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Una campaña alarmista baja desde los propios ministros de Salud reunidos esta semana para enfrentar el avance del Zika en Latinoamérica. La expresión “microcefalismo” (o la aun más terrorista “malformación fetal”) amenaza en un futuro inmediato a nuestros niños e instala el pánico colectivo, aunque la relación entre ambas enfermedades todavía no ha sido probada científicamente.

Mosquito Aedes aegypti / Foto AFP, Marvin Recinos

Pánico y locura en las Américas. Gran parte de la “alarma Zika” radica en su asociación con el aumento de casos de microcefalia y deformaciones neurológicas en los bebés, y algunos gobiernos ya susurran sobre el gasto y el tratamiento médico que deberán aplicar sobre esa población afectada. Se habla cada vez más de la posible despenalización del aborto en Brasil para estos casos, del disparado índice de abortos clandestinos,1 o directamente se recomienda a las mujeres no quedar embarazadas.

El comunicado de la Organización Mundial de la Salud (Oms) dado a conocer este lunes, declarando la alarma sanitaria mundial, y el encuentro regional de ministros de Salud reunidos en Montevideo –comprometidos en “aunar esfuerzos para combatir estas enfermedades para las que no tenemos ni vacuna ni tratamiento”, según el uruguayo Jorge Basso– terminaron por instalar el susto respecto de las tres enfermedades vinculadas al maldito Aedes aegyptis (dengue, Zika y chikungunya).

Fotos de los bebés con microcefalia ganan las portadas de los principales medios. Aunque la relación causal entre la infección Zika durante el embarazo y esta malformación aún no está probada científicamente por ningún estudio confiable, el ministro de Salud de Brasil, Marcelo Castro, arriesgó en la reunión de ministros: “No hay ninguna duda de que la epidemia de microcefalia en Brasil es causada por el virus Zika”. La afirmación se lanza segura, aunque es sabido que esta patología puede ser causada por factores varios como la sífilis, la toxoplasmosis, la rubeola, el citomegalovirus y el herpes viral, o simplemente por desnutrición o exposición a drogas, alcohol o a ciertos productos químicos tóxicos durante los primeros meses de embarazo.

¿Por qué alarmar tanto y tan pronto sin verificación científica confiable?, ¿por qué vincular ambas enfermedades de forma inexorable?

BRASIL Y COLOMBIA. Si bien el virus del Zika ya afecta a más de 26 países de las Américas, uno de los casos paradigmáticos es Brasil. En el boletín del 2 de febrero de 2016 el portal del Ministerio de Salud de ese país2 da cuenta de las cifras desde octubre del año pasado: “El Ministerio de Salud y los estados investigan 3.670 casos sospechosos de microcefalia en todo el país. (…) 404 casos han tenido confirmación de microcefalia u otros trastornos del sistema nervioso central, siendo que 17 guardan relación con el virus Zika”.

En todo Brasil fueron confirmados 404 y sólo 17 relacionados al Zika, no parecen datos tan alarmantes. Pero en las últimas semanas la relación entre ambas patologías se ha agravado: un total de 4.783 casos sospechosos de microcefalia se registraron hasta el 30 de enero. 76 muertes fueron reportadas como sospechosas por microcefalia, 15 de éstas fueron investigadas, confirmándose la enfermedad, y cinco tenían el virus Zika en el tejido fetal.

En Brasil, “además del aumento de casos, los estados se corresponden: donde no existe ningún caso notificado de microcefalia es en los mismos estados en que no hay casos de Zika notificados. Epidemiológicamente, está explicada la relación”, concluyó el ministro brasileño en Montevideo.

Sin embargo, el caso que patea el tablero y demuestra que el factor territorial no prueba nada es el de Colombia. Según Alejandro Gaviria, su ministro de Salud, ya cuentan con 20 mil casos de Zika oficialmente confirmados: “Si le sumamos los casos asintomáticos, el estimativo es de entre 80 y 100 mil casos en el país. Sin embargo, sigue la inquietud, aún sin respuestas: todavía no tenemos ningún caso de microcefalia identificado en el país”, sentenció.

EN TIEMPO REAL. Según la viróloga uruguaya Adriana Delfraro,3 “todavía es muy temprano para determinar a rajatabla la correlación entre ambas enfermedades”. Y segundo: “la relación geográfica y temporal entre ambas epidemias es un dato, pero no necesariamente determinante”.

Si bien el virus no está presente en Uruguay (lo que dificulta una real investigación sobre el tema), el equipo que integra Delfraro en la Facultad de Ciencias hace tiempo que se dedica al fenómeno del Zika y los virus del Aedes.

