El martes los organizadores del acto del PIT-CNT armaron el estrado de espaldas al Palacio Legislativo, mirando hacia Fernández Crespo. En los discursos de la jornada, como es habitual, casi que no quedó reivindicación gremial sin plantear, pero hubo énfasis: el de más presupuesto para la educación, el del fin de la precarización (ejemplificada en el caso de los trabajadores de los refugios), el del respeto (cuyo contraejemplo fue el despido intempestivo de los trabajadores de Vibrantz Color SA, ocurrido el 1 de agosto pasado) y el de la falta de empleo.
Quien observase la realidad con un solo ojo podría sorprenderse respecto a este último. De acuerdo a los números del Instituto Nacional de Estadística cerrados a junio, se ha completado un año con una desocupación inferior al 8 por ciento, cosa que no ocurría desde el sexenio 2010-2015.
El índice de mejores trabajos 2026 del Banco Interamericano de Desarrollo ubica a Uruguay como líder de la región por la calidad de sus empleos a partir de un indicador que combina tasas de actividad y ocupación, porcentaje de formalización y suficiencia de los salarios.
Y el informe abarca el período 2010-2024, por lo que no incluye la ligera recuperación salarial que se produjo desde entonces.
Pero ese mismo informe también pone en perspectiva comparativa una segmentación que las estadísticas uruguayas reiteran en cada presentación sobre el tema: la desigualdad entre adultos y jóvenes es la segunda más alta de la región (en el promedio regional la ubica en un 9,9 por ciento; en Uruguay, en 16,7).
La última investigación del Instituto Cuesta Duarte sobre salarios sumergidos, publicada hace dos semanas, muestra que el número de ocupados (concepto que agrupa a asalariados y cuentapropistas) que perciben salarios así definidos (inferiores a 28.700 pesos por 40 horas semanales) sigue arriba del medio millón (512 mil personas). Casi 180 mil de esas personas viven en hogares pobres, «trabajan para seguir siendo pobres», como definió uno de los oradores del martes. Entre ellos predominan las mujeres, los jóvenes, los informales.
A esas heterogeneidades clásicas se añade una más reciente y que está en la mira del movimiento sindical: la de los trabajadores migrantes. A enero de este año ya eran 104 mil los que cotizaban al Banco de Previsión Social. En Jackson ya hay una Comisión de Migrantes, a cargo de Laura Martínez, integrante del Secretariado Ejecutivo por Federación Ancap, y de Viviana Rumbo, del gremio bancario, integrante de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la convención.
Al mismo tiempo, Martín Ford, representante de la Asociación de Bancarios del Uruguay en el secretariado y responsable del último organismo mencionado, volvió del último congreso de la Organización Internacional del Trabajo con una mala noticia, la nueva denuncia de las patronales contra la Ley de Negociación Colectiva uruguaya, y una buena, el Convenio 193, sobre el trabajo decente en plataformas, que permitiría corregir la «lamentable» ley al respecto, aprobada en el período pasado.
Está claro que gran parte de los trabajadores de las plataformas son migrantes. «Y son migrantes económicos», enfatizó Ford en su conversación con el semanario. «Son gente que viene a laburar», destacó.
TRES TERCIOS
En la clase trabajadora uruguaya también hay concepciones sindicales diversas. Hasta la salida de Fernando Pereira de la presidencia de la convención en 2021 los problemas internos contaban, para ser resueltos, con la experiencia en acuerdos de dos grandes agrupaciones claramente mayoritarias: la Gerardo Cuesta y Articulación.
La discusión acerca de la manera de enfrentar la reforma jubilatoria de la administración pasada (la de la ley 20.130) evidenció que aquella dinámica estaba en crisis e incluso la profundizó. En mayo del año pasado el resultado de la votación que determinó las nuevas autoridades de la organización se mantuvo incierto hasta el cómputo de los últimos votos (cuando, hasta el momento, la norma para este tipo de instancias era que ni siquiera se tenía que llegar a la votación).
Actualmente, la Gerardo Cuesta sigue siendo mayoritaria, pero no tanto, y Articulación perdió fuerza. Otras corrientes, En Lucha, la Coordinación de Sindicatos y el tándem Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Enseñanza Privada (Sintep)-Agrupación de Funcionarios de UTE, ganó peso. Actualmente, las discusiones se procesarían como un debate entre tres tercios de composición movediza, según refirió a Brecha un dirigente del secretariado.
Un vértice lo ocuparía la Gerardo Cuesta, otro, la suma de Articulación y En Lucha, y en el tercero lo seguro sería encontrar a la Coordinación. Esta dinámica está siendo difícil. Un ejemplo de eso es que la lista de oradores del acto del martes cambió en las horas previas. El lunes se anunciaron dos. El martes fueron tres.
Uno de esos vértices parece consolidarse: «Nosotros teníamos un acuerdo con la Gerardo Cuesta, que nunca fue lineal, pero había un acuerdo. Ahora, con En Lucha tenemos algo parecido. Unimos los números de las dos listas en el último congreso. La 41 de En Lucha y la 98 de Articulación fueron la 41-98. Hasta anda por ahí un nombre, pero no me acuerdo de él en este momento. Viene funcionando. Es una forma de hacer que creo que viene dando resultado», comentó Ford –de Articulación– al semanario.
DOS REFORMAS Y UNA ESTRATEGIA
En todo caso, la unidad sindical cuenta con activos importantes. «El martes presentamos una plataforma potente, pero de esas de largo aliento», dijo el bancario a Brecha. El martes le tocó exponerla al primer orador, Sergio Sommaruga, representante del Sintep en el secretariado.
«Una reforma laboral, una reforma tributaria de segunda generación y una estrategia nacional de desarrollo», empezó explicando Sommaruga. «Una reforma laboral con dos premisas: [la primera], si hay trabajo de calidad para todos, la sociedad se organiza, y la segunda es que si hay desarrollo tecnológico debe estar al servicio de las personas, por lo que uno de sus componentes tiene que ser la reducción del tiempo de trabajo», anunció antes de argumentar sobre el resto de las cláusulas.
Para explicar la base de la reforma tributaria planteada, el dirigente tradujo en distancia el cálculo de la desigualdad realizado por el nobel de Economía Joseph Stiglitz. «En el último cuarto de siglo los más ricos subieron 520 metros, mientras que el 50 por ciento más pobre subió 20 centímetros. Es decir, los más ricos subieron tres veces la altura del Antel Arena y el 50 por ciento, un solo escalón.» Pero no alcanza el espacio aquí para dar a conocer una plataforma cuya presentación ya está disponible en los canales de difusión del movimiento sindical.
Y ese mismo movimiento cuenta con activos más viejos y persistentes: el entretejido de una unidad de la que se celebran 60 años, la fuerza para organizar en las circunstancias más hostiles o la capacidad de «mover la aguja» que celebraron ayer los trabajadores del Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos, al aprobar el convenio que les permitirá disminuir la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, sin pérdida de salario, y haber obtenido un aumento real del 16 por ciento al término de su vigencia.
Toca ver si también logran mover la aguja los trabajadores tercerizados por el Ministerio de Desarrollo Social que se hacen cargo de los refugios para personas en situación de calle, que llevan un año y cinco meses sin cobrar normalmente y anuncian que el domingo iniciarán una huelga de hambre.






