Vieja y querida - Semanario Brecha
Un nuevo plan ordenador para el casco histórico de Montevideo

Vieja y querida

La agenda capitalina viene cargada. Movilidad y limpieza son noticia día por medio. Pero trae más. El Ejecutivo departamental propone discutir un nuevo plan para la Ciudad Vieja, el más antiguo de sus barrios, y parece haber razones para hacerlo.

Mauricio Zina.

De los cinco planes de la Intendencia de Montevideo que requerirán financiamiento extrapresupuestal (y, por lo tanto, el aval de una mayoría especial en la junta departamental), solo uno tiene nombre de barrio: el Plan Ciudad Vieja.

La lista de cosas que no andan bien por ahí es larga. Alberto Leira, presidente de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU), empezó por los grandes monumentos abandonados.

«El Hotel Nacional, de 1890, que ocupa una manzana entera entre Juan Lindolfo Cuestas, Piedras y Cerrito. Allí funcionó la llamada Facultad de Matemáticas, y de ella salieron nuestros primeros ingenieros y arquitectos. Fue adquirido por la naviera Tsakos, para establecer allí la fundación del mismo nombre, pero evidentemente perdió interés y eso sigue vacío. Otra manzana que llama la atención es la del edificio más viejo que tenemos, la Atarazana, el apostadero naval que data de 1776 y desde donde la Marina española vigilaba desde las islas Malvinas hasta la costa africana. Está detrás de la casa central del Banco República, en Zabala, entre Piedras, Solís y la rambla portuaria. El banco tuvo un proyecto para construir ahí y estaba pronto para salir a licitación, pero al entonces presidente José Mujica le pareció muy caro y le bajó el pulgar. Desde entonces lo que hay es un estacionamiento a cielo abierto, cosa que está prohibida en la Ciudad Vieja. El Estado compró el edificio del Lloyds Bank, en Cerrito y Zabala, para instalar el Ministerio de Turismo, pero la administración pasada lo dejó sin uso. Hay muchos ejemplos más.»

Para el arquitecto también hay enormes problemas de gestión. «La intendencia de Daniel Martínez desarrolló un plan de sustitución de veredas, pero al poco tiempo empezó a venir la OSE a romperlas y dejar parches en vez de rehacer los paños enteros. La fachada del edificio de la Corte Electoral está afeada por equipos de aire acondicionado cuya colocación externa también está prohibida. Ni hablar de los equipos de la sede del Ministerio de Transporte, que mojan sistemáticamente a los peatones que caminan debajo. Tenemos problemas con los camiones de reparto que se estacionan en las peatonales cortando la circulación. En las peatonales también tenemos motos y bicicletas que circulan sin reparar en los caminantes. Tenemos un fenómeno grave de vandalismo, por más que la Ciudad Vieja haya sido el primer barrio en contar con cámaras de vigilancia. He visto grafitis hasta en las paredes del cabildo. En la plaza más emblemática de Uruguay, la plaza Independencia, hay luminarias rotas hace seis años. Y también hay privados que gestionan mal: la marquesina oxidada de la Farmacia Café (Cerrito e Ituzaingó) es uno de tantos ejemplos», enumeró.

En su visión, juegan, además, factores de otra naturaleza: «La ubicación de comercios, como los boliches que se mudan, a veces en función de modas. La pandemia hizo mucho más frecuente el trabajo a distancia y, entonces, también se redujo el movimiento de las oficinas y con eso la demanda de oferta gastronómica. Las tecnologías que han hecho que podamos hacer una enorme cantidad de trámites sin tener que ir a las oficinas obran en el mismo sentido».

Y, por supuesto, Leira se detuvo en el drama de la gente en situación de calle. «El presidente anterior hablaba de los malla oro. De niño siempre me llevaban a la llegada de la vuelta ciclista. Claro que se hinchaba por los que peleaban la punta. Pero después pasaba el pelotón y atrás las camionetas de los repuestos. Y después, cuando alguna gente se empezaba a ir, aparecía el rezagado, liquidado, tratando de llegar con lo último de sus fuerzas. Yo recuerdo que a ese era al que aplaudíamos más. Hoy a los rezagados no los queremos ver. La sociedad injusta en la que vivimos tiene su traducción urbana. ¿Cómo es posible que tengamos gente en la calle al lado de tantos edificios abandonados?»

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Sin embargo, la situación del barrio no obedece a que no se le haya prestado atención. Desde que la última dictadura abolió las normas que protegían los edificios de valor patrimonial del barrio y empezó a demolerlos a ritmo febril, la defensa del casco histórico se convirtió en un principio casi unánime de cuantos trabajan por la ciudad.