Determinar causas y relaciones a la velocidad de una epidemia es complejo, reconoce la científica ante el boom de estas semanas. Hay algunas pistas: “Se ha demostrado que el virus del Zika atraviesa la placenta y se ha encontrado en tejidos fetales en algunos casos concretos de microcefalia que se han estudiado, pero eso no habilita a decir que todos los casos fueron producidos por el virus. Para hacer una afirmación de ese tipo se necesita realizar una serie de estudios, que llevan mucho tiempo”, resume la doctora.

Además existen otras situaciones que tienen que ver con la población de cada país: “Por ejemplo en Brasil tenés circulando el dengue desde hace mucho tiempo, y se sabe que muchas veces el hecho de haber tenido una infección por un virus emparentado puede generar que el nuevo virus que se introduce en la persona tenga consecuencias distintas de que si te infectas por primera vez. El organismo puede reaccionar de otra manera”, explica Delfraro acerca de las tantas interrogantes que el brote de este nuevo virus abre ante los científicos.

¿EL REMEDIO OCASIONA LA ENFERMEDAD? En el mes de enero la Asociación Brasileña de Salud Colectiva (Abrasco) difundió un estudio sobre los casos de microcefalia en el nordeste de su país. Uno de los argumentos expuestos en el informe es que a pesar de que el Aedes aegypti causó en sus orígenes numerosas epidemias en Oceanía, llegando a afectar al 80 por ciento de la población, allí nunca se registraron problemas de malformaciones (un caso similar podría ser el de Colombia). Por estas razones los médicos brasileños se enfocaron en el larvicida que utiliza el gobierno para atacar al mosquito, que se deposita dentro de los tanques de agua que consume la población; la exposición a estos químicos sería la verdadera causa de las alteraciones fetales en los primeros meses de embarazo y sobre todo en las zonas más pobres de Brasil, dicen. El ministro de Salud de Brasil desmintió, enojado, el informe de Abrasco: “No hay pruebas científicas para afirmar algo así”.

Para la viróloga Delfraro lo más interesante del informe técnico de Abrasco es el abordaje integral y social que proponen para aquellas zonas de contexto social muy difícil (“en lugares donde no tienen agua es complicado pedirle al vecino que no guarde agua por la amenaza del Aedes), como es el caso del nordeste de Brasil. Estratégicamente, “la cuestión se tiene que centrar en generar conciencia, evitar la cría del mosquito y no después salir a ‘apagar el incendio’” con fumigaciones y agroquímicos potencialmente dañinos y tan puestos en duda, agregó.

“Las malformaciones asociadas a los productos químicos existen, no son un invento”, dice Delfraro, pero insiste en que, al igual que en el caso del Zika, se debe hacer un estudio científico concreto que permita vincular la epidemia de microcefalia con esos productos usados en el propio combate al mosquito.

  1. En la portada del New York Times del 3 de febrero: “Surge of Zika Virus Has Brazilians Re-examining Strict Abortion Laws”.
  2. http://portalsaude.saude.gov.br/
  3. Docente de virología (Instituto de Biología de la Facultad de Ciencias), investigadora grado 4 del Pedeciba y nivel 1 del Sistema Nacional de Investigadores (Sin).
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16 medidas para el combate

No me molestes mosquito

Los ministros de Salud del Mercosur y estados asociados, junto a los demás países integrantes de la Celac (Costa Rica, México y República Dominicana), leyeron una declaración que les demandó toda la mañana del miércoles pasado en el edificio del Mercosur. Ante la grave situación epidemiológica determinada por el tridente dengue, chikungunya y Zika, acordaron las siguientes medidas: coordinar una respuesta regional a la epidemia, actualizar al personal de la salud para su atención (sobre todo en la primera infancia), destinar presupuesto para la compra de medicamentos de alto costo, la investigación (se formará un grupo de expertos dedicados de lleno al tema) y nuevas tecnologías. Pero sobre todo acordaron en que el éxito de la prevención está en el comportamiento de los ciudadanos y en la conciencia que éstos tomen sobre la emergencia.

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¿Y la leishmaniasis?

El mosquito tendrá su día

Sobre la alerta real y cercana de la enfermedad leishmaniasis en nuestro país (con riesgo de muerte a quienes la padecen, véase nota “El perro tendrá su día” en Brecha del 29-I-2016), también trasmitida por un mosquito, la doctora Delfraro explicó: “la principal diferencia con el Zika es que en todo el país tenemos una importante presencia de Aedes aegyptis desde hace mucho tiempo, a diferencia de la situación que se plantea con la leishmaniasis, que está más restringida al norte, donde está presente el vector (mosquito flebotomo o jején cuya hembra adulta trasmite la enfermedad entre los perros y desde éstos al hombre)”. Según esta doctora, el problema es la velocidad: “son dos organismos cuya evolución y biología son completamente distintas; la velocidad con la que puede llegar a ingresar y expandirse un virus como el Zika en nuestro país es infinitamente mayor y preocupante. Basta mirar el brote en las Américas”, advirtió.

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