El mundo amigos - Semanario Brecha
Trump, Davos, los ricos y el nuevo orden

El mundo amigos

Personas disfrazadas con máscaras del presidente de Estados Unidos, Donald Trump (d) y del presidente de Argentina, Javier Milei (i), participan en una protesta organizada por la ONG Oxfam en Belém, Brasil en noviembre de 2025. Facebook Oxfam, Rodrigo Jose Castro Correia.

El miércoles 21, un día después de haber soplado su primera velita en la Casa Blanca,1 el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegaba a Davos para participar en el Foro Económico Mundial, la cita que año tras año reúne en esa pequeña y exclusiva ciudad suiza a lo más granado de la élite mundial (grandes empresarios, financistas, lobistas) y a dirigentes políticos. En pose de jefe de imperio, Trump se tomó su tiempo y habló durante hora y media. De la excelencia de su gestión, de cómo había contribuido a la paz mundial, de la grandeza recobrada de su país. Sobre todo, de cómo Estados Unidos necesitaba expandirse y le eran imprescindibles Groenlandia, Venezuela, Canadá y América Latina toda. Respecto a la isla ártica, dijo que ya había llegado a un acuerdo con la OTAN para controlarla en conjunto y que las negociaciones estaban avanzadas para que los buenos de los groenlandeses («son tan pocos», viven en «un pedazo de hielo», «nos necesitan para desarrollarse», «están indefensos») cumplan el sueño americano que ellos niegan tener. Antes de partir hacia Suiza, Trump había difundido en su red Truth Social un mapa generado por inteligencia artificial del nuevo Estados Unidos, con Cuba, Canadá, Venezuela y Groenlandia como parte de la unión.

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También en Davos, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, que por tanto tiempo prestó servicios al viejo orden mundial, constataba con lucidez y con no poco cinismo lo que se les viene encima también a ellos, privilegiados del viejo mundo: «Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima. Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas. Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. Ese pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición», dijo Carney, rico gobernante de un país también rico e integrante del G7. El Globe and Mail de Ottawa publicó que, por primera vez en un siglo, Canadá se está preparando para la posibilidad de una invasión estadounidense.

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Tanto habló Trump en Davos que le sacó tiempo y público a su acólito y devoto Javier Milei. El argentino tuvo que apurarse –de los 2 mil y pico de participantes en el foro, entre grandes empresarios y líderes políticos, quedaban un centenar para escucharlo; las masas se fueron retirando una vez que el patrón habló– para hacer sus habituales loas al capitalismo puro y duro, fustigar a los «decadentes» europeos (pobres europeos, zarandeados de todos los costados y ellos tan allí, tan vasallos), repetir que al planeta lo salvan los ricos, que para que estos puedan buenamente obrar y derramar necesitan que el Estado se aparte, y anunciar que, bajo la batuta de su amigo Trump, el mundo se está despertando y que América será su luz.

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Oxfam, una confederación internacional de ONG, publica todos los años informes previos al foro de Davos que los presenta como la contracara del «mundo de ricos y poderosos que se reúnen en Suiza». El que difundió esta semana se titula Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los milmillonarios. Tiene datos como los siguientes, que no por repetidos año tras año desde hace al menos tres décadas, cuando el viejo mundo comenzó a desplomarse, dejan de ser fuertes: en 2025, la riqueza acumulada de los milmillonarios superó los 18,3 billones de dólares, un máximo histórico; esa cifra es un 80 por ciento superior a la de 2020; por primera vez, un solo hombre, Elon Musk, concentra una fortuna superior al medio billón de dólares; en paralelo, son cada vez más en el mundo los que ni siquiera pueden comer (ahora mismo, cuatro de cada diez terrícolas está en situación de «inseguridad alimentaria»), mientras la precarización de todo no para de crecer.

En Estados Unidos, previsible país de nacimiento de la mayoría de los ricos riquísimos, la concentración del poder (económico, político) aumentó aceleradamente en el primer año de gestión de Donald Trump, dice el informe de Oxfam. Mientras desregulaba, «desengrasaba» el Estado y quitaba impuestos a los más ricos –y, en simultáneo, liberaba tropas dentro del país y sinceraba sus ambiciones imperiales fuera–, el republicano duplicaba en estos 12 meses su fortuna personal y regresaba al club de los milmillonarios. «El gobierno de Trump constituye una clara señal de alerta de hasta dónde puede llegar el poder que ejercen los más ricos», dijo Oxfam. En un documento complementario a su informe global dedicado a esta región del mundo, señaló que en América la luminosa los 109 milmillonarios registrados el año pasado (14 más que en 2024) acumulan hoy una riqueza récord: 662 millones de dólares, 443 por ciento más que la que tenían sus pares más ricos a inicios del siglo XXI y 39 por ciento más que en 2024. Nadan en el más puro reino de la libertad trum-
pomileísta esos ricos latinos: son un puñadito (cinco) los países que gravan su patrimonio. Y lo esencial de su riqueza (65 por ciento) la extraen de sectores como las finanzas, la energía, las telecomunicaciones… y los medios de comunicación. Nueve de las diez mayores redes sociales del planeta están en manos de milmillonarios, así como más del 50 por ciento de las publicaciones y canales más importantes, y ocho de las diez principales empresas de inteligencia artificial generativa.

Todo un temita ese: que los medios reproducen el sistema que genera la riqueza de sus propietarios. Viejo como el mundo viejo, y cada vez más evidente.

  1. Véase «Y los trumpistas, contentos». ↩︎

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