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Vapor del foso de la muerte

Durante una década, entre 1955 y 1965, John Alec Baker, el encargado de la Asociación Automovilística de Chelmsford, capital del condado de Essex, al este de Inglaterra, se dedicó a observar y registrar la presencia de halcones peregrinos en la región. Sus apuntes le dieron forma a “El peregrino”, un volumen de 200 páginas que reescribió cinco veces y que llevó al cineasta Werner Herzog a afirmar que “cualquiera que ame de verdad la literatura o el cine debe leer este libro”.

Foto: Afp, Loic Venance

Hay escritores que forjan su impronta de espaldas a los goces y miserias del mundillo editorial, leudando la obra sin aspiraciones de trascendencia ni afán de gloria y fortuna. Su escritura sigue un cauce propio, despreocupada de las modas, los temas y los vericuetos sociales de su época, como si el presente que les tocó vivir fuera apenas una contingencia más, al igual que el futuro que se acerca y el eco que hallarán sus textos en esa cosa difusa llamada posteridad. Cada vez hay menos escritores de esos, pero los hay. John Alec Baker (1926-1987) es uno de esos casos, y la reciente publicación en español de su libro “más famoso” representa un auténtico acontecimiento.

Durante días, semanas, meses, años enteros, Baker, un sujeto rechoncho y de gafas, a veces a pie y otras en bicicleta, ...

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