La geopolítica realista golpea las puertas de Jerusalén: Ajedrez macabro - Semanario Brecha
La geopolítica realista golpea las puertas de Jerusalén

Ajedrez macabro

La guerra entre Israel y Hamás, con el drama humanitario que implica, ha dado lugar a numerosos planteos y análisis. Estos podrían ser clasificados en cuatro categorías. Desde un enfoque ético, el énfasis está puesto en la catástrofe humanitaria. El ataque de Hamás no solo fue sanguinario, terrorista e ilegal, sino también ilegítimo, puesto que una de las principales cuestiones concernientes a la causa palestina es el constante asesinato de civiles y el irrespeto de los derechos humanos. Evidentemente, la misma ilegitimidad podría señalarse para la respuesta israelí, que, tras reclamar sobre los actos terroristas sobre civiles, en dos semanas ya ha atacado escuelas, hospitales e infraestructuras básicas, matando a miles de civiles, entre ellos, médicos y periodistas.

Un segundo enfoque es el idealista, que insiste en reclamar la solución de dos Estados y pone el foco en la incapacidad de encontrar una solución (o, al menos, una mitigación) política a un conflicto tan longevo y sangriento. Al respecto, vale recordar el momento en que más cerca se estuvo de avanzar en una solución pacífica y negociada, en 1993, con los Acuerdos de Oslo, suscritos entre Isaac Rabin, Simón Peres y Yasir Arafat, quienes al año siguiente fueron distinguidos con el Premio Nobel de la Paz. Lamentablemente, Rabin murió en 1995, asesinado por un extremista judío de derecha (asociado a los sectores que hoy están en el gobierno), y Arafat lo hizo diez años después, posiblemente envenenado por polonio 210, luego de pasar un largo período ilegalmente confinado en prisión domiciliaria tras la asunción en Israel del gobierno derechista del Likud (hoy también en el gobierno). Desde entonces, ninguna negociación ha logrado acercar a las partes.

Un tercer enfoque es el legal, que insiste tanto en la ilegalidad de las acciones terroristas como en el permanente incumplimiento de las resoluciones de las Naciones Unidas por Israel (cuya defensa por Estados Unidos es la responsable de un récord de interposiciones de veto por parte de un miembro permanente en el Consejo de Seguridad).

Por último, un cuarto enfoque es el realista, que implica partir de la consideración de una política de poder (al margen de la legalidad) y observar los intereses de las partes implicadas. Lo dramático de la situación puede, en ocasiones, dejar este tipo de enfoque en un segundo plano. Sin embargo, dado que ni los valores éticos, ni las ideas, ni el derecho parecen permitir avanzar en una solución, ni en una comprensión de cómo puede estar sucediendo lo que sucede, tal vez valga la pena profundizar un poco más en este último enfoque.

A nivel regional o subsistémico, Hamás y sus aliados y promotores (Irán, Qatar, la Hermandad Musulmana) tenían dos intereses estratégicos (complementarios y asociados), que parecen estar logrando: poner nuevamente la cuestión palestina como una prioridad en la agenda del mundo musulmán y frenar el renovado acercamiento de importantes países árabes a Israel.

El establecimiento de relaciones con Israel es un tabú para los países árabes (sustentado por la solidaridad con Palestina), que históricamente apenas había sido roto por algunos de sus vecinos más inmediatos y más cercanos: Egipto en 1980 (cuyo régimen dictatorial ha ilegalizado a la Hermandad Musulmana) y el Reino de Jordania en 1994. Pero la situación había comenzado a cambiar en los últimos años. En 2020 otras monarquías árabes avanzaron en igual sentido. Marruecos, Baréin y Emiratos Árabes Unidos establecieron relaciones con el Estado judío, bajo el impulso de Donald Trump y a la sombra de la recepción de cooperación israelí en temas militares y el reconocimiento por este país del Sahara Occidental como parte de Marruecos. En 2023 comenzó un acercamiento en similar sentido con la teocracia que gobierna el reino de Arabia Saudí, potencia hegemónica del mundo árabe, lo que fue visto en Palestina como un golpe de gracia para su causa en el mundo árabe, y algo que al mismo tiempo podría aumentar el aislamiento de Irán. Por lo pronto, tras los bombardeos de Israel a la Franja de Gaza, los saudíes han suspendido las conversaciones con el gobierno de ese país, se han desatado grandes movilizaciones populares de protesta en varios países (incluyendo Marruecos) y las organizaciones internacionales árabes se han reunido nuevamente para abordar la cuestión palestina, con los emiratíes como portavoces de la posición árabe en el Consejo de Seguridad de la ONU (¡proponiendo, junto con Rusia, una resolución contraria a los intereses de Israel y Estados Unidos!). Esto supone una reversión de los logros diplomáticos estadounidenses en la región.

