Versiones e intervenciones

El estilo de Fernando Cabrera no dejó de evolucionar, convirtiéndose en algo sin parangones, que de pronto se sirve de la intimidad y de la apropiación para darse la libertad de visitar las canciones con un llamativo y provocativo extrañamiento.

Parecería que el nombre de pila era lo único que tenían en común Eduardo Mateo (1940-1990) y Eduardo Darnauchans (1953-2007). El primero era afro-brasileño-hindú-candombero, llevaba la vida y el talento de un músico-músico, tenía asumido que su voz no era melodiosa, sus letras funcionaban en un ámbito apartado de la poesía escrita, su pensamiento era ajeno a la política partidaria y evitaba como un tabú referirse a la muerte y a la soledad. El segundo estaba mucho más cerca del folk, la canción europea antigua y la de su época, tocaba en la guitarra sólo lo imprescindible para preservar su personaje de cancionista, llevaba la vida más bien de un poeta, era comunista entusiasta y tenía atracción por asuntos mórbidos. Quizá el único terreno común era la afición por los Beatles, pero esto es tan amplio que no vale. Nunca grabaron juntos, y hasta donde sé nunca tocaron juntos en vivo.

Es curioso, entonces, que las músicas de ambos hayan confluido en algunos músicos importantes de una generación posterior, muy especialmente Fernando Cabrera y Mauricio Ubal –y la mezcla fue legada, ya como un producto en sí mismo, a los muchos herederos de éstos–. Entre ellos, Cabrera tiene en los hechos una cercanía mayor, porque llegó a hacer espectáculos (registrados en discos en vivo) a dúo con uno y con otro. El 7 de agosto del año pasado hizo un concierto en El Galpón exclusivamente con rwepertorio de estos dos amigos y mentores, ahora editado en este disco en vivo.1

Uno podría esperar que la propia fusión que Cabrera encarna ayudara a naturalizar la copresencia de los dos compositores. Pero no es así, entre otras cosas porque el estilo de Fernando no dejó de evolucionar, convirtiéndose en algo sin parangones, que de pronto se sirve de la intimidad y de la apropiación para darse la libertad de visitar las canciones con un llamativo y provocativo extrañamiento. Se acentuó en él un cierto tinte fuertemente dramático en lo vocal (quizá alentado por la tremenda carrera que viene haciendo en Argentina, donde hay una tradición de un canto mucho más explícitamente emotivo: piénsese en Liliana Herrero o Fito Páez), mientras que la guitarra se hizo minimista, elíptica, tangencial. En todo caso, es un estilo que puede verse como una evolución de algunos rasgos del Darno, pero muy distinto a Mateo. Por ello, las del Darno se pueden seguir sintiendo como versiones, pero las de Mateo son más bien intervenciones.

Como suele ocurrir con los discos monográficos, buena parte de la gracia es que haya muchos temas conocidos y venerados por el público, así las peculiaridades de la versión saltan más a la vista y se convierten en un objeto de interés en sí mismas. Pero no se retacean unos tesoros semiocultos, como la preciosa “Rimedio ’e yuyo” de Mateo.

Hay unos pocos surcos en solitario. En la mayoría del disco Cabrera actúa junto con Edú Lombardo, quien además de acompañar en guitarra o percusión, a veces se erige en coprotagonista, compartiendo con Cabrera el canto y, creo adivinar, el concepto arreglístico.

El repertorio, ni que hablar, es una maravilla. Las interpretaciones son intensas, solventes, siempre interesantes. Es especialmente llamativo el popurrí de Mateo que se arma hacia la mitad del disco: Cabrera encara “¿Por qué?” con un espíritu reminiscente de la “música nueva latinoamericana” –vanguardismo basado en una combinación de extrañeza, extrema austeridad y un sufrimiento contenido–. La melodía surge sobre un vacío apenas puntuado por unos conglomerados de notas que caen aquí y allá sin tonalidad definida. De pronto, como en un collage, se superpone Edú haciendo la luminosa “La Chola”, de la que emerge, siempre en espíritu de collage, un casi cover de “Esa cosa”. Los restos de esta canción de pronto quedan como un nuevo fondo para una repetición de la melodía de “¿Por qué?”. “Como los desconsolados” aparece teñida con unas sutiles polirritmias y dotada de una rara visceralidad. La versión en castellano del Darno para “Butterfly” (de los Hollies) aparece impregnada de un riff que es a un tiempo rítmicamente dinámico y armónicamente estático, y constituye otro de los grandes momentos de este disco entrañable.

  1. Fernando Cabrera canta Mateo y Darnauchans, Ayuí, A/E410 CD, 2015.

 

 

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