Uruguayos en la guillotina

El número 26 de la revista Vericuetos, editada en París, está dedicado por entero a la literatura uruguaya. Lo que nadie esperaba de esta extraña revista es que fuera un juego cercano a la línea del fraude, un bluff, una publicación que de francesa no tiene nada.

Vericuetos Nº 26

Hace unos días la prensa local dio la noticia: el número 26 de la revista Vericuetos, editada en Francia, está dedicado por entero a la literatura uruguaya y tiende un puente con París. Rodeada del toque chic que le da El País a sus notas, la noticia levantó expectativas en nuestra permeable sociedad literaria. Aunque algo sugería, de entrada, que este desembarco de los orientales no iba a ser la toma de la Bastilla, nadie podía suponer que se trataba de esto, un juego cercano a la línea del fraude.

La revista fue presentada en una casona emblemática del boulevard Saint-Germain, en el pasado diciembre, con el apoyo de nuestra embajada, en un “conversatorio” parisino que ahora, con esta increíble publicación a la vista, nos llena de una malsana curiosidad. Vericuetos 26 acaba de llegar a Montevideo como un presente, antes que francés, griego. Imponderable, absurda, “viene a llenar –dice el cronista Alejandro Michelena en su introducción– un vacío de larga data en cuanto a la presencia en París y en Europa –como colectivo– de todo el corpus literario producido en el Uruguay”.

Ya en la tapa y en las primeras páginas da indicios de su factura. Es la excelencia puesta al revés: la publicación hace perfectamente todo aquello que un editor, un diagramador y un corrector no podrían hacer jamás si tuvieran pudor y un mínimo respeto a su trabajo. Cuando se esperaba una revista literaria con una distinción francesa en las maneras, no una nueva Licorne pero sí algo por lo menos decoroso, llega este libro elemental, descuidadísimo, lleno de erratas, incómodo por la manera en la que acumula los textos y los dispone en la más blanca y desierta página. Ya se sabe que, a falta de atractivos sensoriales a la vista, buenos son los atributos de la inteligencia, pero lejos está Vericuetos de mejorarse agregando, por este lado, algún matiz. Se anunció como una revista bilingüe y no es sino una masa castellana por completo, impresa en Colombia con un título de portadilla, en francés (“Écrivains et Poètes de l’Uruguay”), que parece expresar otra vez que los poetas dejaron de ser escritores.

La antología reúne 52 firmas en sus páginas (véase recuadro) y tres responsables de la primitiva edición: el director Efer Arocha, la diagramadora Libia Acero-Borbón y el compilador del número, Alejandro Michelena. Sobre este último recae la deuda literaria y la causa nacional, la representación del país, pues es el uruguayo que hizo la selección de los escritores y el enlace con Arocha –novelista colombiano, autor de Quitándole el punto a la i, un casi diplomático radicado en París–. El editorial de Vericuetos (un texto de 4 páginas) merece la cita: “El nombre Uruguay se encuentra entre los más bellos dados a un país latinoamericano –escribe el director Arocha–. Deriva su nombre del río Uruguay, término de origen guaraní, que significa canto de un ave canora conocida como Urú. Esto ha permitido tejer muchas explicaciones empezando por Juan Zorrilla de San Martín que tiene su propia interpretación”. A continuación Arocha da una referencia al lector, un presunto francés: “la nación está ubicada en América del Sur, al sur de Brasil y al este de Argentina”. Habría que buscar mucho antes de encontrar un antecedente del mismo porte que esta introducción. Junto a los datos geográficos generales, el director de Vericuetos da la cifra de la superficie en quilómetros y el número de los habitantes del Uruguay (además de decir cuál es la capital), y se obliga a despejar dudas: “Su idioma oficial es el español; no obstante en la frontera brasileña se habla un dialecto que es una mezcla de español y portugués, denominado localmente portunhol”. Sigue con una típica descripción racial: “Numerosos especímenes presentan una blancura nívea que se confunden con los tonos nórdicos”.

Así empieza el prólogo del agramatical e indocumentado Arocha a esta selección de escritores uruguayos. Los cuatro párrafos que ocupa para expresarse sobre literatura e historia (mezcla a Rodó, Quiroga, Zorrilla y Galeano, y suma unas bárbaras listas) fueron escritos para llorar: “En el ámbito de la novela hay una representación significativa, uno de ellos es Juan Carlos Onetti, autor de una abultada obra, entre las que se cuenta La Batalla y el Pozo escrita en 1939 cuyos contenidos son una crítica a William Faulkner y al existencialismo (…) Siendo miembro del jurado en un concurso del semanario Marcha, se le ocurrió hacer unas ilustraciones sobre un texto de Nelson Marra que criticaba la dictadura de José María de Bordaberry, actitud que lo llevó a la prisión”. Esto no es todo. Con la misma sintaxis antiacadémica, Efer Arocha juega fuerte la última carta: una loa excitada, vibrante y sanguínea a José Mujica, de quien reseña la trayectoria política y concluye: “es un poema que camina sin brechas ni senderos” (?). Y se despide, con un canto a la humanidad, de este teatro en el que hace actuar a sus víctimas, los escritores uruguayos.

