Un regreso al siglo XIX - Semanario Brecha
Los corolarios a la doctrina Monroe: de Theodore Roosevelt a Donald Trump

Un regreso al siglo XIX

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Cómo ocurrieron precisamente las operaciones militares en la madrugada del 3 de enero en Caracas y cuáles son los verdaderos factores explicativos de su rotundo éxito son cuestiones que requerirán más tiempo para poder aclararse plenamente. De lo que no pueden quedar dudas es de que los sistemas de defensa antiaérea venezolanos estaban desactivados cuando la decena de helicópteros que transportaban a las fuerzas especiales estadounidenses sobrevolaron la capital. Las explosiones se registraron mientras los helicópteros ya sobrevolaban la ciudad y ello explica también que la guardia personal de Maduro haya sido aniquilada. Por otra parte, no parece verosímil que, en la situación de extrema amenaza que vivía Venezuela, el paradero del presidente pudiera ser detectado sin la colaboración de muy altos funcionarios del gobierno y las Fuerzas Armadas.

Sin embargo, lo realmente importante es intentar esclarecer el significado del inédito atropello cometido por Washington y comprender sus alcances, para luego ubicar históricamente la actual estrategia del gobierno de Estados Unidos hacia América Latina, bautizada sin ningún pudor como «corolario Trump» de la doctrina Monroe, y a la que el propio Trump se refirió como «doctrina Donroe».

En primer lugar, lo ocurrido no es más que la implementación de las definiciones de la Estrategia de Seguridad Nacional (ESN), divulgadas a través de un documento en noviembre. Con la brutal claridad de sus formulaciones, desnudas de cualquier formalidad diplomática, la ESN de Trump representa el más prístino de los 19 documentos de su tipo que, a partir de 1987 fueron publicando los sucesivos ocupantes de la oficina oval. También resulta central subrayar que, tanto en la ESN de Trump como en sus declaraciones posteriores al secuestro de Maduro, la palabra democracia brilla por su ausencia. Un detalle que muchos cipayos regionales y locales olvidan mencionar.

Además de haber sido un golpe de efecto dirigido a las bases domésticas del movimiento MAGA (Make America Great Again), el principal resultado del espectacular secuestro es el mensaje que la administración estadounidense dirigió al mundo y, en particular, a los gobiernos de la región: deben someterse o corren el riesgo de sufrir cualquier tipo de represalias. Para la Casa Blanca rige la ley de la selva, donde solo se respeta al más fuerte.

La ESN ubica la seguridad económica como una de sus prioridades y establece que para alcanzarla Estados Unidos debe (pág. 14) entre otras cosas «recuperar el dominio energético (petróleo, gas, carbón, nuclear)». Dicha prioridad se refleja en los anuncios de Trump y en las acciones del propio gobierno de Delcy Rodríguez con relación al petróleo venezolano.

En cuanto a la estrategia regional, el documento la resume con dos conceptos: encolumnar (enlist, en el original) y expandir. Esto es, por una parte, alinear y apoyar a aquellos gobiernos dispuestos a ponerse al servicio de Estados Unidos y de sus intereses, y, por otra –y utilizando los medios que se consideren más adecuados–, extender el dominio de ese país sobre Estados cuyos gobiernos no accedan a someterse a los mandatos de la Casa Blanca. Los objetivos son dos: expulsar a cualquier potencia extrarregional y obtener el acceso a los recursos naturales, así como a los enclaves de la región que los servicios de inteligencia y el Consejo de Seguridad Nacional estadounidenses definan como estratégicos, desde el punto de vista económico, logístico y militar. De esta forma, Washington buscará recuperar lo que define como su esfera natural de dominio.

Dos siglos de panamericanismo

Mucho se ha discutido sobre el sentido original de la doctrina Monroe. Formalmente, su contenido no fue más allá de declarar la voluntad de Estados Unidos de no intervenir en las contiendas entre las potencias europeas y de proclamar, como contrapartida, la oposición norteamericana a cualquier intromisión europea que pusiera en peligro la independencia de las nuevas repúblicas americanas; con la mención explícita de que ello supondría afectar los intereses estadounidenses. Una amenaza que, en aquel contexto, bien podría catalogarse como temeraria.

El sentido original de la doctrina Monroe surge del relato de John Quincy Adams, entonces secretario de Estado, sobre su célebre reunión con el presidente James Monroe, el 7 de noviembre de 1823. Podría agregarse que Monroe también había consultado previamente a los expresidentes Thomas Jefferson y James Madison.

