Zurciendo al Darno – Brecha digital

Zurciendo al Darno

La magia de Darnauchans vive, lucha e insiste. Y no sólo en sus memorables discos o en los escenarios donde se seguirá cantando su obra. También en esta charla mano a mano con Laura Canoura, Ana Prada, Mónica Navarro y Maia Castro, en la que afloran las anécdotas de quienes lo conocimos.

Homenaje al Darno / Foto: Manuela Aldabe

Las cuatro permanecen en escena todo el tiempo. ¿A qué obedece esa modalidad de no salir nunca?

Laura Canoura (L C) —En realidad lo que pasó fue que cuando empezamos a pensar en el espectáculo y en cómo resolverlo nos gustó la idea de tener todas las posibilidades de participación habidas y por haber, todas las conjunciones posibles… yo con Mónica, Mónica con Maia, y así sucesivamente. Y eso convertía al espectáculo en algo muy dinámico pero a la vez muy deflecado. La otra opción era concentrar los temas en los que participa Maia todos juntos, los temas donde está Ana todos juntos… y entonces se nos ocurrió que una buena solución era darle un clima como de ensayo, donde siempre están todos juntos. Al que le toca cantar, pues canta y los demás miran pero también participan estando allí. Entonces pensamos en recrear un líving, como si estuviésemos en una casa. Y una vez que estuvimos delante del público fue increíble el relax y la tranquilidad que nos aportó ese criterio colectivo. Al punto que, al menos yo, no sentí nervios en ese espectáculo inicial.

Y tenés esa suerte de bastón donde apoyarte de la mirada cómplice, las sonrisas de quienes están a tu lado.

L C — Absolutamente.

Mónica Navarro (M N) —Ade-más, lo de entrar y salir inevitablemente implica cambios de clima, fracturas.

Maia Castro (M C) —Lo que está muy bueno es que, al estar todo el tiempo en escena, estás formando parte de las canciones que interpretan las demás. Entrar y salir sería un afloje y una tensión y otro afloje y otra tensión… De este modo estamos mucho más relajadas.

¿Cuál es el momento más intenso o más emocionante? ¿Con qué canción se les eriza la piel a cada una?

M C —Me pasó en todos los ensayos y también en las funciones, tuve que hacer un esfuerzo para contener la emoción porque, bueno, luego debía seguir cantando, y me refiero a cuando Laura hace “Pago”. Una interpretación alucinante de una canción que es también alucinante. Pensé “uy se me va a complicar”, porque no hay nada más difícil que llorar y cantar, y luego de “Pago” me tocaba a mí.

Ana Prada (A P) —Coincido totalmente con “Pago”. Es impresionante ver a Laura cantar esa canción con ese compromiso y ese corazón.

“Pago” es uno de los más grandes textos que se han escrito en Uruguay a lo largo de la historia. Dedicada a su padre, médico.

L C —Una de “las” canciones uruguayas. A mí me emociona mucho cuando Maia hace “Balada para una mujer flaca”. Es, cuando arranca, como una bola de nieve que crece, algo impresionante. En realidad lo que nos pasa, pienso, es que todas quisiéramos estar cantando lo que están cantando las otras (risas). Quiero destacar “Corazón coraza”, sobre el poema de Benedetti…

Que el Darno grabó en su primer disco Canción de muchacho.

L C —Justamente. Hay muchas versiones de ese poema. Y yo incluso a la del Darno nunca le había prestado demasiada atención. Pienso que la versión de Mónica es “la” versión. Me da mucha pena que el Darno no la escuche.

Pregunta medio tontuela tal vez, pero creo que necesaria. ¿Quién es Darnauchans dentro de la música uruguaya?

M N —A diferencia del resto de las chiquilinas, al Darno lo vengo a conocer cuando me vengo de Buenos Aires a Montevideo, cuando tenía 21 años. Me pasó que durante mucho tiempo no logré entender su cabeza. Decía “uy, loco, qué embole este tipo”. No podía salir de ese lugar. Al final lo conocí personalmente. Y mientras más lo fui conociendo, más fui entendiendo a Montevideo. Lo mismo me pasó con Cabrera. Con Mateo fue algo así también. La primera vez que lo fui a ver en La Tramoya, terminó tocando con una guitarra que tenía una sola cuerda. Yo me calenté y pensé “¿pero qué le pasa a este tipo, por qué no cambia las cuerdas?”. Y hoy agradezco haber sido testigo de ese milagro. Al principio, entonces, no lo entendí; venía de otra ciudad, de otra cabeza, de otras músicas. Hay gente esencial para retratar la geografía musical de un lugar. El Darno es así. Me pasó lo mismo con Laura, a la que fui a ver miles de veces a La Barraca, aunque con Laura me resultó más “empático” porque no dejaba de ser un mundo femenino el que se desplegaba en escena.

