Animales y trabajo

1º de Mayo: la explotación invisible

Se acerca otro 1º de Mayo y, como es clásico, miles de trabajadores recordarán la fecha y reavivarán el discurso de la lucha de clases. Para entonces, una parte del movimiento obrero oficial acostumbra congregarse en la plaza homónima en un acto que, en virtud de su repetición ritual, ha perdido gran parte de su potencial instituyente. En efecto, sabemos que, de no ser por la pandemia de covid, habría una oratoria central, se leerían proclamas y adhesiones, se cantaría “La Internacional”, se repartiría propaganda y se comerían choripanes y hamburguesas de las decenas de puestos de venta que se instalan en los alrededores.

Con el afán de renovar los debates que se dan en esta fecha, en esta nota queremos aportar algunas pistas conceptuales para argumentar que la «cuestión social» —esa expresión con que la burguesía nombró a la pauperización del proletariado— y la cuestión animal están profundamente entrelazadas, y aún más: los animales son parte de la clase trabajadora.

LA CUESTIÓN SOCIAL Y LA CUESTIÓN ANIMAL

“Ser una bestia de carga”, «trabajar como un animal» y «trabajar como esclavo (o negro, o chino)” no son comparaciones a la ligera. Son expresiones populares que bien remiten a un mismo escenario: el de la producción capitalista.

El campo de los estudios animales y el de la biopolítica enseñan que los dispositivos de explotación capitalista sobre humanos han sido total o parcialmente inspirados en la previa explotación de los animales. El ejemplo más claro de ello es la invención de la cadena de montaje, que fuera concebida por Henry Ford al observar las prácticas laborales de los mataderos de Chicago.

De igual modo, la fábrica, como dispositivo de confinamiento que restringe el movimiento antiproductivo del cuerpo, le debe mucho a la cría intensiva de animales, con la cual se buscaba reducir la quema de calorías y acelerar el proceso de engorde.

Una genealogía arqueológica de la tortura también demuestra que muchas herramientas utilizadas para ello fueron desarrolladas primero para atormentar animales. Es el caso del yugo y el látigo, implementos con los cuales se sometía a bueyes y caballos, respectivamente, y que posteriormente fueran usados contra esclavos.

El análisis histórico revela que la primera propiedad privada fueron los animales, y que de ahí a la esclavitud fue una cuestión de transición. Este movimiento consistió en asignar a grupos de personas el estatus animal. Las guerras y sus consecuentes desplazamientos de poblaciones y toma de esclavos estuvieron motivadas por el beneficio económico que otorgaban los animales, constituyéndose estos, así, en el principal motor de la acumulación primitiva.

La racionalidad instrumental hacia los animales dio un salto importante con la domesticación y el modo de producción ganadera romano. Plutarco escribió que “es una práctica común suturar los ojos de grullas y cisnes y encerrarlos en lugares oscuros para cebarlos”.1 Luego de unos siglos se concibieron las fábricas y técnicas modernas basadas en la optimización máxima de los cuerpos de animales y trabajadores, donde el desmembramiento y la fragmentación son la norma industrial.

En su obra maestra El Capital Marx acuñó el concepto “fetichismo de la mercancía” para referir al fenómeno según el cual las relaciones de producción e intercambio no son concebidas como relaciones entre personas, sino entre cosas (dinero y mercancías). De este modo, se ocultaba la situación de explotación del proletariado y se cosificaba la fuerza de trabajo. Pues bien, el fetichismo de la mercancía está particularmente presente en los productos de origen animal, cuya procedencia es sistemáticamente negada por el embalaje, los artificios de la publicidad, los procesos industriales (mataderos cerrados y alejados de las ciudades), el distanciamiento lingüístico (“pescado”, no pez), el secretismo de los laboratorios de experimentación animal, etcétera. Este fetichismo es el que de vez en cuando se ve desnudado por el activismo animalista (por ejemplo, con cámaras ocultas), sacudiendo el edificio moral de la opinión pública y de la sociedad del espectáculo.

