#Abortolegalya: Nosotrxs ya ganamos

Un día después y casi sin dormir se visualizan en las calles de Buenos Aires y en una diversidad de espacios de todo el país vestigios de la marea verde que tiñó de esperanza a una proporción significativa de la sociedad argentina.

El 8 de agosto la Cámara de Senadores de Argentina tuvo la enorme responsabilidad de legislar sobre la interrupción voluntaria del embarazo para el conjunto de la ciudadanía, acorde a los principios de una sociedad republicana, moderna y democrática.

Muchas voces se hicieron oír en más de tres meses de reuniones informativas en ambas cámaras del Congreso. Los expositores a favor de la ley mostraron una avasalladora batería de argumentos y evidencias científicas que transformaron la demanda de las personas gestantes en un grito atronador; una reivindicación por una vida digna de ser vivida y la capacidad de decidir sobre los propios proyectos.

Con afirmaciones como aquellas antiguas sobre las “certezas” del origen de la vida desde la concepción (refutada por varios científicos) hasta la acusación de que el proyecto de ley de interrupción del embarazo suponía un genocidio y era en el fondo un imperativo del Fondo Monetario Internacional para el exterminio de los pobres, los representantes de los antiderechos no avanzaron un ápice en las argumentaciones que esgrimían en los años noventa frente a leyes como la de salud sexual y procreación responsable o el uso del preservativo ante el drama de la epidemia del sida. El poder y la impunidad mostraron su cara más virulenta en el debate público y en el Congreso. La sinécdoque feto por persona fue el símbolo del impacto que quisieron producir estos sectores.

Curiosamente, esgrimieron la importancia de la educación sexual y la aplicación efectiva de la ley de salud sexual y procreación responsable, cuando en su momento fueron sus principales detractores. La consigna de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito –“Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”– refleja, desde hace más de 13 años, la significación que le adscriben quienes defienden los derechos de las mujeres y las personas con capacidad de gestar a la efectiva aplicación de una legislación avanzada.

Educación sexual para decidir; la reclama firmemente una enorme cantidad de jóvenes de colegios secundarios. Es lo que abre la posibilidad de decidir libremente sobre la sexualidad, el amor y el deseo.

Anticonceptivos para no abortar, como exigen batallando desde hace años los trabajadores de la salud en sus espacios de acción, supone hacer de la prevención un elemento clave para elegir cuándo, con quién y en qué condiciones maternar o no.

La vida real de las personas muestra, sin embargo, que múltiples avatares pueden acompañar la mejor información y prevención produciendo embarazos no buscados, no planificados. Es para esas circunstancias, como para todas las excepciones que marca el código penal argentino desde el año 1921, que legalizar y despenalizar el aborto era clave como instancia de libertad y autonomía de las personas gestantes.

En un convulsionado siglo XXI se registra un crecimiento exponencial de los feminismos y sus múltiples expresiones. De ello tomó nota hace muchos años la campaña en todo el territorio argentino. De ello da cuenta el sintagma “deuda de la democracia” desde hace tanto tiempo. De ello surge el reclamo de una justicia reproductiva.

El proyecto de ley presentado por la campaña fue fruto de un trabajo colectivo. De un derecho moderno, liberal e individual se logró construir, con ese esfuerzo, un derecho colectivo con debates, interpelaciones y acciones. El esfuerzo que representó el proyecto fue lo que permitió el avance de la “despenalización social” del aborto.

La Cámara de Diputados emitió un dictamen que, con modificaciones al proyecto original, giró al Senado. Fue muy notorio cómo en este último recinto, cuna de anquilosados poderes patriarcales, clericales y de acuerdos políticos espurios, la estrategia se centró en refutar las fundamentaciones científicas y jurídicas, en un intento sistemático de desacreditar y no dar lugar al intercambio. El paradigmático encuentro en el Senado entre científicos y legisladoras antiderechos instaló en la sociedad el ya famoso comentario “No, no está bien, está mal” de un reconocido científico argentino que puso en su lugar a quienes con insidiosas intervenciones pretendían pasar pobres argumentaciones como verdades reveladas. El dogma, la soberbia del poder, una ignorancia llamativa ante el tema que se trataba lograron un voto de rechazo mayoritario que deja a las mujeres y las personas con capacidad de gestar en el desamparo de sus vidas.

“Salvemos las dos vidas” era la muletilla que acompañaba el bando celeste “nacional”, a pesar del conocimiento de que con el inmovilismo legal no se salva ninguna. Mejor dicho, se seguirá condenando a las mujeres y a las personas con capacidad de gestar a la imposibilidad de decidir libremente sobre sus vidas y sus deseos. Argumentar a favor de profundizar las políticas preventivas (algo que la campaña nacional viene promoviendo desde hace 13 años) fue la estrategia utilizada por los antiderechos –aunque desmentida sistemáticamente por quienes están a favor del derecho al aborto– como coartada al rechazo del proyecto de ley.

El proceso de debate y la votación final en la Cámara de Senadores demostró la relevancia de una urgente reforma y renovación de la representación política para que escuche las demandas de la sociedad y cuente con personas idóneas para el ejercicio de cargos de responsabilidad pública.

La enorme movilización callejera, la marea verde que inundó las calles aledañas al Congreso y los apoyos masivos de amplios sectores de la sociedad y la cultura mostraron que una proporción altamente significativa de nuestra ciudadanía ya se expidió, al demandar un derecho que acompañe el deseo de una vida libre de coerciones, estigmas y prejuicios.

El grito hasta altas horas de la madrugada de “aborto legal ya”, “será ley” y “estamos haciendo historia” no cesará porque se enarbolará, como todos estos meses, con fervor y pasión el pañuelo verde que hace sinergia con las luchas históricas por los derechos humanos.

Nosotrxs ya ganamos.

 

*    Integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, en Argentina.

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