Todavía bajo aquel yugo, en 1982, el movimiento acaudillado por el arquitecto Mariano Arana logró instalar la protección integral y establecer la Comisión Especial Permanente de Ciudad Vieja (de la que Arana participó como delegado de la SAU), con la que desde entonces se consultan las modificaciones edilicias que se quieran hacer en el barrio.

Diez años después comenzó a construirse la peatonal Sarandí y, una vez que Montevideo tuvo su Plan de Ordenamiento Territorial, el primer Plan Especial que derivó de este fue el de la Ciudad Vieja, aprobado en 2013. La lista de intervenciones realizadas bajo su divisa es realmente larga. La última –durante la administración de Carolina Cosse– fue el programa Late Ciudad Vieja. Aún así, la idea de que se está demasiado lejos de lo deseado parece haberse vuelto otra unanimidad. Para respaldarla suele esgrimirse un contundente argumento demográfico: en la década del 60 vivían en el barrio casi 40 mil personas, ahora son poco más de 10 mil.

Un urbanista consultado manifestó en confianza su desconcierto ante el desenlace: «Los procesos que se plantearon hace más de 20 años, cuando se perfiló una forma de actuar sobre el casco histórico, quizás no estaban mal rumbeados. Pero por los motivos que sea, algo que tenía todos los ingredientes para salir bien no salió. Eso a pesar de que Arana en la intendencia jerarquizó a la Ciudad Vieja y a la cuenca del Miguelete como prioridades de la planificación, en un movimiento acompañado por gente validada desde el punto de vista académico, político y social. Hubo inversión en el espacio público, hubo rehabilitación de edificios históricos, hubo articulación con el Estado para patrocinar programas de vivienda que atrajeran a la inversión privada, hubo programas de vivienda social. Estaban todos los ingredientes de la receta. No sé si se falló en las cantidades, no sé si se siguió mal la receta o si falló el libro del Crandon. A mí me parece un caso bien interesante».

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Las cosas se ven algo distintas cuando se tienen en cuenta algunos números. El martes El País publicó una nota que sintetiza un informe de la Agencia Nacional de Vivienda sobre los proyectos inmobiliarios realizados desde 2011 al amparo de la ley de vivienda promovida.

Allí se lee que la Ciudad Vieja está entre los diez barrios capitalinos elegidos para llevar a cabo la enorme mayoría (el 68 por ciento) de esas obras. El barrio favorito de la vivienda promovida es, por lejos, Cordón (que acumula el 22 por ciento). Pero en la Ciudad Vieja se han desarrollado 50 (el 4 por ciento), casi tantos como en La Unión (56 proyectos) o Larrañaga (53). Además, considerando solo el último año móvil, la Ciudad Vieja mejoró su posición. Con 11 proyectos ingresados –tantos como tiene el Centro– ha pasado a significar el 7 por ciento del total de los últimos 12 meses.

El intendente Mario Bergara, entrevistado en Punto de Encuentro (970 Universal) el 2 de febrero, atribuyó a medidas adoptadas por el gobierno de la ciudad entre 2024 y 2025 para promocionar la inversión en la Ciudad Vieja un salto bastante más vistoso. La cantidad de proyectos inmobiliarios presentados solía promediar cinco por año. Pero el año pasado fueron 30.

Al oeste de la plaza Independencia, los precios del suelo no lucen tan mal. El barrio marcha dentro del pelotón, podría decirse. Los últimos números publicados por Data, el monitor del mercado de inmuebles de El Gallito Luis, son de noviembre del año pasado. Según estos el precio de los apartamentos en Montevideo iba desde los 735 dólares que promediaba el metro cuadrado en Punta de Rieles a los 4.385 dólares en Carrasco. En esa tabla el promedio de la Ciudad Vieja (2.135 dólares) se ubicaba en la franja del medio, junto con los de una docena de barrios, donde el metro cuadrado se pagaba de 2 mil dólares para arriba, pero a menos de 3 mil. Ciudad Vieja estaba más cara que Brazo Oriental, pero más barata que Capurro.

Respecto al valor de los alquileres, el Instituto Nacional de Estadística publicó, el lunes, datos hasta diciembre. Según estos, en una escala que va de los 14.522 pesos que se piden en Punta de Rieles a los 45.200 que hay que pagar en Carrasco, el promedio de los alquileres pagados en la Ciudad Vieja (20.759 pesos) queda apenas abajo del promedio departamental (21.687), más caro que el de Sayago, más barato que el de La Unión.

Pero no solo el capital le sigue poniendo fichas a la Ciudad Vieja. También lo hace el trabajo. De acuerdo a los datos publicados en la pestaña Montevidata del portal de la intendencia, en diciembre de 2024 ya había en el barrio 36 cooperativas, con un total de 809 viviendas.

