—En una entrevista anterior habíamos hablado sobre la representación del indígena en Zama, que nunca aparece sumiso y siempre está burlándose y conspirando contra el blanco. Entonces me dijiste que para hablar con los comuneros habías buscado un sitio de igualdad y que lo que se te había ocurrido era pedirles que te contaran un sueño, porque todos soñamos cosas parecidas. —Claro, porque no hay límite de presupuesto en el sueño. —Y en el caso de Nuestra tierra, ¿cómo fue que abordaste a la comunidad Chuschagasta? —Hicimos dos cosas. Una, más obvia pero muy efectiva, fue que antes de empezar el rodaje hicimos un taller de cine con los chicos de la comunidad. Fue muy intenso y con muy alto nivel, no era una cosa condescendiente; fue el mismo taller que hice en Barcelona o en Estados Unidos. D...
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