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Y los dioses cayeron en marzo…

Por primera vez en 25 años de democracia, dos de los integrantes del círculo de empresarios más poderosos de Chile, cuyas raíces del éxito económico se hunden en los años de la dictadura militar, son enviados a prisión.

La corbata seguramente era de seda italiana y el traje oscuro, de la mejor tela extranjera. Como si le hubiésemos interrumpido en una reunión de directorio, nos miró con un rictus de desprecio, con esa expresión que tal vez dedica a los empleados infieles o desobedientes, y dijo: “Yo creo que he sido un empresario bastante notable, modestia aparte. Oír este tipo de cosas es algo realmente desagradable; nos presenta como Al Capone o algo parecido... Yo no soy ningún mafioso”. Después Carlos Eugenio Lavín, uno de los dueños del grupo empresarial Penta y acusado de manejar una red de fraude al fisco, mediante la cual repartió entre los políticos de la derecha varias decenas de millones de dólares, menospreció al fiscal por supuestamente formarse “una novela” sobre el funcionamiento de sus emp...

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