Vitalidad impredecible

Es grato constatar que la música de Mariana Lucía en “Mi corazón bombón” sigue trasuntando una personalidad notable. Todas sus canciones son vitales, muy cantables, se vinculan con el goce y suenan como si estuvieran urdidas con mucha intuición.

El primer disco de Mariana Lucía se lanzó en 2010. Éste1 es ya su cuarto. Ella es uruguaya y brasileña, y aquel primer disco tenía muchas cosas en portugués y se caracterizaba por un tono místico-mántrico, con sonoridad predominantemente acústica. Mientras tanto su estilo evolucionó mucho, y también su forma de cantar (ahora tiende a valorizar menos sus graves “Nara Leão” y más sus medios agudos “Marisa Monte”).

Su nuevo trabajo tiene una sola canción en portugués, y es una regrabación del mejor tema de su primer disco (el formidable “Silêncio”, ahora despojado de sus ingredientes de samba). Las referencias místicas siguen presentes, pero cualquier atisbo de new age queda cortado por la convivencia con cosas bien mundanas (sexuales, prosaicas, nocturnas, bailables). “Dorándose”, una letra llena de alusiones verbales a lo espiritualmente elevado, está combinado, a lo Mateo, con una música medio oscura, tensa y extraña. El sonido de este disco es más pop-rock que los anteriores, con un grupo base de guitarra, guitarra eléctrica, teclados, bajo, batería y percusión. Hay dos presencias estelares entre los músicos: Martín Buscaglia en guitarra eléctrica y Diego Drexler en bajo y producción artística. Hay una cierta crudeza de garaje en el sonido y en el enfoque de la producción.

Es grato constatar que, aun desdibujadas sus marcas más fuertes, la música de Mariana Lucía sigue trasuntando una personalidad notable. Todas sus canciones son vitales, muy cantables, se vinculan con el goce y suenan como si estuvieran urdidas con mucha intuición. Pero hay también una gran inteligencia, imaginación y apertura en sus composiciones: uno nunca anticipa hacia dónde van a ir las músicas, ni en el largo plazo (en el que de pronto una segunda o tercera parte toma un rumbo que uno no se esperaba) ni en el corto (qué acorde vendrá, qué hará la línea vocal, qué dirá luego de plantear el escenario de los primeros versos). “Pon tú”, por ejemplo, está hecha de frases asimétricas (cinco compases) en las que, además, cada compás consiste en una hemiola, con el toque sui géneris de que suena un berimbau en la base. La indefinición de la primera nota de la melodía –indefinición que ella entona con notable exactitud y naturalidad– es todo lo necesario para descolocar la armonía, que es común sin ser banal (una cadencia mixolidia).

Este disco trae como ingrediente nuevo unas incursiones en lo camp, sobre todo en la canción del título: “Mi corazón bombón” es como una habanera abolerada, con elementos españoles-mexicanos en armonía y expresión, un órgano eléctrico vintage, y en la segunda parte una intervención pimpinelesca de Socio (con voz ronca de macho posesivo). Es un poco chiste, claro, pero uno siente que al mismo tiempo hay como un disfrute en transitar ese sentimentalismo desparramado. Hay incluso un toque, brillantemente terraja, cuando la repetición de “bombón bombón bombón” se convierte en onomatopeya cardíaca al mismo tiempo que nos inunda con azúcar simbólico. La alusión sexual (“mi corazón desborda/ manchando todas las sábanas”) de pronto se desarrolla hacia figuras que perturban un poco ese universo romanticón: las sábanas se entrelazan con los cuerpos y los “embalsaman” (uno piensa en una momificación), “protegiendo” al amor pero también “asfixiándolo”. El texto termina en una exacerbación de sumisión masoquista enamorada. El tono nunca llega a ser de caricatura: no hay ansiedad por obviar la distancia con el mundo “grasa”: la ambigüedad es poéticamente más fértil. Pero esta canción convive con la ironía feminista de la foto interna del disco, de Mariana toda arregladita en una mesa para dos prolijamente puesta, sonriendo con gentil suavidad y envuelta en plástico con burbujitas, como para regalo. El rapeo central de “L14” lanza su iracundia hacia manifestaciones no-extremas de machismo (entre otras prepotencias) que, al ser vividas en forma cotidiana, resultan irritantemente opresivas.

El espacio no basta para referirme a la riqueza y la gozadera de cada una de esas canciones e interpretaciones. La música se encuentra en Spotify y se puede escuchar allí. En vivo se podrá apreciar en el concierto de lanzamiento, hoy viernes 27 a las 21 hs en la Sala Zitarrosa.

  1. Mi corazón bombón, Los Años Luz/Perro Andaluz, Argentina/Uruguay, LAL 117, 2016

 

 

 

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