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León Duarte: homenaje a 50 años de su desaparición forzada

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León Duarte fue uno de los principales dirigentes sindicales uruguayos surgidos de la industria del caucho y una figura decisiva en la construcción de un sindicalismo unitario y combativo. Ingresó a Funsa en 1953, donde se destacó por su preocupación por los derechos de los trabajadores y su capacidad de estudio y solidaridad.

Según su compañera, Hortencia Pereira, era un trabajador de gran sensibilidad, lector incansable y siempre dispuesto a enseñar a los demás. Antes de ser un dirigente ya orientaba a sus compañeros sobre sus derechos. Su liderazgo se caracterizó por el diálogo, la firmeza y el respeto, cualidades que le permitieron negociar con la empresa desde posiciones de fuerza. Fue protagonista de la histórica ocupación de Funsa bajo control obrero en 1958.

Comprometido con las ideas libertarias y con la unidad del movimiento sindical, también participó en la construcción de proyectos políticos de la izquierda revolucionaria. Sufrió reiteradas detenciones, torturas y persecuciones. En 1976 fue secuestrado en Buenos Aires en el marco del Plan Cóndor y permanece desaparecido. Su desaparición simboliza la coordinación represiva entre las dictaduras del Cono Sur.

Quienes lo conocieron destacan su humanidad, su capacidad para escuchar, ayudar a resolver problemas y mantener la esperanza, incluso en los momentos más difíciles. Su vida constituye un ejemplo de compromiso con la justicia social, la solidaridad y la defensa de los trabajadores. Su trayectoria sintetiza el esfuerzo por articular organización sindical, elaboración política y resistencia al autoritarismo.

Estuvo estrechamente vinculado al proceso que culminó en la fundación de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT), en 1966, y por eso el homenaje a 50 años de su desaparición se enmarca en la conmemoración de los 60 años de la CNT.

Supo entender y actuar a partir de la convicción compartida por amplios sectores del movimiento obrero de que la fragmentación debilitaba la capacidad de enfrentar tanto a las patronales como a un Estado crecientemente represivo. Duarte defendió activamente la unidad sindical, entendiendo que la pluralidad ideológica debía expresarse democráticamente dentro de una organización común de clase.

En ese proceso, desempeñó un papel destacado en el sindicalismo, promoviendo la democracia de base, la participación directa de los trabajadores y la independencia frente al Estado, los gobiernos, los partidos y los empleadores. Su influencia trascendió el ámbito sectorial y contribuyó al fortalecimiento de una cultura sindical unitaria que sería decisiva durante la huelga general contra el golpe de Estado de junio de 1973.

La trayectoria de Duarte también estuvo marcada por los debates estratégicos desarrollados en el seno de la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) antes de la conformación de la CNT durante los años sesenta, cuando, junto con Gerardo Gatti y Hugo Cores, impulsó una profunda reflexión sobre los límites del espontaneísmo y la necesidad de dotar al movimiento popular de una organización política específica, capaz de elaborar estrategia, coordinar la acción y acompañar la autonomía de las organizaciones sociales. Esa discusión, que representó una innovación dentro de un sector de la ortodoxia anarquista, significó una ruptura en las corrientes libertarias hasta ese momento nucleadas en la FAU.

Como parte de esa evolución política, surgió la FAU sin puntitos (es decir, sin sigla) y la Organización Popular Revolucionaria 33 Orientales (OPR-33), concebida como un instrumento de apoyo a las luchas populares en un contexto de creciente violencia estatal. La existencia de la OPR-33 respondió a una estrategia que combinaba organización política, inserción sindical y formas de autodefensa y financiamiento de la resistencia. Duarte compartió esa concepción estratégica, siempre colocando en el centro la organización de la clase trabajadora y la acumulación de fuerzas sociales.

Jugó un rol de organizador de la resistencia cuando el movimiento popular padecía las consecuencias de las políticas represivas impulsadas por el gobierno de Jorge Pacheco Areco. Era un escenario marcado por una profunda crisis económica, una elevada conflictividad social y un creciente autoritarismo. Como consecuencia de las medidas represivas adoptadas por el gobierno, varios integrantes del Consejo Editor de Época fueron detenidos y procesados. Entre ellos, Gerardo Gatti, una de las principales figuras de la FAU, fue sometido a un proceso judicial debido a que el gobierno consideró que el semanario que dirigía era una asociación para delinquir. Ello ocurrió después de que, el 12 de diciembre de 1967, el Poder Ejecutivo dispusiera por decreto, e invocando la ley 9.936, de 1940, la disolución de la FAU junto con otras organizaciones de izquierda. Este episodio constituyó un antecedente relevante del endurecimiento represivo que caracterizaría los años siguientes en Uruguay.

