Un señor de las tablas

Ayer, sobre el cierre del semanario, llegó la noticia. A sus 70 años había fallecido Delfi Galbiati (1944-2015), una de las figuras emblemáticas del elenco de la Comedia Nacional, a la que ingresó en 1973.

Delfi Galbiati. Foto: COMEDIA NACIONAL.

Con casi 40 años de trayectoria en la institución como primerísimo actor, Galbiati se había retirado en 2012 con la obra Príncipe azul de Eugenio Griffero, en la que compartía escenario con Levón. Como todo apasionado por las tablas, luego de su retiro continuó trabajando y se lo pudo ver en obras como Los invertidos, puesta del clásico literario del Río de la Plata dirigida por María Varela en el Teatro del Anglo, y Visitando al señor Green, con la dirección de Franklin Rodríguez en el Teatro del Centro.

Galbiati se acercó al teatro desde muy joven y, aunque su vocación inicial era ser piloto, comenzó a enamorarse de la escena en el grupo del liceo nocturno del colegio Sagrada Familia dirigido por Olga Baldomir. Antes de ingresar al elenco oficial fue integrante del Teatro Moderno (1963-1966) y del Club de Teatro (1966-1972). Ya como actor de la Comedia Nacional viajó a varios festivales en España, entre ellos los de Cádiz, Mérida y Almagro.

En su larga trayectoria interpretó un sinnúmero de personajes, tanto clásicos como contemporáneos, y trabajó también para radio y televisión. Se lo recuerda por su trabajo para los cuatro canales abiertos, por su incursión en el cine ­–El infierno tan temido (1981), dirigida por Raúl de la Torre, y Sangre del Pacífico (2009), de Boy Olmi, en la que compartió elenco con China Zorrilla– y su sostenido trabajo por diez años (1968-1978) en el radioteatro del Sodre. Dueño de una prodigiosa voz, también se desempeñó como locutor de la Emisora del Palacio FM (1975-1992).

En su extensa carrera interpretó diversos personajes en más de cien títulos, entre los que se recuerdan sus potentes roles en versiones de Shakespeare como El mercader de Venecia con dirección de Eduardo Schinca (1978), el Otelo de Jaime Yavitz (1976), y el Macbeth que dirigió Mario Ferreira (2009), así como su participación en títulos y puestas contemporáneas (Calibre 45 de Sergio Blanco y dirección de Alberto Rivero (2003) y Atentados de Martin Crimp con dirección de Mariana Percovich (2001), obra en la que compartió escena con su hijo y compañero de elenco Fabricio Galbiati.

Fue distinguido por su labor tanto por sus compañeros como por la crítica y recibió el premio Florencio en cinco oportunidades –como actor de reparto en Lástima que sea una puta de John Ford dirigida por Levón (1997), y en rol protagónico por Dostoievski va a la playa de Marco Antonio de la Parra dirigida por Luis Vidal (1993), entre otros–. Se formó con maestros como Alberto Candeau y fue también docente y formador de nuevas generaciones en arte escénico en la escuela del teatro La Gaviota.

Por su elegancia masculina fue encasillado inicialmente en la figura de galán (supo ser también modelo publicitario en una época pionera), pero pronto pudo escapar de esa etiqueta para desarrollarse en sus múltiples facetas. Desde las tablas siempre será recordado por su talento actoral y por su gran capacidad de trabajo. En esta breve reseña Brecha se suma al fuerte aplauso con que lo homenajea toda la comunidad teatral, y promete una nota más extensa para su próxima edición.

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