L C —Yo voy a decir lo que dijo mi hija cuando tenía 10 años: “El Darno es un señor que se viste de negro y habla un poco difícil”. En realidad me cuesta mucho definirlo en un solo concepto, en tanto lo conocí en persona, lo quise, lo “desquise”, lo admiré, lo repudié, todas esas cosas que uno sintió con el Darno en la convivencia, en los entrecruces de la vida. Sobre todo lo odié cuando se murió, por haberme hecho eso.

A mí me pasó exactamente lo mismo.

L C —Pero ahora, a la distancia, como pasa siempre que alguien que uno quiso mucho ya no está, agradezco haber sido contemporánea de él, haber visto surgir sus canciones, haberlo escuchado en distintos proyectos y de distintas maneras, y lo que me impulsa a hacer este tipo de espectáculos es el propósito de que sus canciones sigan sonando. Lo merecen. Los teatros merecen que esas canciones queden resonando eternamente.

M C —Lo considero un referente como compositor y como intérprete. El otro día estaba mirando algunos de sus videos que hay colgados en Youtube cantando con acompañamiento de una pianista y era algo impresionante el tipo en escena. También un referente para mi generación
–yo nací en 1980– y lo vi actuar muchas veces siendo yo bastante chica. Y es en esa edad cuando empezás a estudiar guitarra y canto y a elegir la música que realmente querés escuchar, y allí estuvo el Darno como todo un referente. “El instrumento”, por ejemplo, es una de las primeras canciones que aprendí a tocar en la guitarra.

¿Qué discos y qué canciones del Darno prefieren?

M N —Sansueña.

M C —Sansueña.

A P —Zurcidor y El trigo de la luna.

L C —Voto por Sansueña por todo: las canciones, los arreglos, la estética general, el arte de tapa…

Allí estuvo Galemire haciendo de hombre-orquesta, tocando prácticamente todos los instrumentos.

L C —Impresionante.

M N —Me mata el video hecho en un tren, que dicen que un refresco internacional muy famoso puso la plata para esa filmación…

Seguramente te referís al video de “Los reflejos”…

M N —Exacto.

L C —A mí me gustan las canciones que me toca cantar.

M N —Exacto, exacto, pasa eso. Laura, que fue quien tuvo la idea de todo esto, tenía una lista quilométrica de canciones del Darno. En su lista había puesto hasta canciones que el Darno no compuso (risas).

Incluyó “Rompan todo”, “Blowin’ in the wind”, “Yesterday”… (Risas.)

M N —Hasta canciones de La Vela Puerca había (risas). El proceso de cómo fuimos seleccionando las canciones fue relindo. Claro que a veces había alguna canción que eligió otra que te gustaba para vos, pero todas cedimos…

L C —Cuando dos de nosotras elegimos la misma, termi­namos diciendo “esta es un dúo”, y así fue. Me quedó grabado el primer ensayo en el que nos escuchamos todas cantando todo y eran puras exclamaciones, porque nos gusta­ba lo propio, como es obvio, pero también lo de las otras.

M N —También hubo seguramente algún “¿por qué no me tocó a mí ésta”?

¿Cómo fue el trato personal con él de quienes lo cono-
cieron? Él era Eduardo y también su álter ego el Darno, y a veces no se parecían entre sí.

L C —Nunca me llevé muy bien con el Darno; me llevaba bien, sí, con Eduardo. Su divina torpeza, esa cosa como de caba­llero de otra época que tenía, su dulzura. Quiero agregar que todo el período de declive del Darno yo lo viví muy mal, con mucha rabia. Creo que nadie tenía ascendente sobre él para que cambiara de vida, y yo menos que nadie. En los últimos años directamente no lo fui a ver nunca.

Volvamos a Sansueña. ¿Por qué piensan que ese disco en particular tiene tanto predicamento sobre la gente?

M N —Pienso que tiene que ver con el artista en sí, pero también con el contexto que produjo ese disco. Tiene que ver con la vida del Darno, con un momento de particular madurez y cómo ese disco hizo que todos comprendiéramos su camino.

L C —Confluyen muchas cosas. El país de ese entonces, a fines de los setenta, el momento de la música uruguaya. Pero que una prefiera ese disco no quiere decir que los otros no sean maravillosos. Y también los trabajos en conjunto con otra gente. Por ejemplo, el espectáculo compartido con Fernando Cabrera fue impresio­nante.

A P —Yo quiero quebrar una lanza por otros discos como Zurcidor y El trigo de la luna, como ya lo mencioné, pero también por su primer disco, Canción de muchacho, que siento que es el disco más cercano al Darnauchans original de Tacuarembó. Allí lo sencillo, lo austero, es el quid del atractivo de ese disco, que es muy honesto y muy puro.

