Un nombre propio - Semanario Brecha
Teatro. Cartografía sobre la identidad, obra sobre Mariana Zaffaroni

Un nombre propio

Difusión.

Hay unos ojos grandes y brillantes, mareados de verde y azul, en la búsqueda incansable de María Ester Gatti de Islas, la abuela. Y esos mismos ojos, que dan título al documental de Gonzalo Arijón y Virginia Martínez (Por esos ojos, 1997), son los de Mariana Zaffaroni, niña secuestrada y apropiada en Argentina el 27 de setiembre de 1976, durante la dictadura cívico-militar uruguaya y en el marco del Plan Cóndor, cuando Mariana solo tenía un año y seis meses. Por casi 17 años, Mariana fue Daniela Romina Furci, nombre que eligió su padre apropiador, Miguel Ángel Furci, junto con su esposa, Adriana González. Hoy, tras la muerte de Furci en 2024, Mariana consigue prestar su relato para una obra de teatro que reconstruye su historia a modo de mapa o cartografía, dando cuenta del delicado proceso de recomposición de su identidad.

Fernando Parodi, director de este montaje de formato unipersonal, viene trabajando sobre una trilogía teatral que aborda diversos casos ocurridos en dictadura y los efectos del terrorismo de Estado. En su pieza anterior, Autopsia sobre lo impune (en la que trabajó la actriz Valeria Fontán, con dramaturgia de Verónica Mato), ya habían trabajado sobre las Muchachas de Abril. En esta segunda entrega, fue convocado el dramaturgo Leonardo Sosa por solicitud de Zaffaroni, interesada en que el autor fuera nacido en una generación pos dictadura. Las herramientas narrativas continúan en la línea de aquel montaje y, una vez más, se echa mano de archivos documentales y de proyección audiovisual como sostén de la obra (los visuales fueron realizados, otra vez, por Miguel Grompone). Son recursos que acompañan a la actriz en la construcción de un relato vital que mixtura datos históricos con algunos momentos ficcionados (aunque muy nutridos por la realidad). En la puesta, es posible atisbar una carpeta con documentos y recortes de diario sobre esta historia de búsqueda: fue aportada por Lucía Zaffaroni, tía de Mariana.

LAS OLAS

Si bien en el registro de la prensa el caso se ha referido como una «restitución de identidad», para Mariana, protagonista del retrato, significó una revolución mucho más profunda. La pieza, estrenada el 27 de setiembre, a 50 años del secuestro, transita las múltiples aristas de un proceso de reelaboración identitaria especialmente complejo: las pruebas de ADN, el poder portar y adoptar un nombre, el asimilar una historia de origen doloroso y desconocido, el reconocer y aceptar la verdad y hacerla propia. La obra recorre momentos vitales que van de la infancia a la madurez, bien a resguardo de cualquier forma de romanticismo. Y, de a poco, el relato logra trascender aquel rostro familiar –por muchos años, el gran símbolo de la búsqueda de los familiares de desaparecidos–.

Fontán compone a Mariana en varias edades y en distintas situaciones vinculadas a la crianza posterior a su secuestro y apropiación: el encuentro con su familia de origen y las dificultades de conocer, comprender y aceptar la verdad. La actriz logra interpretar con solidez a varios de los personajes que dialogan con ella a lo largo de su historia: su familia de crianza durante el período de apropiación, la de origen en Uruguay, las diversas situaciones frente a la Justicia.

La memoria, en la puesta, se figura como olas en sueños recurrentes que remiten a distintas zonas del inconsciente: van y vienen, se acercan y se alejan, y es preciso pescar la información en cada estela, buscar mantenerse alerta mientras el agua corre y va legando pistas de un pasado arrebatado. Aun así, la pieza juega con un humor ligado a lo tragicómico, un vuelo narrativo que la historia solo consigue desde la distancia. Nuevamente, Parodi y Sosa hacen foco en la necesidad de memoria y verdad. En el programa de mano lo expresan claro, conciso: «Nos mueve la convicción de que la verdad es un valor inseparable de la construcción de la identidad, tanto personal como colectiva». La obra, que honra esas palabras, vuelve con funciones en octubre (del 22 al 25) en la Sala Zavala Muniz del Teatro Solís.

Artículos relacionados