50 – 1 = 51

Bondades de la no mayoría.

Los diputados, el colorado Fernando Amado y el representante de Unidad Popular Eduardo Rubio, aprovecharon el poder de negociación que otorga ese simple voto perdido en la cámara de diputados por el Frente Amplio (FA) para rellenar dos notorios agujeros de la rendición de cuentas: recursos para la enseñanza y para el hospital de Clínicas. En ninguno de los dos casos los acuerdos con el gobierno y el FA satisficieron las demandas iniciales. La Anep se verá beneficiada –si finalmente la votación en el plenario y la ratificación en el Senado confirman los acuerdos– con una inyección de 400 millones de pesos y el Clínicas podrá disponer de casi cinco millones de dólares anuales para encarar las refacciones más apremiantes.

¿Qué obtuvo el gobierno a cambio de ese desembolso? Por un lado, asegurar el voto de Rubio para aumentar el impuesto llamado tasa consular que pagarán “provisoriamente” los bienes importados, salvo los bienes de capital; el ajuste de la alícuota sobre el valor Cif (costo, seguro y flete, por sus siglas en inglés) de las importaciones permitirá recaudar unos 95 millones de dólares. El voto de Amado le asegura al gobierno la aprobación del artículo 15 de la rendición, por el cual el gobierno podrá posponer el pago de sentencias judiciales adversas cuando ese desembolso afecte los servicios a su cargo; esto implica un alivio de la espada de Damocles que significa la deuda con los funcionarios judiciales (48 millones de dólares al día de hoy) y de un exorbitante reclamo (1.000 millones de dólares) por las presuntas pérdidas de empresarios vinculados al Plan Fénix, cuyas cenizas se enfriaron definitivamente.

Hay diferencias entre ambas negociaciones y también en sus repercusiones políticas. Pero conviene detenerse en el caso Rubio-Clínicas. De los iniciales 120 millones de dólares que la Universidad de la República reclamó para su hospital, el gobierno reiteró que no daría ni un peso, y que la única solución viable para el primer hospital de referencia del Uruguay es la ejecución de un proyecto público-privado que ha sido rechazado por la Facultad de Medicina y por los trabajadores nucleados en la Uthc. La iniciativa del diputado Rubio, finalmente aceptada por el gobierno, consiste en reducir en un tercio el llamado subsidio a la cerveza (véase nota en página 35), una actividad económica que en Uruguay opera en régimen de cuasi monopolio en manos de la trasnacional Ambev, y que no es total porque Fábricas Nacionales de Cerveza ha logrado fagocitar el 2 por ciento del mercado que le resta por controlar. Rubio aspiraba a derivar hacia el Clínicas otros 13 millones de dólares reduciendo el subsidio que Casinos del Estado otorga para financiar ¡los premios de las carreras de caballos!, pero la idea no prosperó: el voto decisivo para la tasa consular no valía tanto.

La pregunta que surge es: ¿por qué el gobierno no tuvo la iniciativa de rascar en esos subsidios impresentables para aliviar la crítica situación del Clínicas? Si finalmente acuerda con Rubio –aun descartando los pingos– es porque se trata de una medida posible; no es ciertamente el incremento de los impuestos a la riqueza que cada vez suma mayores adeptos y que, ese sí, modificaría la filosofía (e ideología) del gobierno. ¿Acaso el gobierno esperaba que alguien planteara la negociación para regatear el voto por la tasa consular?

 

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