Vai caí

La carretilla1 tenía cruzado la subida del aeropuerto. Los dos niño voltando de su repartida de leche. El dejarse llevar por la yegua Mora, el mirar alredor, tranquilinfancia, los tarro vacío se sacudindo en los pozo. El sol de febrero isquentando la calle, fumacienta.

Rumbo a la Colonia Rivera, los lecherito tenían parado en el Matadero, levantar achura pra los porco. Tres tacho. Era en los tiempo en que se regalaban las achura.

Cuando el avión remontó vuelo, se escuchó un ruido como de cachila vieja, como de motor que le duele algo y no quiere seguir. Las ala se hamacaban, un lado y otro, como diciendo que no y que no. El Beto y el Quero frenaron la carretilla. En aquellos tiempo, sin televisión ni nada, ver salir un avión era como incontrar a Dios. Se apoyaron en el alambrado, una pierna para adelante, el asombro en los ojo, los ojo en el azul bien limpito del mediodía. Siguieron el avión dando la vuelta por arriba del pueblo, el estralar girando para la derecha. Trambaleando. Se sacudindo como un caballo que no quiere. Fue ahí que el Quero dijo: ese avión vai caí .

Fue un de repente. Un viernes interrompido. La gente que arrecién tinha despedido sus familiar, ía saliendo del aeropuerto. Todos haciendo visera con las mano. Bombiando el retornar del avión por arriba del Chiflero, como si se tivese isquecido de algo. Los dos niño en el alambrado. La yegua pastando. Un vecino de allí cerca, también salió buscar el ruidaje del cielo de su patio.

El tartamudeo del avión desapareció entre los cerro, en un ya está. Solo faltaba lo peor. Mas intonce, se escuchó una acelerada, como de motor a fondo en una subida, y el avión apareció, casi parado, estirando el pescuezo, buscando algo. Pero no adiantó. Como en las historia inacontecible, como de no creer lo que uno istá viendo, el avión se vino de pico y de costado, un ala rascando el suelo. Un segundo eterno que los niño, cuarenta años despós, siguen viendo como si fuera hoy. Y después, lo que ni da para contar. La bola de fuego, la rebentación, los pariente en el frente del aeropuerto, se agarrando la cabeza, gritos de lágrima, saltando los alambrado, corriendo campo afuera, rumbo a lo desesperante.

La yegua se asustó y salió sacudindo la carretilla en el pedregal. Ruido de tarros vacío. Achuras que saltan de los tacho y se isparraman por la calle. El Quero frenó la yegua y ató ella en el alambrado, pero el animal no quería mirar. Aquello era mucho. La calor, el estrallar de lata y plástico, la realidade pipocando. Nadies tenía llegado en la tragedia, solo los dos lecherito de la Colonia Rivera. Pero no se animaron cruzar el alambrado ni se acercar en el fuego que aumentaba febrero.

Y despós… las lengua que se desenrolan y uno ya no sabe qué es cierto y qué es fofocación. Con el tiempo, los recuerdo cambian de tamaño.

Se escucha quel avión de los milico cayó por el peso del contrabando. ¡Las vez que no podían remontar de tanto bagayo! ¡Atiraban los fardo de bebida arriba de la pista! Dicen que dicen que la investigación duró tres día, y que despós, abriron un pozo, interraron las prueba junto con los pedazo del avión. Tumba de olvido. Otros, que parece que uno de los piloto era hermano del piloto que tenía muerto en los Ande. O que una familia perdió las tres hija. O que un general llegó en último momento y hizo bajar a una mujer con sus dos hijo, porque él tenía que viajar bien cómodo rumbo a la muerte. O que el olor a carne quemada duró una semana y que la gente ía en el Gimnasio Municipal, onde llevaron los cuarenta y cuatro cuerpo, buscar una medallita, un anillo, algo que dijera el nombre de esos resto. O que enseguida que el avión despegó, el piloto avisó que dio pane, dio pane, dio pane…

Por decir fútbol

El Beto ainda se despierta cheirando el humo negro, viendo los bombero con unos gancho largo, separando las lata, queriendo salvar lo insalvable, arenando porque la agua no apaga. Se acuerda que, al principio, no había quién llegara cerca. ¡El infierno! Y despós, las sábana blanca onde ían atirando lo que podían, y el blanco se manchando de algo parecido a la sangre. Se lembra que era un diez de febrero y que ese año suspendieron el carnaval. Relembra que, con su hermano Quero, eran unos gurí que voltavan de su repartida de leche, y que cuando se dieron cuenta, tuvieron que volver por la carretera, levantar las achura que tenía caído en la disparada de la yegua, y que los familiar que venían corriendo, cuando veían las achura, decían: Óia, qué horrible. ¡As tripa da gente!

1. En Artigas, carretilla es un carro tirado por uno o más caballos.

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