El 7 de diciembre de 1967, esos grupos habían reeditado Época, periódico que durante los años sesenta se había convertido en uno de los principales órganos de prensa de la izquierda uruguaya. A partir del denominado «Acuerdo de Época», la publicación pasó a funcionar como un espacio de coordinación política de diversas organizaciones de la izquierda revolucionaria.

Duarte desempeñó un papel decisivo en la articulación de la Resistencia Obrero-Estudiantil (ROE) durante los años sesenta. Desde el sindicato de Funsa impulsó una forma de acción sindical basada en la democracia de base, la organización colectiva y la unidad entre trabajadores y estudiantes frente al avance del autoritarismo. Entendía que las reivindicaciones salariales y laborales debían vincularse con la defensa de las libertades democráticas y con una transformación más amplia de la sociedad. Por ello promovió la coordinación entre sindicatos, gremios estudiantiles y organizaciones populares, contribuyendo al fortalecimiento de un movimiento social capaz de enfrentar la represión estatal.

El semanario Compañero constituyó una de las experiencias periodísticas más relevantes de la izquierda sindical en los años previos al golpe de Estado de 1973. Conducido por Duarte como referente de la ROE, tuvo el propósito de trascender el papel de un periódico informativo y convertirse en una herramienta de organización política y sindical. Más que un simple medio de comunicación, Compañero buscó contribuir a la formación política de sus lectores y a la construcción de una alternativa de transformación social.

Tras el golpe de Estado del 27 de junio de 1973, la censura y la persecución contra la prensa opositora provocaron el cierre definitivo del semanario hacia fines de ese año. Sin embargo, su legado perduró clandestinamente denunciando la represión, las desapariciones forzadas y el terrorismo de Estado. La CNT fue declarada ilegal, pero su red clandestina continuó funcionando gracias al compromiso de numerosos militantes. Duarte integró ese esfuerzo de resistencia, convencido de que la defensa de las libertades democráticas era inseparable de la defensa de los derechos de los trabajadores y la lucha por la libertad y el socialismo.

Desde abril a octubre de 1976 militares y policías uruguayos actuaron con el objetivo de secuestrar, torturar, trasladar de un país a otro, desaparecer o matar a personas en su mayoría vinculadas al Partido por la Victoria del Pueblo. La responsabilidad y la planificación de esos hechos respondían a políticas de Estado que se efectuaban en Automotores Orletti por el OCOA (Organismo Coordinador de Operaciones Antisubversivas) y el SID (Servicio de Información de Defensa).

La desaparición de León Duarte constituye uno de los ejemplos más emblemáticos de la dimensión transnacional del terrorismo de Estado y de la persecución contra dirigentes sindicales y políticos, pero no significó el fin de su influencia. Su figura permanece asociada a la construcción de la unidad sindical, al desarrollo de una corriente libertaria capaz de combinar principios con elaboración estratégica y a la convicción de que la organización política y la organización social debían complementarse para enfrentar el autoritarismo. Su legado continúa siendo objeto de estudio tanto de historiadores como del movimiento sindical uruguayo, al representar una experiencia singular de articulación entre sindicalismo clasista, pensamiento libertario y compromiso democrático.

Recordar a León Duarte implica reivindicar la continuidad de una tradición política que entendió la unidad del movimiento obrero como un patrimonio estratégico, reivindicar la experiencia fundacional de la CNT, comprender los debates que transformaron a la FAU y reconocer el impacto devastador del Plan Cóndor sobre quienes lucharon por una sociedad más justa. Su vida y su desaparición forman parte de la memoria colectiva del Uruguay y constituyen un recordatorio permanente de la importancia de la verdad, la justicia, la democracia y los derechos humanos.

El día de hoy, viernes 17 de julio, en la sede del PIT-CNT, tendrá lugar un merecido recordatorio a su figura. Que la actividad esté enmarcada en la celebración de los 60 años de la creación de la CNT redobla la fuerza del homenaje.

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