PARIS PLAISIR. La indignación es grandísima y recién se está en la página 14 de un volumen de 262. En tándem con Arocha, Michelena, “A modo de introducción”, se ubica un poco por fuera de los barbarismos intelectuales de su precedente, pero no tanto, pues comete otros rigurosos errores. Hace de crítico literario y representa al ex país de los críticos, funge de traductor cultural de Uruguay en Francia y sólo logra aumentar el desatino, la vergüenza de esta revista. El ensayo de Michelena se presenta como apuesto y serio y abre con un enunciado dicho siempre, como si sirviera de algo, cada vez que alguien presenta una antología, una muestra o como quiera llamarse: toda antología “es relativa y arbitraria”. Por supuesto, sí, claro que se acepta esa tautología: una selección es una selección. Para encabezar esta clase de libros, los antólogos, incluidos los profesionales, incluidos los profesores de carrera, comparten las simplicidades de Michelena: “siempre será posible comprobar ausencias y presencias debidas al gusto o disgusto de los compiladores”, “toda antología es arbitraria desde el momento que hay que elegir un lapso de tiempo que la defina y limite”.

En cuanto a este punto, la práctica y la discusión del fútbol le lleva grandes ventajas a la literatura: ningún seleccionador pierde tiempo en decir que su plantel es relativo y arbitrario, no se detiene a enumerar disquisiciones de ese orden. Simplemente elige las piezas, arma una estrategia, sostenida o no, saca las garras y entra en el juego. En literatura (ese sistema enigmático que nadie entiende) se pone en duda que existan diferencias entre la primera y cuarta división, para empezar, luego se explica todo (historia y reglas) como si fuera la primera vez, se repite lo que tantas veces y de las más variadas formas ha sido dicho ya, en París o en Montevideo, da igual. Ante el regresivo panorama crítico de la revista Vericuetos, ¿la selección uruguaya gana o pierde? Ninguna de las dos cosas: ni siquiera entra en competencia. Sólo confirma el provincianismo, el aislamiento y la inexistencia cultural –no sólo literaria– en la que el Uruguay ha caído justamente de los ochenta a esta parte, en el período en el que esta revista pergeñada por Alejandro Michelena quiere intervenir para tapar el hueco, para seguir las huellas europeas de los ilustres uruguayos que el director Efer Arocha conoce de oídas.

Esto no es una antología, se aclara, es una “muestra”. Esto no es lo que quería ser. Esto es un remache, una broma infinita. Un editor puede no decir nada, con toda legitimidad, y entregar su lista de nombres y de textos, o puede dar razones para su antología y describir su contenido, que es por lo que Michelena se inclina. La justificación del año de partida, 1980, dice perezosamente las circunstancias políticas sabidas de aquel Uruguay. Aunque reúne 52 escritores, la “limitación de páginas” de Vericuetos lo llevó a una selección “acotada”. Es, por supuesto, una antología generosa y plural. La idea de la introducción de la revista está dada por el reconocimiento del campo: “un ámbito cultural signado por lo audiovisual, las nuevas tecnologías de comunicación, la a veces dramática inserción en un mundo cultural globalizado, y en muchos casos la no contradictoria reafirmación de identidades a variado nivel”. Otra vez, como Arocha, se habla de un país casualmente ligado a la historia de Occidente, una isla remota en las afueras de los mares de Madagascar: “El período arranca con la irrupción en el país de la televisión a color, y al poco tiempo se instaló el fenómeno del video, y muy poco después los cd a los que siguieron los dvd; lo audiovisual irrumpiendo como nunca en la vida cotidiana y en la formación de las mentalidades”.

Para “redondear” el prólogo, Michelena hace algo impresionante: por orden alfabético, y a oración seguida, le dedica una “ligera pincelada” a cada uno de los escritores reunidos. Es aquí donde el lector no puede dejar de admirar la firme decadencia con la que funciona nuestro viejo astillero literario, nuestras maquinarias paradas y llenas de óxido. Hacía demasiado tiempo que alguien no escribía, entre los ensayistas uruguayos, tantas líneas seguidas llenas de florilegios y a guitarra libre. No queda claro si este proceder es un reconocimiento o un ajuste de cuentas (a lo sicario) de Michelena a cada uno de los escritores que se prestaron al bluff de París. Al final del texto el lector debe dejar de creer que está ante una malísima y desajustada versión uruguaya del humor surrealista pues el antólogo cree, y lo escribe, que esta Vericuetos 26 hará conocer en Francia una buena parte del “corpus literario” desconocido más allá de nuestras fronteras en los últimos 30 años.