LOS ANIMALES SON PARTE DE LA CLASE TRABAJADORA

Con la publicación del asombroso ensayo Los animales son parte de la clase trabajadora el historiador Jason Hribal revolucionó el campo de los estudios animales y la teoría política —especialmente la marxista—. En resumidas cuentas, su tesis es la siguiente: en la sociedad capitalista, además de ser mercancía y biotecnología, los animales son, esencialmente, trabajadores. Sostiene que las revoluciones agrícola, industrial y urbana no hubiesen acontecido de no ser por los animales que trabajaron en granjas, fábricas y ciudades.

A modo de ejemplo, bajo el capitalismo del siglo XIX, las vacas lecheras de Estados Unidos aumentaron su producción anual per cápita de 5.300 a 13.627 litros.2 En cuanto a los caballos, no se equivocó James Watt al elegirlos como unidad para medir la potencia de la máquina de vapor. Desde luego, los caballos, mulas, burros y vacas habían sido los principales proveedores de energía durante un milenio. Así fue en la agricultura, la molienda y el transporte. 3 Fue la introducción del trabajo de bueyes y caballos lo que catapultó las industrias dominantes transatlánticas del azúcar y el algodón durante los siglos XVIII y XIX. Estos trabajadores hacían turnos de doce horas para trazar, cardar, tejer, trasquilar y terminar productos de algodón; en las fábricas de cerveza molían la malta y bombeaban el mosto; acarreaban los cañones para la industria armamentística; prensaban y destilaban aceite; prensaban la sidra y devanaban minerales; batían barro, pisaban los curtidos, molían y trituraban de todo; estiraban la seda y tejían el lino, además de trasladar mercancías y personas.4 Estas condiciones de trabajo determinaban que la vida promedio de los equinos se viera reducida de 25-30 a 4-7 años (ver el Cuadro 1 al final de esta sección para saber más sobre este punto).

Aunque los caballos prácticamente se hayan dejado de utilizar para tareas de potencia una vez sustituidos por motores de combustión y eléctricos, hoy continúan trabajando en hipódromos para el divertimento de los ricos y la recaudación de las arcas del Estado. También son explotados por la policía y el ejército y, por supuesto, siguen siendo utilizados en tareas rurales hasta que son considerados viejos e ineptos y, en lugar de serles otorgada una jubilación para morir tranquilamente, son enviados al matadero (en Uruguay existen tres frigoríficos que matan aproximadamente 30 mil caballos al año para exportación).

A pesar de todo, las ideas hasta ahora expuestas han sido prácticamente ignoradas o rechazadas por el pensamiento de izquierda. Curiosamente, Hribal señala que la comprensión de los animales como trabajadores fue más acertada en la teoría del valor de Adam Smith que en Marx, y que la causa animalista fue principalmente defendida por algunas confesiones protestantes como los anabaptistas y cuáqueros (que también se opusieron a la esclavitud humana).

Hijo de la Modernidad, el pensamiento socialista heredó en su infancia una concepción antropocéntrica fundada en los ideales ilustrados de la razón, el orden y el progreso, forjando una visión de la naturaleza como fuente ilimitada de recursos destinada al dominio. Estas ideas perviven hasta hoy con matices y fueron refrendadas durante las experiencias del socialismo real. En un discurso pronunciado en 1965 Fidel Castro celebró la primera exportación de carne de res y argumentó con alegría: “la carne es un artículo que tiene tanta demanda que se [la] puede llamar ‘el oro rojo’”. El socialista italiano Antonio Gramsci escribió con aprobación que “la historia de la industrialización ha sido siempre una continua lucha contra el elemento de ‘animalidad’ en el hombre”.5 Actualmente y en nuestro país, un dirigente de la Unión de Asalariados y Trabajadores Rurales entiende que “es un atropello y una estupidez que no debe volver a suceder nunca más que un trabajador pierda su vida por rescatar dos o tres ovejas”, y un renombrado peón rural sostiene que “los trabajadores de este país no nos merecemos tener que sobrevivir peor que animales”. Evidentemente aquí no hay un reconocimiento de pertenencia a la misma clase social y en cambio sí una búsqueda de distinción de status.

En general, la izquierda ha tratado peyorativamente a la cuestión animal como un capricho pequeñoburgués o algo propio de un sentimentalismo infantil y femenino, pasible de ser reducido al ridículo y, en el mejor de los casos, a una cuestión tolerable y por ende secundaria.

