Conozco a Caro desde que éramos niñas y sigue igual que entonces: alta, flaca, movediza, con la cualidad de casi siempre hablar con una sonrisa dibujada en la cara e imprimirle optimismo a todo lo que se mueve. De grande se hizo actriz y profesora de Literatura y ahora, además de dar clases y actuar, es educadora en un taller del Ministerio de Educación y Cultura en la cárcel de Canelones. Ahora ahora no: desde hace seis años. Trabaja con Anahí y ambas comparten la responsabilidad del taller Palabras en Movimiento, con el que todos los años hacen un proyecto distinto que conecta el adentro y elafuera, como les llaman a las gentes de uno y otro lado de la reja. Ese asunto no es antojadizo, porque el objetivo que se trazan es que el taller sea un espacio de construcción de ciudadanía y eso necesariamente implica la presencia de los que estamos de este lado. La polea de transmisión entre una y otra punta es la escritura, que, además de todas sus cualidades, tiene la ventaja de ser fácil de ingresar o sacar de una cárcel.
El año pasado presentaron Mi traje de palabras. Historias de superhéroes, un foto-audio-libro con cuentos para niños que ellos mismos crearon luego de trabajar cada uno sobre su infancia, y que se nota que está pensado con amor. Son historias de superhéroes con superpoderes, que escribieron luego de imaginar qué le cambiarían a ese tiempo que fue su niñez. Luego, esas historias pasaron a los niños de la Escuela Rural 1 Timoteo Aparicio, que está frente a la cárcel, quienes fueron los encargados de ilustrarlas. En el libro están los cuentos de los adultos, los dibujos de los niños, las fotos de los autores vistiendo el traje de superhéroe que cada uno diseñó y cosió, y un código QR para escuchar el relato grabado por ellos mismos. Además, tiene un diccionario de palabras creadas para la ocasión. Por ejemplo:
cocronooso: la abundancia durante el tiempo que genera unión.
infracronoteiro: los cambios en la familia con el paso del tiempo.
multiducirble: muchos pueden guiar para que pueda haber más posibilidades para poder salir adelante.
ulterlegterio: más allá puedo elegir dónde ir.
El día de la presentación afuera, los chiquilines de la escuela les pedían autógrafos a los dos autores que fueron en representación de todos a la actividad que se hizo en el teatro Politeama en la ciudad de Canelones. «Hay gente que nunca imaginó algo así, su mundo es muy cortito, con el límite muy acá»,
me dijo Carolina un día que hablamos sobre la experiencia del taller, y puso su mano cerca de la nariz para que me quedara claro cuán cortito eso podía ser. «Uno de ellos me decía “me encantaría salir y no volver a entrar, pero no sé hacer otra cosa que no sea robar”. Lo ha hecho desde los 8 años. Yo digo “soñá”, pero hay que aprender a soñar. Ese entrenamiento es el objetivo del taller: poder abrir un poquito el horizonte.»
Aquel día en el teatro fue «como estar en Disney», porque los presos palparon a través de la mirada de los niños que hay otros ojos para ellos, unos que devuelven una mirada diferente a la de siempre: una en la que puede haber admiración.
ALYSSUM
Este año fue otra cosa. Trabajaron sobre el cuidado, el propio y el del otro, y en setiembre nos incorporamos los de afuera. La consigna parecía sencilla: compartir el cuidado de una planta con alguien de adentro. Cada semana nos llegaría una alyssum –unas plantitas con flores pequeñas que vienen como en racimo y son originarias del Mediterráneo–. Nosotros las cuidaríamos durante siete días y luego las devolveríamos para que alguien del adentro la siguiera cuidando, al tiempo que recibíamos otra, que previamente habían cuidado otras personas del adentro y del afuera. Una cadena sólida de cuidados. Con cada cuidador intercambiaríamos correspondencia y finalmente nos conoceríamos en una actividad de cierre en la cárcel y plantaríamos las alyssum en el patio y en una plaza de la ciudad (adentro y afuera, otra vez), con tanta mala suerte que, llegado el día, mis compañeros de cuidado estaban en cuarentena por un brote de varicela y, además, diluvió y no pudimos plantar –aunque hicimos un simulacro–.
Hay algo de la libertad que impone una responsabilidad que no hace liviana la tarea. Asumo que cada uno les dio a las plantas el significado que quiso o el que le surgió. O no les dio ninguno.
Yo las cuidé como si fueran la esperanza. La de ellos. O la mía también. Y la esperanza es algo que nadie quiere cuidar ni devolver marchita. Mucho menos en estos tiempos.
Caro se ríe cuando hablo del miedo y deschava que tenían plantas de repuesto por cualquier accidente, y aclara que la gracia de todo esto estaba en la correspondencia, en que quienes estaban adentro hicieran el ejercicio de pensarse y contarse con libertad y darse a conocer de la manera que uno quiera: ¿quién soy?, ¿quién quisiera ser?, aunque no todo lo dicho fuera verdad. Decir algo que no es algunas veces encierra
mucha verdad.
En Fiesta patria, la obra que este año Mariana Percovich montó en el Cabildo de Montevideo, Caro sale a escena con un muñeco en la mano. Es Roke, un indio con el poder de la supervivencia que inventó Diego en el poquito tiempo que estuvo adentro. Le alcanzó para armar el personaje, diseñar el vestuario y poca cosa más. También trazaron un plan –«precario», pero plan al fin– para enfrentarse al afuera, que sigue siendo un páramo para todo el que estuvo adentro. La idea era encontrarse allí, pero Diego salió y «la patria se lo tragó», dice Carolina, ahora en el escenario, mientras sostiene al superhéroe.
Pero a Alejandro, que salió después, no. No todavía, al menos. Y estuvo en la última función de la obra, que pasea a los espectadores por las heridas de la patria. Al otro día, en sus redes sociales Caro publicó una foto de ese encuentro y escribió:
Ale,
esto que escribo es para vos.
Hace un mes estabas adentro.
Ayer estuviste sentado en la última de Fiesta patria.
Esta es tu cara, ya no la ocultamos.
Tu sonrisa, ya no la contenés.
Tu superpoder de sobrevivir, lo lograste.
Soñaste con un mundo donde salvarnos, lo dibujaste y sucedió.
El adentro pregunta por vos.
Se te quiere mucho. Y te extrañan.
Aunque están felices de tu afueridad.
«Ale llegó», dijeron.
Llegaste.
Habíamos soñado con que pudieras venir al teatro.
Poder pedirte perdón por una patria que se ha devorado a tantos.
Pero no a vos.
Con vos no pudo.
Vos llegaste.
Vos lograste soñar tu afueridad.
Y nos prometimos acompañarnos.
Y ese trillo fue el que empezamos a caminar ayer.
Parir un corazón nuevo.
Y quemar el cielo si es preciso.
POR VIVIR.
(Lloré tanto al cantarlo con Silvio.)
❤🔥
Gracias a este entramado increíble que es el teatro y la vida toda.
En medio de la excárcel Cabildo, sentado en su piso de parquet, Ale vio un pedacito de su herida en escena.
Y TEMBLÓ LA TIERRA.





