Un mapa para tiempos inciertos - Semanario Brecha
Adelanto

Un mapa para tiempos inciertos

Adelanto de Uruguay en el siglo de la incertidumbre. Una cartografía de futuros posibles, de Amparo Menéndez-Carrión, Gabriel Delacoste y Rodrigo Alonso. El libro se presentará el jueves 16 de abril, a las 18 horas, en la Fundación Mario Benedetti, con la participación de Oscar Bottinelli, Vania Markarian y Sergio Sommaruga. Además, habrá una presentación el martes 21, también a las 18 horas, en la Fundación El Puente.

UNA INTRODUCCIÓN

El proyecto1 se fraguó a partir de una reflexión a tres voces. Son también tres los tiempos que el libro pone a dialogar, es decir, los tres tiempos de cualquier experiencia histórica: presente, pasado y futuro. Y son tres los campos de interés que convergen en el armado del proyecto: la teoría, la experiencia concreta y la acción colectiva. Finalmente, esta especie de número tutelar no buscado de antemano aparece de nuevo en el amplio repertorio de públicos al que nuestra intervención quiere dirigirse: gente lectora y pensante del Uruguay y de otras partes, proveniente de cualquier ámbito vinculado a la reflexión acerca de lo público, al quehacer público y a la militancia en lo público en su más amplio espectro. La preocupación: el futuro del Uruguay. La tarea: contemplar esta construcción social, económico-política, político-cultural histórica y presente desde el futuro, sin apartar la mirada de las arenas movedizas inmanentes al desenvolvimiento de la economía política global. La expectativa: armar una suerte de cartografía integral cuyos puntos sirvan de orientación para revisitar la cuestión del qué hacer.

El capítulo de Gabriel Delacoste ofrece un ejercicio de sistematización de las principales versiones disponibles acerca de los escenarios del futuro a escala mundial. Esta primera plataforma ordena y tematiza los distintos escenarios, prestando particular atención al complejo de tendencias globales y a las transmutaciones e interconexiones entre las dimensiones geopolíticas, económicas, tecnológicas, sociales, culturales y ecológicas implicadas en las distintas visiones, proyecciones y propuestas. Recorrida esta primera plataforma, habrá que considerar los correlatos e implicaciones de la inserción del Uruguay en el orden mundial. El capítulo de Rodrigo Alonso sitúa la relación entre los ciclos económico y político en perspectiva histórica y ofrece una serie de elementos de análisis para desempacar las implicaciones de esta compleja relación, ejercicio insoslayable como plataforma también para imaginar las salidas. La tercera parte, a cargo de Amparo Menéndez-Carrión, se ubica en 2080 para problematizar la condición presente del Uruguay, contemplándola desde dos futuros diametralmente opuestos. De allí se regresa al presente, que no es otro que el momento de la acción para arrestar el curso distópico y encaminarse hacia el horizonte marcado por la utopía. El núcleo propositivo de esta plataforma se centra en la (re)ciudadanización de lo público a través de un (tercer) proyecto de Estado, con la ciudadanía organizada –y las fuerzas de una izquierda rearmada– al centro de la escena.

A continuación, un breve adelanto de cada uno de los capítulos mencionados.

«Escenarios para pensar el futuro»

De Gabriel Delacoste

Si volvemos a los eventos que mencionamos al inicio y los agrupamos, podemos ver básicamente cuatro macrotendencias (y sus respectivas crisis): la inercia sistémica de la globalización (y su actual desestabilización); la emergencia de nuevos polos geopolíticos (y los conflictos que genera la posibilidad de un relevo en el lugar preponderante); la revolución tecnológica (y sus disrupciones), y la intensificación de la intervención del ser humano en la naturaleza (lo que produce una crisis ecológica global). A estas cuatro podemos sumar la quinta crisis, cognitiva. Si la situación parece indicar una continuidad indefinida de cada una de estas tendencias, es difícil imaginar la continuidad de todas ellas en su actual intensidad. Un orden liberal global que necesita estabilidad, logística just-in-time, orden jurídico mundial y crecimiento económico perpetuo no puede continuar en un escenario de colapso ambiental y tendría serios inconvenientes para mantenerse como régimen unificado si se consolida un multipolarismo geopolítico en el que las potencias aspiran a ejercer plenamente su soberanía. Y aunque la globalización liberal parezca profundamente solidaria con el desarrollo tecnológico, las utopías poshumanistas y los modelos de gestión política que proponen las vanguardias de Silicon Valley son fundamentalmente distintos de la idea liberal de un mundo de individuos libres y democracias que comercian en un orden jurídico mundial. También es improbable que la singularidad tecnológica conviva con un multipolarismo (un mundo de fragmentación tecnológica pondría peajes en la autopista de la información) y, más aún, con un colapso ambiental global. El momento histórico presente tiene, así, mucho de contingencia e incertidumbre, dado que podemos avizorar que se abren bifurcaciones entre futuros muy distintos.