Contrariamente, han existido manifestaciones de reconocimiento empático hacia los animales trabajadores. Rosa Luxemburgo, estando en la cárcel en 1917, expresó su empatía hacia el búfalo que, desde su celda, vio que estaba siendo maltratado: “El sufrimiento de un querido hermano no podría haberme conmovido más… Pobre infeliz, soy tan impotente, tan muda como tú; soy una contigo en mi dolor, mi debilidad y mi anhelo”.6

Cuadro 1: expectativa de vida en libertad vs. expectativa de vida bajo el régimen de trabajo capitalista de los animales trabajadores

EspecieEdad de sacrificioExpectativa de vida en libertad
Terneros1-24 semanas15-20 años
Gallinas (para carne)5-7 semanas8 años
Conejos10-12 semanas8-12 años
Cerdos (para carne)6 meses10-12 años
Corderos6-8 meses12-14 años
Vacas (para carne)18 meses15-20 años
Gallinas (ponedoras)1-2 años8 años
Cerdas reproductoras3-5 años10-12 años
Vacas (para leche)4 años15-20 años

Fuente: adaptación a partir de http://www.skoolofvegan.com/eatingbabies.html

LA CUESTIÓN DE GÉNERO

Si el capitalismo direccionó primeramente a las mujeres al trabajo reproductivo y doméstico no remunerado, y posteriormente también al asalariado, estableciendo así una doble opresión, del mismo modo es importante saber —aunque aquí no podremos abordarlo en profundidad— que la cuestión de género también atraviesa a los animales explotados. Es así que estas hembras trabajan mucho más, pues son también las encargadas de la reproducción de la fuerza de trabajo, así como de la producción de aquello que Carol Adams denominó “proteínas feminizadas”, para designar las mercaderías que únicamente el género femenino produce, tales como los huevos y la leche. No se equivoca la canción infantil cuando entona: “Señora Vaca, usted sabe trabajar”.

RESISTENCIA OBRERA ANIMAL

Uno de los puntos más fuertes de la argumentación de Hribal está en que los demás animales también tienen agencia, es decir, la capacidad de realizar acciones intencionales para obrar en el mundo. La atribución de agencia a entidades no humanas no es nada nuevo en la historia del pensamiento; puede apreciarse en filosofías orientales, religiones animistas, cosmovisiones indígenas y también en producciones de la filosofía occidental.

Uno de los principales modos en que se expresa la capacidad de agencia animal es en las acciones de resistencia frente a la dominación humana. Esta resistencia puede ser violenta (atacando mediante mordidas, coceos y embestidas) o no violenta (negándose a trabajar simulando ignorancia o rechazando órdenes, disminuyendo la velocidad, tomando descansos sin permiso, robando abiertamente o en secreto, destruyendo equipamiento, fugándose, etcétera).

Entre los más reconocidos casos de resistencia animal está el de Topsy, el elefante circense que asesinó a su cuidador luego de que este le quemara la trompa con un cigarro. Como castigo fue electrocutado con un prototipo (ideado por Thomas Edison) que luego derivaría en la creación de la silla eléctrica usada para ejecutar la pena capital en humanos. Más recientemente, se encuentra el famoso caso de Tilikum, una orca que asesinó a algunos de sus entrenadores en el parque acuático Seaworld (cubierto por el documental Blackfish).7 En el espectáculo de la tauromaquia lo que se observa es un claro sentimiento de aversión del toro frente a las torturas ejercidas por sus adversarios banderilleros, picadores y matadores —algo muy similar a lo que ocurre con las jineteadas en Uruguay—. Otro curioso caso de agencia animal son los “perros matapacos” chilenos, esos canes que se unen a las protestas callejeras y enfrentan a la policía (pacos) junto a los manifestantes. Podrían reseñarse muchos ejemplos más, algunos mediáticos y otros no, pero lo importante es tener en cuenta que, si en todo rebaño hay una oveja negra es porque, como señalaba Michel Foucault, “donde hay poder hay resistencia”. También, esta característica de la resistencia en los animales trabajadores podría concebirse como el correlato del concepto marxista de lucha de clases.