En todo caso, en materia de evolución demográfica, no son muchos los barrios en condiciones de sacar pecho ante el más antiguo de la ciudad.

Entre los censos de 2011 y 2023, Montevideo perdió 23 mil personas. La Ciudad Vieja aumentó 1.043. De censo a censo los únicos municipios que aumentaron su población fueron el B, al que el barrio pertenece, y el CH. Sumados los ocho barrios del CH (Tres Cruces, Larrañaga, La Blanqueada, Parque Batlle, Villa Dolores, Buceo, Pocitos y Punta Carretas) aumentaron su población en 2.232 personas, apenas algo más del doble que el casco originario.

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Por otra parte, es una vecindad en movimiento, que demanda ser oída ante las intervenciones urbanas por las que se siente afectada. El antropólogo Camilo Zino ha recreado recientemente su historia para el libro Conflictos territoriales.1

La primera movida que registra data de 2014: la formación de un grupo de vecinos motivados por mantener en condiciones la Plaza de Deportes 1, contigua al Hotel Nacional. A juicio del grupo, un proyecto presentado por Tsakos al año siguiente alteraba la zona en perjuicio de las actividades recreativas y deportivas que los vecinos se habían ocupado de revivir, y desde entonces la Comisión Plaza Uno se convirtió en un actor de la discusión urbanística.

El proceso participativo Imaginá Montevideo, que la intendencia organizó en el barrio en 2021, puede haber contribuido a estimular las ganas de intervenir. En el episodio más reciente que registra el antropólogo, la asamblea barrial de octubre de 2024, las organizaciones ya eran cuatro. Además de la gente de Plaza Uno, participaron el Colectivo Plaza Javier Larroca-Diagonal Fabini, la Asamblea Barrial Abriendo el Neptuno y, como era de imaginar, la Asamblea por la Rambla Sur, que hace bien poco se alzó con la victoria cuando se consagró al uso público el edificio del dique Mauá (véase «Una conquista ciudadana», Brecha, 2-I-26).

En realidad, los esfuerzos realizados en favor de la Ciudad Vieja a lo largo de estos años también han dejado resultados positivos bien visibles. El presidente de la SAU tenía igualmente ejemplos en favor de esta opinión. «Desde que terminó la dictadura, en la Ciudad Vieja se ha ido invirtiendo siempre. Lo ha hecho la intendencia y lo han hecho otros. El Banco República ha destinado importantes recursos económicos a mantener sus edificios. El Museo del Gaucho y la Moneda, entre ellos, que está precioso. Enfrente, la Fundación BROU es un espacio cultural que funciona en otro viejo banco muy bien recuperado. La Fundación Cultura Universitaria se estableció en uno de los locales comerciales del edificio Centenario (25 de Mayo e Ituzaingó), y eso quedó divino. Además, se restauró la marquesina y de nochecita su impacto visual es muy bello. El Centro Cultural de España es una maravilla y un polo cultural interesante. El edificio de la Corporación Andina de Fomento (CAF) sustituyó al semiabandonado Mercado Central. Cinemateca se instaló ahí y el barrio ha vuelto a tener cine después de muchos años. Fun-Fun está ahí de nuevo y los bolichitos de la calle Ciudadela le dan vida a todo eso. La apuesta de darles tierras a las cooperativas va a ir cambiando la vida cotidiana. El circuito con Colón, Rincón y Reconquista, que hizo el Late Ciudad Vieja, quedó muy bien», citó el arquitecto para la cuenta del haber.

A su juicio, «la revisión del plan de 2013 va a ser algo bueno, un nuevo impulso cuando la ciudad está cumpliendo sus 300 años, y es bueno que Bergara lo promueva». Explicó que parte del trabajo ya está hecho. «El nuevo inventario patrimonial está casi terminado. Son alrededor de 2 mil fichas. Hubo que inspeccionar cada uno de los edificios protegidos o a proteger. Con financiamiento de la CAF se hizo una consultoría que resultó en un diagnóstico técnico del estado del barrio. La intendencia trabaja con el Municipio B en la preparación de los documentos que serán la base de la audiencia pública que se realizará para poner el nuevo plan a consideración de la ciudadanía.»

Para el arquitecto, un escollo que habrá que superar se parece al que enfrentó Arana en 1982: «La ciudadanía no dice qué ciudad quiere; se lo deja a los técnicos. Y hay que salir de ese lugar para que la audiencia sea lo que tiene que ser».

  1. Sebastián Aguiar y Marcelo Pérez Sánchez (coordinadores), Montevideo, Udelar-Universidad de Tours, 2025. ↩︎

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