Estamos ante problemas que se encuentran en la intersección entre Joseph Schumpeter y Karl Polanyi: en qué medida la destrucción creativa capitalista y la tendencia del capital a expandirse en nuevas direcciones no erosionan las condiciones de posibilidad del propio capitalismo. En términos ecológicos, podemos pensarlo como un problema de umbrales: un ecosistema puede tolerar perturbaciones y oscilaciones de diferentes variables, siempre que se mantengan de este lado del umbral. Pero cuando el umbral se traspasa, se pasa a un estado nuevo, que no vuelve fácilmente a los niveles en los que oscilaba el estado anterior. La cuestión es que no siempre sabemos dónde está el umbral. Una forma de enfrentar esto es echar mano del conocimiento que tenemos de las tendencias del presente y, desde allí, desplegar una imaginación sistemática que nos ofrezca un repertorio de los distintos futuros que son concebibles para este siglo.

Empezaremos por plantear cuatro escenarios básicos. Así, si la tendencia que se impone es la inercia sistémica, tendremos el escenario globalización liberal; si lo que se impone es la aceleración tecnológica, el escenario singularidad; si se impone la transición geopolítica, el escenario multipolaridad, y si se impone la tendencia a la crisis ecológica, el escenario colapso. A estos cuatro escenarios agregaremos un quinto, revolución. Combinando de a pares estos cinco escenarios, tenemos 17 subescenarios. Entraremos en detalle en cada uno de ellos. La mayor parte de estos escenarios nos son reconocibles, porque existen en la imaginación del arte, la cultura y el pensamiento contemporáneos. Reconocer esto puede ser útil para hacer más vívida la imaginación, aunque sin olvidar que, por más incertidumbre que haya, estamos hablando de posibilidades reales, alguna de las cuales posiblemente tengamos que vivir.

«Terra incognita. Apuntes sobre economía y política en Uruguay»

De Rodrigo Alonso

Desde que la cuestión es cómo se procesa nuestro lugar en el mercado mundial, puerto y pradera están trenzados en un arreglo que fluye indefectiblemente a través de las décadas y los siglos. Son el par dialéctico originario que, en su trenza, sientan la base primigenia sobre la cual aún hoy descansa Uruguay. Uruguay surge y permanecerá esencialmente como la dialéctica de esa dualidad.

Si bien en sus orígenes el Frente Amplio (FA) surge precisamente como una crítica al agotamiento del batllismo, con el tiempo, hereda y reactualiza varios de sus componentes fundamentales. No por casualidad, en el propio origen del FA pueden encontrarse múltiples signos de esa ligazón. Líderes fundacionales como Liber Seregni –general de formación batllista y simpatizante de Luis Batlle Berres– o Zelmar Michelini –uno de los «jóvenes turcos» de Batlle Berres– son ejemplos elocuentes de esa continuidad. A su vez, el giro arismendista (Rodney Arismendi) del Partido Comunista del Uruguay, expresado en la formulación de la tesis de «avanzar en democracia», permite que otra gran fuerza de la izquierda uruguaya se acerque y dialogue con ese cauce batllista que, paulatinamente, va quedando huérfano dentro del Partido Colorado. El FA hereda una matriz estructural de la historia política nacional que es condición para su propio desarrollo. No podría haberse constituido como fuerza nacional sin esa apropiación –tensa, contradictoria pero imprescindible– del legado batllista.

Las formas de acción y politización propias de una clase trabajadora relativamente homogénea hoy chocan con una realidad quebrada, con sectores crecientes de trabajadores considerados sobrantes por el capital. Esta fragmentación no es solo material: implica también una fractura del marco cultural.

Llegado el momento actual, de consolidación de un nuevo bipartidismo en ciernes, y con el FA situado en un umbral de poder estratégico de forma duradera, esta fuerza política comienza a transitar por su transmutación en partido de Estado y de orden. Es decir, la tensión a la que asistimos hoy es a esta transfiguración, que nos obliga a preguntarnos por los términos bajo los cuales el FA se vuelve, efectivamente, un partido de orden: cuál es ese orden posible, cuáles sus basamentos, cuáles sus perspectivas. La renuncia del FA a avanzar en esta transmutación es la negación a cumplir su sentido histórico en la larga historia nacional, y sería, por tanto, la base de su retroceso. Lo importante es asumir esta discusión y preguntarse por los términos de la configuración de un orden estratégico para un partido de contenido esencialmente anclado en los sectores trabajadores, en un marco histórico en el que el proyecto de integración social y política de los trabajadores para el Uruguay (lo que llamamos batllismo) está amenazado por el propio devenir histórico y los cambios en la división internacional del trabajo.