Hablemos un poco del Darno como letrista. Le costó bastante desarrollarse en ese plano. Al comienzo hay muchas musicalizaciones de textos de Washington Benavides, Víctor Cunha, y otra gente como Porfirio Barba Jacob o José Asunción Silva. En Sansueña hay apenas dos textos donde el Darno tuvo que ver, “Final” y “Memorias de Cecilia”, pero a partir de Zurcidor explota como letrista. ¿Qué opinan de ese aspecto de su obra?

L C —Genio. Poeta de las canciones. Así nomás. Los hacedores de canciones son como árboles. Algunos son muy fáciles de trepar porque sus ramas son bajas. Otros son bien altos. El Darno es un árbol altísimo y difícil de escalar para cualquier intérprete.

M C —Un poeta increíble. Hablaba de cosas muy oscuras pero su talento las iluminaba.

Hay una suerte de consenso general de considerar al Darno como alguien oscuro, una suerte de “príncipe de las tinie­blas”. ¿Están de acuerdo con eso?

M N —Si un poeta habla de lo oscuro es porque también conoce la luz. Y desde ese punto de vista me parece un artista totalmente iluminado.

M C —Un tipo para nada oscuro. Producía belleza y luz.

L C —Tenés el caso de “Cáp­sulas”, por ejemplo. Un tema que habla de cosas te­rribles pero que el Darno interpreta de un modo totalmente luminoso.

Es un buen ejemplo el de “Cápsulas”. La hizo como un blues, pero bien “para arri­ba”, no un blues oscuro y plañidero.

L C —Tenía su look bien especial, pero en realidad de príncipe de las tinieblas no tenía nada.

M N —Yo creo que tenía mucho de actor, de histrión.

Sus lentes negros, la eterna insignia de la Ujc en la solapa de aquel raído saco sport marrón…

M C —Exacto eso de la insignia. La primera vez que lo vi cantar fue en una seccional del Partido Comunista, allá por el 87 u 88, cuando yo tenía 7 u 8 años, y a esa edad me daba esa sensación mezcla de admiración y miedo a la vez, porque su presencia era muy fuerte.

A P —Yo creo que era un talento de lo oscuro, pero entendiendo que lo oscuro es parte de la vida. Lo que pasa es que la creación suele estar más cerca de lo oscuro que de los momentos en los que sos totalmente feliz. El Darno no le temía a meterse en el lodo de la nostalgia, o aun la muerte. Pero de todas formas tiene una obra muy luminosa.

M N —Yo lo veo al Darno como muy femenino, muy circular. Y a veces sentí la ten­tación de exigirle que intelectualizara menos, que se dejara de romper las pelotas con eso de buscar la etimología de la palabra “agua”. (Risas.)

El Darno, como autor de melodías, usaba estructuras muy simples, acordes en la guitarra muy básicos, para nada complejos. Ustedes, que son todas autoras, ¿cómo lo ven en ese plano? ¿Cómo fue posible que llegara a las profundidades a las que llegó a partir de elementos tan sencillos?

M C —Sí, es cierto, en general usaba siempre los mismos acordes, pero el abanico de melodías que creó es impresionante.

¿Cuál fue el criterio de selección de las canciones? ¿Las más populares, o las otras que es necesario redescubrir?

L C —Sencillamente que nos gustaran. La lista era muy grande, y después aparecieron embuditos y embuditos hasta llegar a un número razonable de canciones. Quedaron en el espectáculo unas 20 o 22 canciones.

Cuéntenme de los arreglos hechos por Andrés Bedó para este espectáculo.

L C —Son un traje a medida. Tal cual. Yo viví la cocina de esos arreglos y te aseguro que Andrés fue muy respetuoso de las características de cada intérprete, porque él sabía qué iba a cantar cada una con mucho tiempo de antelación.

¿Qué piensan de las nuevas generaciones con respecto al Darno?

A P —La única manera de que el Darno no sea olvidado es mostrarlo, mantenerlo vivo. Y de eso va este espectáculo.

L C —Le diría a los jóvenes que más allá de excelentes productos internacionales, muchos de ellos cantados en inglés, existe aquí en Uruguay un creador con letras fenomenales al mejor nivel de cualquier parte del mundo.

¿Más Canciones del zurcidor a futuro o esto queda por acá?

M N —No lo sabemos.

M C —En Montevideo es el único espectáculo que vamos a hacer, el del jueves 15 de octubre. Tenemos muchas ganas, eso sí, de llevar este espectáculo el año que viene al Interior, y muy posiblemente a Buenos Aires.

L C —Como decían Les Luthiers: “Véalos antes de que crezcan” (risas).

1. El jueves 15 de octubre, en el Auditorio Adela Reta, vuelve a presentarse Canciones del zurcidor, exitosa propuesta del colectivo integrado por tres grandes voces femeninas uruguayas y una argentina, que se las ingenian para revivir al más grande baladista de la música nacional, artista de culto e inevitable mojón en el camino de nuestra cultura.

https://youtu.be/Ar4lBYD9v08

 

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