secretos ya conocidos, que causan el clásico conflicto. La directora logra una gran potencia en las actuaciones, y este Hamlet explota a medida que avanza, y salpica la sed de venganza hacia las butacas. Acompaña esa potencia escénica el montaje desarrollado con un cuidadoso y exacto trabajo técnico, que transforma la escena a medida que avanza la trama. Muy destacable es también el trabajo musical del que Pisano es parte sustancial, construyendo un lenguaje a través del cual el personaje de Lomba puede sentirse identificado, encontrando su propia voz y la forma de comunicar de la generación a la que representa.

Un capítulo aparte merece el desarrollo del personaje de Ofelia. Fiorella Bottaioli (actriz y modelo que protagoniza el filme La uruguaya) imprime un necesario silencio a su oscuro personaje y lo contrapone con la verborragia de Hamlet, para quebrar esa aparente sumisión antes del desenlace por todos conocido. Es que en esta puesta lo sonoro es el eje de lo que se narra, tanto de lo que se dice como de lo que se calla. Si esas paredes gritaran, serían las portavoces del drama al que asistimos como espectadores. Lusardi conoce el lenguaje teatral y las posibilidades de juego, rompe por momentos la cuarta pared imaginaria para hacer parte al público del show que allí se monta, en paralelo con los diversos montajes y fachadas que componen los clásicos personajes shakesperianos. Un muy interesante acercamiento a un clásico que demuestra, una vez más, ser una inagotable fuente de inspiración.

Artículos relacionados

En el Galpón: Hamlet

Pan y circo