Debe recordarse que el entonces ministro de Asuntos Exteriores de Reino Unido, George Canning, había sugerido informalmente al embajador estadounidense en Londres, en 1823, la firma de una declaración conjunta con el fin de disuadir a la llamada Santa Alianza –las monarquías absolutistas de Europa– de cualquier intento de recuperación de las excolonias españolas en América. Estados Unidos logró entonces contener las posibles ambiciones territoriales de Rusia, pues desde el siglo XVIII la Compañía ruso-americana ejercía el monopolio del comercio, la caza y la pesca en la costa del océano Pacífico, desde Alaska hasta California.

En definitiva, la declaración de Monroe logró varios objetivos simultáneos: evitar cualquier compromiso con Reino Unido, disuadir hasta donde fuera posible las ambiciones de los gobiernos absolutistas de Europa respecto a los territorios del Nuevo Mundo y dejar un camino abierto a futuras expansiones estadounidenses hacia el sur.

En tanto, la convocatoria de Simón Bolívar al Congreso Anfictiónico de Panamá, en 1826, y su propuesta de conformar una confederación de repúblicas hispanoamericanas fue una expresión de la preocupación en esta región frente a las aspiraciones estadounidenses de extender su dominación al sur, lo cual se concretó apenas dos décadas después, con la apropiación de Texas, en 1848, como resultado de la guerra con México. Antes de finalizar el siglo XIX, Estados Unidos ya había intervenido en Cuba y se había anexionado Puerto Rico, luego de la guerra con España.

Con dichos antecedentes, el presidente Theodore Roosevelt (1901-1909) implementó la política denominada corolario Roosevelt a la doctrina Monroe, con su célebre lema: «Habla suavemente y lleva un gran garrote». Así, con la justificación de evitar intervenciones de potencias europeas en la región, se autoadjudicó el rol de policía regional que interviene en aquellos países cuyos gobiernos fueran calificados como malos administradores o inestables políticamente, y principalmente que incumplieran sus obligaciones financieras. De tal manera, dicha interpretación de la doctrina Monroe llevó a numerosas intervenciones militares en el Caribe y Centroamérica en los primeros años del siglo XX. Es interesante constatar, sin embargo, que en dicho período Estados Unidos no logró concretar la propuesta de establecer una unión aduanera de las Américas, promovida desde 1881.

La política intervencionista de la potencia americana en la región explica en buena medida la realización de un evento de extraordinaria importancia para lo que sería el futuro derecho internacional: el Congreso Sudamericano de Derecho Internacional Privado, celebrado en Montevideo entre agosto de 1888 y febrero de 1889, apenas unos meses antes de la mencionada Primera Conferencia Panamericana, convocada por Estados Unidos, y en la que Uruguay estuvo representado por José Martí.

Ya en 1933, en la conferencia de Montevideo (Convención sobre los Derechos y Deberes de los Estados) y, en 1936, en la de Buenos Aires (Conferencia Interamericana de Consolidación de la Paz), y en el marco de su debilidad política poscrisis de 1929, Estados Unidos debió aceptar el establecimiento, entre otros, de los principios de no intervención, de autodeterminación y de solución pacífica de conflictos impulsados por la mayoría de los países de la región. Así surgió la «política del buen vecino», de Franklin D. Roosevelt.

Luego llegó la Guerra Fría, la política de implantar dictaduras y la doctrina de la seguridad nacional. A ello se sumaron las invasiones de Guatemala, República Dominicana, bahía de Cochinos (Cuba) y Haití, hasta que John Kerry, secretario de Estado bajo la presidencia de Barack Obama, declaró en 2013 que la doctrina Monroe estaba extinta.

El atropello

Los antecedentes permiten concluir que el atropello cometido por Estados Unidos en Venezuela representa el pisoteo más crudo de principios básicos del derecho internacional vigente, que tuvo en su base la voluntad latinoamericana de resistir la política intervencionista de los gobiernos del país del norte y en cuya construcción los países de América Latina tuvieron un papel central.

Finalmente, de lo expuesto resulta evidente que el denominado corolario Trump de la doctrina Monroe es una mala caricatura del viejo corolario Roosevelt. Representa el retroceso de Washington a un torpe remedo de política regional de principios del siglo XX. La diferencia más relevante es que Estados Unidos ya no habla suavemente. Solo sabe agitar su gran garrote.

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