Se suele aducir que estos casos de resistencia son excepcionales y que responden a condiciones de insania mental, pero esas son desmentidas de la realidad producto de una miopía ideológica antropocéntrica que no permite ver estos actos como pulsión de vida frente a la opresión humana.

MALTRATO ANIMAL Y SUFRIMIENTO HUMANO

Como es evidente, los sectores laborales donde más violencia se ejerce hacia los animales son el agropecuario y el frigorífico. Pero también allí se registra una de las mayores fuentes de sufrimiento humano, producto de la explotación capitalista. Una mirada a las estadísticas de accidentalidad, enfermedad, incapacidad y mortalidad laborales en esos sectores puede servir para ilustrar este punto (habrá de tenerse en cuenta que los datos, recogidos por el Banco de Seguros del Estado (BSE), abarcan al universo comprendido dentro de la formalidad y que el mercado laboral uruguayo presenta alta informalidad, particularmente en el rubro agropecuario y pesquero).

Según consigna un informe de accidentes laborales ocurridos en el sector frigorífico elaborado por el BSE, en el período comprendido entre 2014 y 2018, 13.760 trabajadores se accidentaron en esa industria (7,7 por ciento del total) y 424 acabaron incapacitados en el período 2016-2018 (16,4 por ciento del total de incapacidades ocurridas en el mismo período).

Por otro lado, en el sector agropecuario, en el período comprendido entre 2014 y 2018 se produjeron 17.546 accidentes laborales (9,8 por ciento del total), de los cuales 118 desencadenaron incapacidad (4,6 por ciento del total) y 21 acabaron en fallecimiento (10,4 por ciento del total).

Un informe de la misma fuente sobre enfermedades profesionales revela que para el año 2019 la industria frigorífica concentró el 60,7 por ciento del total de estas. El diagnóstico más frecuente fue epicondilitis debida a trabajo intenso y repetitivo (57,1 por ciento), seguido de síndrome del túnel carpiano (20 por ciento) y tenosinovitis crónica de la mano y la muñeca (15,2 por ciento). En segundo lugar, la industria del cuero, vestimenta y calzado, concentró el 6,9 por ciento del total de enfermedades profesionales; en tercer lugar, la pesca agrupó el 6,4 por ciento del total de diagnósticos. Es decir que estas tres industrias de explotación animal concentraron el 74 por ciento de las enfermedades profesionales.

Respecto a las muertes en el trabajo, la cifra total para el año 2019 es de 30 trabajadores fallecidos, siendo el sector Agricultura, ganadería, pesca y frigorífico pesquero, con ocho accidentes fatales, el que registró más casos (26,6 por ciento del total).

Estas estadísticas, además de no registrar la informalidad, tampoco registran enfermedades que podrían tener una etiología laboral pero que no están reconocidas por la ley 16.074 de enfermedades profesionales. En efecto, los trabajadores de frigoríficos padecen dolores físicos crónicos (especialmente de espalda y miembros superiores), que escapan a esa clasificación y no son constatados. Muchos de estos dolores son producidos por golpes propinados por los animales que siguen vivos durante la cadena de “montaje”, especialmente de aquellos regidos bajo el estándar[1]  judío kosher, que no cumple los requisitos de bienestar animal aceptados por la comunidad internacional (en vez de ser aturdidos son degollados hasta morir desangrados).

Lamentablemente, tampoco existen registros de problemas de salud mental de etiología laboral, ya que la norma “considera enfermedad profesional la causada por agentes físicos, químicos o biológicos, utilizados o manipulados durante la actividad laboral o que estén presentes en el lugar de trabajo”. No obstante ello, es fácil intuir que del mismo modo en que se afecta lo físico, lo psíquico también se ve afectado. De hecho, investigaciones en torno a la subjetividad y percepciones de los empleados en frigoríficos, así como indagaciones en la clínica psicológica, informan de problemas de insomnio y pesadillas, conductas evitativas (sentimientos de asco y rechazo), violencia auto y hetero infligidas, consumo problemático de alcohol y drogas, y otros síntomas típicos del trastorno por estrés postraumático.