Superar esta trampa exige un desarrollo programático que recupere la perspectiva de la planificación estratégica. La política nacional necesita reubicar su centro de gravedad. Ese centro, desde nuestra perspectiva, está en el ciclo de la renta del suelo: en cómo se genera, se utiliza y se apropia. Mientras esta fuente de riqueza se mantenga capturada por lógicas de corto plazo y procesos de acumulación sin planificación, el país seguirá girando en falso, atrapado en un modelo que reproduce sus desigualdades estructurales y su dependencia externa. Por eso, es indispensable avanzar hacia un replanteamiento programático de largo aliento, que piense el país en clave de totalidad.

«Uruguay 2080. ¿Con o sin proyecto de Estado? Los futuros opuestos de un mismo presente»

De Amparo Menéndez-Carrión

El caminante de los tiempos sostiene en sus manos las bolas de cristal en las que constan dos largometrajes que este Merlín del futuro puede contemplar en instantes. La mano derecha sostiene el Uruguay distópico. En la izquierda descansa la utopía. En las bolas de cristal aparece de antemano (a modo de título, de esos que figuran en el lomo de cualquier registro archivístico) la síntesis de contenidos de sendos largometrajes. El título que la derecha sostiene indica Distopía: la eficacia del escudo de armas «Es lo que hay. Se hará lo que se pueda», perteneciente a la unión entre laissez-faire y la Falsa Prudencia que la procreó. En la mano izquierda, Utopía: el insospechado arte del «Basta ya» que preludió la unión entre Memoria y Proyecto de Estado. El hechizo provee el par de lienzos en que se irán dibujando los dos retratos de brocha contraria. Al centro de ambos se lee «2025». Desde allí el trazo se mueve hacia atrás y hacia adelante, revelando por cuál tipo de fuerzas, y cómo, el Uruguay 2080 fue intervenido desde aquel punto crucial, para que, hacia fines del tercer milenio, presida su horizonte la condición de no-lugar o, tal vez, el imán de la utopía.

Las Vegas Sur. El membrete LV-Sur se fue abriendo paso a partir de la –primero inadvertida y luego inocultable– conversión de la república del nombre oficial en uno más entre tantos otros centros de disipación mundial, negocio altamente compatible con las empresas de comercio digital y zonas francas que le precedieron y que, una vez obtenida la toma conjunta, hoy son troica-garante de la condición de hub mercantil de este Estado-nación del ayer, cuya relevancia, en tanto tal, el presente decreta insubsistente. «Limpiar toda esa mugre de ahí abajo es quimera», le dice el magnate chileno al socio indio prospectivo. «Pero no hay de qué preocuparse», agrega. Y no le falta razón. Los corredores climatizados que conectan el territorio por sobre el suelo evitan a los administradores del hub andar caminando entre las aguas servidas de las cañerías rotas. El contacto con los trabajadores a destajo, que pueblan lo que antes eran calles y hoy son hendiduras por las que las ratas se pasean a sus anchas; los exempleados de los sectores público y privado, que la reconversión tecnológica tornó irrelevantes; los expresidiarios, que nunca encontraron trabajo, y los enfermos de todo tipo de adicciones, entre ellas el juego, que uno de los socios minoritarios del hub (Megacasino Maroñas) ha democratizado instalando boliches físicos para los del suelo, con acceso a todo tipo de maquinitas y ruletas virtuales a lo largo y ancho del territorio. No es casual que el emblema del partido al que más accionistas nativos pertenecen sea «¡Que de la gozadera nadie quede fuera!».

La Polis del Sur. Nadie está atado a vivir en la Polis del Sur. Quedarse aquí o partir para no volver jamás es cuestión de opción. De ser aquello que rige su vida y horizonte, el trabajoso afán de engancharse a los éxitos y cosas que la acumulación ostenta y el consumo aplaude, el afanoso y su círculo se sentirán fuera de lugar. Entonces, claro que sí: desde mediados de la década de 2030 se ha dado más de una ola migratoria. En todo caso, la fuga de capital humano o financiero no preocupa. La emigración ha sido más que compensada por la llegada de inmigrantes de todas partes –obreros manuales y del pensamiento, obreros de las artes y de las ciencias–, portadores de disposiciones que los sitúan en condiciones de ser de este oasis permeado por una economía política de la belleza, carente de estridencias atentatorias a su condición de lugar radicalmente apartado de la lógica capitalista.

En la planificación reside el núcleo habilitante de la operacionalización de un proyecto de Estado. Al mismo tiempo, la adopción de un proyecto de Estado de envergadura –que, por definición, trasciende los tiempos de gestión acotados a períodos gubernamentales específicos– cambia el papel de la planificación. Y, en el caso del proyecto de Estado que preside nuestra argumentación, lo cambia de manera radical en función de la configuración de un nuevo bloque de poder.

  1. Selección de los autores. Versión adaptada por Brecha. ↩︎

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