Vacas en blanco y negro - Brecha digital

Vacas en blanco y negro

La abrupta baja del precio internacional de la leche en menos de un año generó la crisis. La sequía no deja crecer las praderas, y la dieta de las vacas basada en raciones supera en costo a las ganancias. En estos últimos tres meses, tamberos grandes y chicos sacan dinero de otros rubros para producir la leche.

Foto: Andrés Cuenca

En el centro del departamento de San José, entre caminos que se hicieron por el paso de las carretas, está el tambo de la familia Pesando. Son bisnietos de productores lecheros y actuales generadores de la materia prima de uno de los rubros más importantes en las exportaciones. Varias fracciones que llegan a sumar 45 hectáreas son el campo para 89 vacas, y el hogar de tres familias que hoy están trabajando más que nunca. “Porque de la crisis se sale a base de sacrificio. Hay que ajustar el cinturón, mantener activo el capital y esperar, hemos pasado por miserias mucho peores”, contó el productor José Pesando.

El otoño de 2014 recibió a los lecheros uruguayos con bajas en los precios internacionales de la leche en polvo. A nivel mundial se comenzó a producir más, y a su vez las ventas a los cuatro mercados más grandes –China, Rusia, Venezuela y México– cayeron. En marzo de este año se consolidó el otro factor crítico: las escasas lluvias no permitieron que las pasturas se desarrollaran. La seca se adueñó del suelo y no hay pasto para que las vacas coman; para algunos productores el costo de la ración del ganado es equiparable a lo que les paga la industria por su producción de leche.

Los abuelos de José Pesando fueron los que adquirieron el predio originario. Después vinieron él y su hermano. Por años trabajaron juntos, “nos dividimos justo en la crisis de 2002, y ahí sí que la pasamos feo”, cuenta mientras rezonga a uno de sus perros. El animal que se duerme al sol después de correr gallinas, no entiende los problemas por los que pasa el hombre que lo manda a sentarse y quedarse quieto. “Al peón lo tuvimos que mandar al seguro. La cosa está justa, justa, y no hay nada peor que trabajar y que después te digan que no te pueden pagar.” Las medidas son drásticas, y aunque a veces sus problemas de columna lo paralizan de dolor, a las 6 de la mañana José ya está en la sala de ordeñe con su hijo.

La última gran crisis consolidó otro tambo familiar. “En 2002 hablé con mi hijo y le dije que se viniera a hacer el tambo a las casas. No había sueldo, ningún tipo de estabilidad. Si perdía él, perdía yo también.” El único hijo varón del matrimonio tambero tiene el mismo nombre que su padre. Vive al frente de la construcción donde se crió, en una casa rosada que combina con el celeste de arriba pero se opaca con lo seco de las praderas. La matrícula de Conaprole que era del padre ahora es del hijo. El tambo creció, y de 30 vacas pasaron a 89.

La sequía los agarró con algunas reservas: “compré sorgo y también hice fardos”. Dos fuentes de proteínas, uno de los parámetros que Conaprole usa para establecer el precio que paga por litro de leche a cada productor. El precio promedio del mes de mayo para su tambo fue de 9,01 pesos por litro, mientras que el general que se maneja es de 8,10 pesos. Este valor depende de los niveles de grasa, proteína y cantidad de células somáticas, que son los tejidos que se desprenden de la ubre de la vaca cuando está por consolidar una enfermedad.

La leche no se paga sólo por litro, y para generar una buena ecuación además de la alimentación entra en juego la raza. “Nosotros tenemos casi todo Holando, probamos con otras razas pero tuvimos problemas”, explica Pesando, que en su tambo se vale de inseminación artificial para reproducir el ganado. Él mismo estudió el oficio de inseminador, después de que un alambrado lo salvara de un toro. Su predio lo pueblan las clásicas vacas blancas y negras, raza que representa el 83 por ciento del rodeo lechero nacional.

El productor contó a Brecha que alimenta bien a su ganado, y aunque hoy en día están sacando dinero de otro rubro para que todo funcione, dice que es la única opción. “Si dejás de darle de comer, o le das menos ración, rompés la cadena. Entonces esa vaca ya no te va a dar buena leche.” Si bien en este tambo no optaron por dar menos ración para ahorrar costos, escatiman en todo. Las vacas viejas o las muy nuevas, aunque estaban en período de dar leche, las retiraron de la sala de ordeñe y les dan menos comida. No les ingresa mucho dinero por las remisiones a Conaprole, y el que entra se les va en descuentos por compras de fertilizantes, insumos de limpieza y nailon para ensilar los granos, pero llegan con lo justo a pagar la factura de Ute.
La gramilla quemada por la seca y vuelta a chamuscar por las heladas rodea un puntito verde de unas pocas hectáreas “que hasta el momento podemos mantener a riego”. El agua es un problema en la zona de Colonia Italia. Pesando instaló bebederos en cada parcela, así el animal la tiene a su disposición. “Nos ayudó el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, y pudimos hacerlo. Las vacas no tomaban el agua de los arroyos porque está contaminada.”

