El genial poeta alemán Johann Wolfgang von Goethe resumió en unas pocas estrofas, en 1797, una parábola cuyo origen probable estuvo en Asia, muchos siglos atrás. La sencillez del relato no quita su profundidad. En la cultura popular alemana es frecuente parafrasear a Goethe para referirse a un problema que nos supera diciendo «he convocado espíritus que no puedo disipar».
El aprendiz, bajo instrucciones del brujo, debe limpiar el local, cosa que le fastidia. Por haber visto las prácticas esotéricas de su patrón decide intentar un pase mágico para hacer que la escoba se transforme, de manera de poder llenar de agua un balde para limpiar el piso. Tiene éxito, pero la escoba no se detiene y trae baldes y baldes hasta inundar el lugar. Corta con un hacha la escoba, con lo que empeora las cosas ya que la multiplica, ahora son dos escobas. No puede controlar el sortilegio y cada acción que hace empeora la situación. Finalmente, con el agua al cuello, llama a gritos al viejo brujo, que con un par de frases mágicas resuelve la situación.
El cuento reivindica el conocimiento sobre la improvisación, pone en evidencia la arrogancia alimentada por la ignorancia, deja en claro la irresponsabilidad y el precio de tomar una iniciativa que no se puede controlar.
Parece escrito para Donald Trump.
El presidente de Estados Unidos intenta usar los aranceles como una escoba mágica, y ahora está en el caos de tener demasiadas escobas que devolver. Cree que puede resolver las guerras en 24 horas y empeora la situación. Intenta liquidar un conflicto en «de cuatro a seis semanas» y unos meses después tiene hasta el cuello el agua del estrecho de Ormuz. Pide ayuda a gritos a sus aliados que ya no son sus amigos, porque, como a la escoba, trata de someterlos a hachazos.
Finalmente, los verdaderos patrones acuden. No son viejos magos sabios. Son billonarios de las grandes tecnológicas, jefes de la industria militar, criptofinancistas de Wall Street, ultraconservadores religiosos, populistas supremacistas. Ellos tampoco tienen los pases mágicos para detener el desastre. También son aprendices de brujo y están desbordados por «espíritus que no pueden disipar».