Para enfrentar su cotidiano mortífero, estos trabajadores deben recurrir a la disociación, consistente en el establecimiento de una distancia cognitiva y emocional frente al “objeto” de su trabajo como mecanismo de defensa psíquica frente al monto de angustia que produciría todo asomo de empatía o toma de consciencia. Así las cosas, no sorprende que en sus testimonios digan sentirse como un objeto, ser “una pieza más del engranaje” o “un número más” (como los animales) y que la mayoría no estén a gusto con su empleo.

Este conjunto de condiciones es la causa detrás de que la industria frigorífica sea una de las que presenta mayores tasas de rotación y extranjerización de la mano de obra (eso que Marx denominó “ejército de reserva”).

ANIMALES TRABAJADORES DEL MUNDO: UNÍOS

Las ideas de la liberación animal tienen mucho que aportar a la teoría comunista y a la lucha de clases. Desde un punto de vista táctico, una rica historia de batallas creativas desafían y complementan la lucha clasista, destacándose técnicas de acción directa tales como sabotajes a la caza, bloqueos a la exportación de ganado en pie, irrupción en granjas y laboratorios para el rescate y liberación de animales y creación de santuarios y refugios. El activismo por la liberación animal presenta nuevas formas singulares de ejercer la solidaridad, que se nos antoja conceptualizar con el neologismo zoolidaridad, del mismo modo que la solidaridad específica entre mujeres en el contexto de la lucha feminista ha sido denominada sororidad.

Hribal también muestra que en el momento exacto de formación de la clase trabajadora puede observarse la formación del primer movimiento por los derechos de los animales, por lo cual, puede decirse que el antiespecismo emergió de la proletarización tanto de humanos como no humanos.

La noción de comunidad, tan fundamental para el comunismo, debe ser reformulada —y está siéndolo— para incluir en ella a otras especies. Aquí urge una pregunta: cuando el Partido Comunista del Uruguay en su centenario de existencia adopta el eslogan “100 años tomando partido por la vida”, ¿a qué vidas se está refiriendo? Por otro lado, para este 1º de Mayo el PIT-CNT formuló la consigna “Primero la vida, primero el trabajo”, y no podemos estar más de acuerdo: primero la vida (de todos los seres vivos), primero el trabajo (no asalariado).

Por suerte se avizora un horizonte de renovación generacional que podría incorporar a la liberación animal como un proyecto superador del humanismo antropocéntrico. Todavía resuenan las palabras de la proclama de la Coordinación Estudiantil Antiespecista leída en el acto del 1º de Mayo de 2018 en La Paz, Canelones: “No es suficiente llenarse la boca hablando de libertad e igualdad, con el cadáver de un animal explotado entre los dientes; no es suficiente inflar el pecho dando discursos revolucionarios, si luego nos damos la vuelta para acosar a una compañera. No borremos con el codo lo que escribimos con la mano”. Estos jóvenes también portaban una pancarta que decía: “La especie no es frontera para la solidaridad obrera. Liberación animal”.

Para finalizar, valga una aclaración: el movimiento antiespecista y comunista no aspira a un capitalismo vegetariano (veggie and animal friendly) —tendencia que se hace cada vez más probable en las economías centrales—. Más bien, para decirlo todo: por el fin del trabajo asalariado y de la explotación animal. Por la liberación total.

1.Antagonism & Practical History, (2017), Bestias de carga. Un intento de replantearse la separación entre la liberación animal y las políticas comunistas. p.13 Consultado en: http://ochodoscuatroediciones.org/libro/bestiasdecarga/

2.Hribal, Jason, (2014), Los animales son parte de la clase trabajadora y otros ensayos, Ochodoscuatro ediciones: España, p.24. Disponible en: http://ochodoscuatroediciones.org/libro/losanimalessonpartedelaclasetrabajadorayotrosensayos/

3. Ibidem, p. 27.

4. Ibidem, p. 31.

5. Citado en Antagonism & Practical History (2017). Bestias de carga, p. 22.

6.Citado en Ibidem, p. 30.

7.Cowperthwaite, Gabriela (2013). Blackfish. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=7GcNZ5udONg

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