Y eso no pasa sólo en su predio, en toda la zona donde “antes nos bañábamos, ahora no hay ni un pez”. Esos mismos arroyos que cuando llueve de golpe unos 70 milímetros cortan los pasos y aíslan a los vecinos de las rutas nacionales, hoy están muertos. El productor explicó que escurren hacia ellos las aguas servidas de la ciudad de Libertad, y que las fábricas de la zona (entre ellas un lavadero de lana), vierten sus efluentes a los cursos.

Para José, que nació y se crió en el departamento de San José, las crisis son cíclicas, y hasta se ríe cuando detalla cómo la artrosis y sus 64 años no le sacan las ganas, sino que sólo lo frenan en algunas maniobras de fuerza. “Sigo trabajando, lo único que puedo hacer es optimizar la producción y reducir todos los costos. Nadie me va a decir que me fundí por haragán.”

DUEÑOS DE LOS MEDIOS DE PRODUCCIÓN. “Las empresas tienen fines de lucro, no les dan los números y se van del país. Tienen filiales en otras partes del mundo, pero Conaprole no se puede ir”, explica el presidente de la Asociación de Productores de Leche (Anpl), Rodolfo Braga. Los precios internacionales de la leche en polvo pasaron de 5 mil dólares la tonelada a los actuales 1.848, según las liquidaciones de la cooperativa neozelandesa Fonterra, que posee más del 40 por ciento del mercado internacional. Estos ajustes a la baja fueron la razón de que dos industrias de capitales extranjeros se fueran de Uruguay.

Para Braga, como para otros productores agremiados, la lechería es un sector que funciona como una cadena sólida: “todos tiramos para el mismo lado”. Esto no se ve en el rubro cárnico, donde el productor tiene que aceptar el precio del intermediario, y éste a su vez está preso de lo que los frigoríficos le imponen.

La gran ventaja del sector lechero –que ocupa en su fase primaria a 14.500 trabajadores– está en que los que generan la materia prima son los dueños de los medios de producción y también del producto transformado. Según Braga esto es sencillo: la lechería está basada en un sistema cooperativo, por eso ningún productor integrante de alguno de los órganos directivos de Conaprole va a querer perjudicarse a sí mismo.

El 4 de febrero la empresa Ecolat decidió cerrar. La firma que tenía su planta industrial en Nueva Helvecia, hasta el año pasado recibía el 7 por ciento de las remisiones totales de leche del país, según datos del Instituto Nacional de la Leche (Inale). En junio se retiró Schreiber Foods, empresa que en 2014 llegó a recibir el 4 por ciento de la producción de leche.

Los productores que remitían a estas dos empresas que cerraron alcanzaron una solución parcial. Las gremiales lograron que otras industrias recibieran su leche, al menos por un tiempo. Desde Conaprole se explicó que por el momento reciben la leche de estos productores, pero que al no ser integrantes de la cooperativa no tienen acciones ni ningún otro tipo de beneficio. Personas vinculadas a las gremiales lecheras, así como técnicos que trabajan con tamberos, contaron a Brecha que el problema de estos productores está en la sanidad. Como no usan los mismos parámetros de control de calidad que Conaprole, tendrán que trabajar para poder alcanzarlos, si es que quieren integrar la cooperativa.

Desde las gremiales lecheras se critican con dureza los beneficios que el gobierno les dio a estas empresas que se fueron. Braga, que tiene un tambo familiar, más que golpear mesas por lo injusto de la situación, golpea las puertas de los despachos de las autoridades: “Ese dinero se lo deberían dar al sistema cooperativo, porque cuando cierran las empresas es el que se encarga de absorber a los productores que se quedan con el capital parado”.

Lo mejor del sector, en opinión del presidente de la Anpl, es la cooperación. Conaprole tiene un sistema de ahorro por el cual ha podido mantener el actual precio de 8,10 pesos por litro de leche, a diferencia de otras industrias, que pagan un promedio de 5,5 pesos. Los productores que remiten a la cooperativa que el año pasado generaba el 68 por ciento de la leche en bruto, según el último informe “Situación y perspectivas de la lechería uruguaya” (del Inale), eligieron por medio de sus representantes generar un fondo común para usarlo en futuras crisis. Técnicos de Conaprole detallaron que esto se hizo cuando se abrieron nuevos mercados, y al comenzar a ingresar más capital se decidió mantener el precio al productor que el mercado imponía, y ahorrar el resto para una futura crisis.

