El camino de la desconfianza
En veinte años, el sindicato de empleados municipales pasó de creer en la gestión del Frente Amplio en la capital, a desconfiar de la administración de izquierda. El punto de quiebre fue la huelga de 2002, pero las razones también se encuentran en los déficits que ha mostrado la administración. Más allá de la impopularidad cosechada en los últimos años y cierto perfil antifrenteamplista, explicar los puntos de enfrentamiento no admite simplificaciones.
Durante la noche del 9 de mayo, mientras se realizaba el escrutinio de las elecciones departamentales, dentro de un sobre de votación apareció esta esquela: “Si Montevideo es de todos, también es mía. Y como alguien tiene que parar la dictadura de adeom, yo arranco acá y ahora”.
Las elecciones en la capital estuvieron precedidas por una resolución del sindicato de suspender las horas extra en la recolección de residuos, argumentando que el personal dedicado a los contenedores estaba trabajando con la mitad de la flota de camiones por falta de repuestos. Esta medida sindical, según opinaron algunos políticos, estuvo cargada de intencionalidad contra el Frente Amplio (fa) y provocó, entre otros factores, que un 13,8 por ciento de los votos fuesen anulados o en blanco.