Siguen, por fin, los poetas por orden alfabético y después los narradores. Los textos, algunos muy buenos, se arruinan al comparecer en estas páginas. Para descansar y recobrar el aliento entre un escritor y otro, la diseñadora Libia Acero-Borbón cometió otro crimen al poner en página las reproducciones de trabajos plásticos (mucho borroso pastiche, mucha parodia del universalismo constructivo) que seleccionó Michelena o quizá el pintado Efer Arocha. El desastre visual de Acero-Borbón se completa con una crueldad de antología: exportar fotos pixeladas de los escritores, bajarlas de Google, copiarlas y llevarlas a la fuerza al papel, a veces estirándolas hasta deformar las proporciones de caras simpáticas y conocidas, como sucede en algunos casos. En otras fichas de autor, originalísimas, a falta de retrato Vericuetos decidió publicar la foto de una mesa de bar con tres personas (uno de ellos es Horacio Mayer junto al propio Michelena, joven), incluso una mesa universitario con cuatro (uno es supuestamente Daniel Vidal) y un público de espaldas. En el mejor ejemplo de esta hazaña se ve, en una típica “composición social”, una línea de personas en la que hay que adivinar quién es el poeta Eduardo Roland, al que refiere la ficha. En esa fila se reconoce (con lupa) a Óscar Gómez, Tatiana Oroño, Jorge Arbeleche y, quizá, demasiado oscura, María Simon.

La suma del apartado de fichas de autores se parece, a primera vista, a las necrológicas de los diarios de provincia. Quizá es un efecto buscado. Es un ritual de despedida, de alta condena, de liquidación lo que hizo Alejandro Michelena con sus escritores. Los juntó para esta quemazón viva, para este inolvidable y soberano ridículo entre Montevideo y París.

Literatura uruguaya contemporánea. Compilación de Alejandro Michelena. Vericuetos número 26. Éditions Vericuetos, Chemin Scabreux, París, octubre de 2014. 262 págs.

Efer Arocha dixit

 

“Pepe Mujica, actual presidente, elegido democráticamente, es una personalidad de connotación mundial que infunde profundo respeto en todos los lugares internacionales donde ha asistido; por sus conceptos sobre distintas temáticas, que no solamente son oídos sino también aplaudidos. Su modestia y austeridad personal son proverbiales, él ha continuado viviendo en su casita de siempre realizando todas las actividades domésticas con su compañera sin la intervención de respeto en todos los lugares internacionales donde ha asistido; por sus conceptos sobre ningún tipo de empleado. La casa que la república tiene destinada a los presidentes, donde hay una decena de servidores, no la ha usado nunca, consecuencia de su coherencia política, donde el pensar en el plano ideológico y filosófico refrendan con la acción práctica de lo individual y de lo social. Fenomenología de la ética política, que se constituye en un paradigma del buen gobernante que puede salir a la calle sin guardaespaldas y sin el temor a ser irrespetado porque lo acrisolado de la dignidad humana es su escudo protector. Esto es lo que le ha permitido ganar la admiración y el aplauso de hasta sus propios enemigos y detractores, de ahí que él es un poema que camina sin brechas ni senderos, y sus actos poesía en favor de los excluidos del planeta.”

La lista olímpica de Alejandro Michelena

 

Agamenón Castrillón, Enrique Bacci, Álex Piperno, Alicia Preza, Álvaro Ojeda, Andrés Estevan, Andrés Echevarría, Claudia Magliano, Daniel Cristaldo, Daniel Vidal, Diego Rodríguez Cubelli, Eduardo Roland, Elbio Chitaro, Horacio Mayer, Isabel Barreiro, Ingrid Tempel, Isabel de la Fuente, Juan Manuel Sánchez, Jorge Pignataro, Juan Pablo Pedemonte, Julio Inverso, Lalo Barrubia, Laura Chalar, Laura Inés Martínez Coronel, Luis Bravo, Luis Pereira, Gustavo Wojciechowski, Mariella Nigro, Melisa Machado, Mónica Marchesky, Nidia di Giorgio, Roberto Mascaró, Sandra Míguez, Silvia Guerra, Silvia Martínez Coronel, Suleika Ibáñez, Sylvia Riestra, Adolfo Guidali, Andrea Blanqué, Cecilia Ríos, Horacio Cavallo, Ignacio Martínez, Inés Bortagaray, Lilián Hirigoyen, Marcia Collazo Ibáñez, Pablo Dobrinin, Nelson González Casaravilla, Pablo Silva Olazábal, Paola Gallo, Silvia Larrañaga, Sofía Rosa, Sofi Richero. Los igualmente maltratados ilustradores son: Nelson Romero, Hernando Fornasari, Nelson Avdalov, Norman Montreil, Pierre Fosey, Gabriel Bruzzone, Julio Mancebo, Marcelo Larrosa, Alfredo Riboira, Domingo Ferreira, Leandro Soria y Diego Batista.

 

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