El lechero es un rubro sacrificado, respecto del cual muy pocos analistas arriesgan su opinión. Un informe de la Unión Europea presentado en junio es drástico y recomienda cambios estructurales en el sector. Pero la lechería crece todos los años: en promedio Uruguay pasó de producir 1.245 millones de litros en 1998, a los actuales 2.300 millones de litros con los que cerró el año 2014, según información del Inale. Aun en el contexto actual se produce más, y en el balance de junio que realizó Conaprole se registró un 6 por ciento más de leche que en igual período del año anterior.

El sector subsiste gracias a las ventas al exterior. El año pasado se exportaron 1.544 millones de litros de leche, y se consumieron sólo 600 millones en el mercado local. El 67 por ciento de lo remitido a las plantas de procesamiento se exporta, y en el año 2013 la lechería exportó por un valor de 823 millones de dólares. La realidad muestra que este año no va cerrar con esos números, la seca encarece los costos de producción, los productores se endeudan, las industrias se van del país, pero en Uruguay los tambos siguen la rutina y dos veces por día las vacas desfilan por las salas de ordeñe.

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Ellos reclaman

 

Son unas 20 mil personas las que dependen de los tambos, y desde que la crisis se instaló las gremiales lecheras comenzaron a pedir apoyo financiero al gobierno. “Fue en lo primero que empezamos a trabajar”, explica Rodolfo Braga, presidente de la Asociación Nacional de Productores de Leche (Anpl). La gremial solicitó la rápida implementación de un fideicomiso en el mes de junio, pero recién esta semana el Poder Ejecutivo envió el proyecto de ley al Parlamento, por medio del cual el sector lechero recibirá 100 millones de dólares. Luego de unos meses de gracia, todos los productores tendrán que pagar este préstamo que se amortizará en siete años. El proyecto incluirá algunas modificación respecto de los dos que lo antecedieron, como forma de solucionar los problemas que hubo con el último Fondo Lechero que los productores terminaron de pagar en agosto de 2014.

 

Las soluciones más urgentes pasan por lo financiero, pero Braga explicó que hoy ya se pueden atacar los costos de producción, por eso solicitaron a Ute la exoneración del pago de los primeros 500 quilovatios que usen los tambos.

 

El viernes 10 de julio otra de las gremiales grandes, la Asociación de Productores de Leche de Florida, emitió un comunicado y en asamblea le solicitó al gobierno que bajara los costos de todos los servicios y productos que dependen del Estado: sobre todo pidieron que Ancap dejara el precio del gasoil en un dólar.

 

La primera medida que el Ministerio de Ganadería puso en funcionamiento fue la entrega de raciones para terneros y de cascarilla de soja para alimentar a las vacas. Los productores comenzarán a pagar esta alimentación el año que viene. Otra de las resoluciones que facilitaron la liquidez de los pequeños productores arrendatarios fue que el Instituto Nacional de Colonización aplazó los vencimientos de pago de la renta. “Nadie les regala nada a los lecheros”, deja en claro el presidente de la Anpl.

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Los grandes

 

Hace más de una década empezó con 300 vacas, hoy tiene un tambo modelo. Los animales entran y salen por una pasarela de piso de hormigón lustrado, las máquinas funcionan casi solas, los empleados se rotan en las tareas, y en el mismo período del año todas las vacas tienen terneros. Daniel Laborde es el propietario de un tambo de más de mil vacas en el departamento de Flores, es doctor veterinario. La falta de pasto lo afecta, pero con seguridad dice que los más perjudicados son los productores chicos o medianos, los que están endeudados y hace meses están vendiendo su ganado para poder pagar los costos de producción.

 

Las 40 bajadas de la sala de ordeñe son con retiro automático y sellado para las enfermedades de las ubres de vacas. “Lo único que tiene que hacer el personal es colocar las pezoneras, porque después se desinfecta y se salen solas”, explica el productor, que busca que su tambo trabaje con la máxima eficiencia. En los picos altos llega a producir entre 26 mil y 28 mil litros por día, pero esto ocurre en octubre, cuando el verde del pasto se cruza con un lote grande de vacas recién paridas.

 

“Estoy perdiendo dinero todos los días, y aún no ha llegado lo peor”, afirma el productor. Mantiene la producción usando raciones concentradas: “Si tuviera pasto sacaría más leche y bajaría notoriamente los costos”. Laborde pone en litros la cuenta de sus gastos: si una vaca produce en promedio 20 litros diarios, lo obtenido por 15 de ellos se gastan sólo en la alimentación. A estos gastos hay que sumarles los otros costos de producción: combustible, sanidad, electricidad y sueldos.

 

Los tambos grandes, como el de Laborde, tienen mucho más margen que los familiares, acceden a préstamos, tienen asesores para la toma de decisiones y riego para las pasturas. Además pueden dejar de ordeñar el ganado que produce menos, dividir los lotes de vacas en distintos tambos o diferenciarlos por el tipo de alimentación. La estrategia principal de Laborde es no dejar de alimentar al ganado: “porque la vaca se funde, y después cuando haya disponibilidad de pasto no va a hacer un pico de producción”.

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