Es muy difícil salirse de la canción en Uruguay. Cuando alguien se sale o se corre un poco de ella, arriesga convocatoria. Además –y tal vez esto sea lo más tenebroso–, quienes se dedican a hacer canciones parecen cada vez más entusiasmados con su rol como emprendedores que como artistas: estrategias de difusión, de comunicación, de inversión y hasta decisiones estéticas tomadas bajo esquemas económicos. De todas formas, siempre hay voces que zafan; voces autoconscientes, que, incluso cuando no queda otra que adaptarse, hacen eso explícito: hay circunstancias que a veces nos sobrepasan, y ser incorruptible no se trata solo de pureza, también de una noción sensata sobre las condiciones de posibilidad.
Tamalito, de Sofía Álvez y Camila Ferrari, y Hormiguería I, de Marco, lanzados en mayo y marzo respectivamente, vienen siendo del material más interesante de este año en Uruguay. Si bien se trata de proyectos muy distintos, hay algo que los emparenta, en particular la respuesta a las circunstancias mencionadas. Ambos son discos de canciones, pero, en lugar de un desarrollo clásico, los dos progresan como en arco.
El disco de Marco cuenta con un total de 11 temas y todos duran un minuto y cuatro segundos; el de Sofía y Camila tiene cuatro canciones y ninguna llega a los tres minutos. Ambos discos rondan los 11 minutos y, si bien son cortos en duración, condensan lo que muchos no logran en 40. Esto dice algo de la forma: hay una voluntad sobre cómo narrar en términos de disco, de cómo poner las cosas allí. No hay repeticiones, está lo necesario y en los momentos indicados. Por último, ambos son discos independientes, tanto en su difusión como en su concepción, y gozan de algo genuino, sencillo, sin fuegos artificiales.
CUENTOS DE A DOS
Sofía Álvez y Camila Ferrari son dos de las principales cantautoras de la nueva oleada de la música uruguaya, algo nada fácil de lograr en un océano cargado de negocios feos y malas costumbres de género. Se las ha visto y escuchado en varios proyectos, incluidos los de autoría propia. Cuando unen fuerzas, se potencia la particularidad de cada una, sea por contraste o por fusión. Fue a pedido de mucha gente que salió este disco. Primero, como una forma de recaudar fondos para una gira por México que hicieron en 2025 y, luego, para poder plasmar ese trabajo en vivo en un disco de estudio. Cuenta Camila a Brecha: «Grabamos las guitarras, los bajos y las voces en el living de casa. Después, Sofi continuó gran parte de la producción desde la suya y grabó las baterías en el estudio de un amigo. Fue un proceso muy casero, sencillo y honesto. No hicimos demasiadas tomas, nos gustó mucho la frescura de registrar las canciones casi en vivo, con esa espontaneidad». Y eso no queda solo plasmado en cuanto a composición e interpretación estrictamente instrumental, sino que también está en todo lo que sucede luego del registro: el ambiente, la sonoridad general, los planos donde se encuentran las cosas. Y esa es tal vez la mayor virtud de este disco: su claridad.
Tiene, además, muy buenos y variados arreglos instrumentales y un hermoso contrapunto, un constante juego de cambios tímbricos –a veces desde un mismo instrumento, otras veces por la alternancia sucesiva entre ellos: percusiones que aparecen y se van, voces e instrumentos que suben y bajan, como en una marea–. Y ello se explica gracias a una muy buena interpretación –nunca virtuosista, pero sí muy bien tocada, con lo justo y necesario– que toma en cuenta el diálogo entre los instrumentos, lo que potencia el interés de cada uno. Ejemplo claro de ello, el contrapunto entre la voz de Camila, que suele ser más brillante y estilizada, y la de Sofía, que es más opaca y a tierra. Cada una juega desde un lugar específico con el tono y el registro, pero ambas saben muy bien cómo hacerlo y, en esa comunión, conquistan un espacio más grande, el de una sola voz.
Es interesante ver cómo el desarrollo armónico va generando una progresión familiar al oído que, a la vez, detenta un hilo conductor. Acordes que de manera aislada no llaman demasiado la atención, pero que, al enlazarse, crean una narrativa propia. El disco es ecléctico y variado en estilos, pero, aun cuando se pasea por distintos lugares/géneros, no pierde su homogeneidad. El arte de la combinación hace que los temas no cumplan con la forma clásica de estrofa-estribillo, y las canciones se van desplegando como en arco, desde un comienzo hacia un final, como si fueran cuentos musicales.
LA VIDA EN SEGUNDOS
Marco es hijo de una larga y vigorosa tradición de cantautores, tanto en guitarra como en voz, y tanto en lo instrumental como en la sonoridad general de Hormiguería I, su primer disco solista. Una voz y una guitarra trabajadas al máximo, lo cual incluye que una sea muy consciente de la otra. Y, como es de imaginar, la letra es un guante para la poesía en este marco. Es posible adivinarle aires de Trochón, de Osiris, incluso de Paco Ibáñez, pero desde una penumbra y un hoy muy conscientes. Marco es un guitarrista, es un cantante y es un letrista, todo a la vez, y esto permite darle varias vueltas a su música, en conjunto o por carriles diferentes, como se prefiera.
Es un debut sin duda conceptual: 11 piezas, cada una de un minuto y cuatro segundos de duración, y cada una es una cosa en sí, a la vez que cuentas de un mismo rosario. Dice Marco a Brecha: «En mi opinión, el deseo de inmediatez se ha comido el sentido de la brevedad y ha invisibilizado su valor. Desde allí empecé a componer canciones en este formato explorando las condiciones de trabajar música y poesía en un tiempo breve y no tan habitual en mi escucha. Cuando las compartía con gente, las ordenaba en un sentido en el que creía que construían una narrativa, para compensar esa falta de costumbre».
Aun así, ese orden tiene su grado de abstracción, ya que su razón de ser no es nunca explícita, ni en la música ni en la letra. El disco hasta podría admitir un orden diferente. Los temas tienen un comienzo, un desarrollo y un final muy nítidos, y no hay disrupciones ni finales súbitos. Sin embargo, cada pieza da la sensación de provenir de otro lado, de una cierta bruma que se dirige y se funde con otra. Es algo que hace que un tema no se desprenda literalmente del que lo antecede ni del que lo sigue. Canciones que persuaden como párrafos de páginas escogidas al azar aun cuando detenten una idea perfectamente desarrollada, que cierra con claridad.