De esta forma, muchos analistas plantean que Israel ha entrado en la trampa que le puso Hamás. Es anticipado decirlo antes de la invasión terrestre, que, al momento de escribirse este artículo, parece inminente. Puede ser más interesante explorar qué alternativas tenía este país. El interés último israelí, por supuesto, es proteger a su población y seguir sobreviviendo como Estado judío, lo que desde su punto de vista implica asegurar la férrea dominación sobre Gaza y Cisjordania (en este caso, incluso colonizando el territorio), pero también enmendar un grueso error del actual gobierno, o al menos mitigar sus efectos a ojos de la opinión pública. El trágico éxito de la operación terrorista de Hamás en parte es explicado por el debilitamiento de la seguridad israelí en la frontera con Gaza debido a la necesidad de reforzarla en Cisjordania y Jerusalén, donde el gobierno ha promovido la expansión de los colonos y generado constantes provocaciones sobre lugares de culto musulmanes. A ello se agrega el conflicto entre el gobierno y sectores de las fuerzas armadas, producido por las reformas que el primero ha venido impulsando. En este punto emerge una cuestión que cada vez va a ser más común observar en los gobiernos de la nueva ola de derecha que se expande en el mundo: la contradicción entre los intereses nacionales y los intereses de los grupos contestatarios que aspiran al gobierno.

Por último, este enfoque realista necesariamente debe considerar la cuestión sistémica o mundial, que es, al mismo tiempo, la más interesante pero también la más difícil de abordar. Resulta excesivo y sin fundamento pensar que Rusia puede estar detrás del ataque de Hamás (Rusia también es opuesta a la Hermandad Musulmana, y su aliado en la región más bien es Siria). No obstante, no hay duda de que la situación le ha resultado muy beneficiosa a Rusia, al suponer la apertura de un segundo frente para Estados Unidos y sus aliados en plena guerra de Ucrania. Es algo que Rusia venía intentando hacer en el Sahel o en los Balcanes, pero este caso es mucho más productivo para los intereses rusos: el mayor compromiso de Estados Unidos con Israel que con Ucrania resulta evidente (más aún en el contexto de la crisis actual en el Congreso estadounidense), por lo que, si la guerra en Oriente Medio se intensifica y se extiende, es posible que la asistencia militar a Ucrania se vea resentida y quede cada vez más en manos de Europa. Sin embargo, la nueva situación en Oriente Medio afecta especialmente la política interna de los aliados europeos de Estados Unidos, muchos de ellos con amplias poblaciones musulmanas que ya se están manifestando a favor de los palestinos. Al respecto, vale recordar que la guerra de Ucrania ya hizo caer gobiernos en Reino Unido e Italia, y es muy probable que la operación de Hamás logre lo propio en Israel, una vez que el humo se disipe.

Esta última cuestión lleva a plantear a nivel sistémico un escenario de mediano y largo plazo en el que se siga profundizando la tensión que enfrenta a las potencias occidentales y sus aliados de Extremo Oriente con la alianza euroasiática entre Rusia, China e Irán. No en vano, los dos primeros se han expresado muy críticamente respecto al riesgo de una sobrerreacción de Israel que castigue al pueblo palestino en su conjunto.1 En este sentido, si la guerra en Oriente Medio se amplía e intensifica, y Estados Unidos y sus aliados muestran dificultades para mantener la asistencia simultánea a los dos frentes, Ucrania e Israel, no es descabellado pensar que China se vea tentada en los próximos años a ir un paso más allá en sus reclamos sobre Taiwán y el mar del Sur de China, eventualmente abriendo un tercer frente en el Pacífico. Por supuesto, es muy pronto para aventurarse en previsiones de este tipo para una región que no está acostumbrada a las inestabilidades habituales de Oriente Medio y el espacio postsoviético. Pero es indudable que este escenario se ha tornado mucho más factible en los últimos 15 días y podría ganar peso ante un cambio de gobierno en Estados Unidos.

En tal caso, tal vez nos veremos obligados a revisar nuevamente enfoques éticos, idealistas y legales que ayuden a comprender y buscar soluciones para los conflictos, en la medida que para un enfoque realista radical, como el que parece sustentar las visiones de Hamás o el gobierno israelí, las pérdidas de millares de vidas de civiles son apenas peones de una partida macabra.

1. El ministro chino de Relaciones Exteriores, Wang Yi, afirmó el 15 de octubre que «las acciones de Israel han ido más allá de la autodefensa» y que ese país “debería escuchar atentamente los llamamientos de la comunidad internacional y del secretario general de la ONU y poner fin a su castigo colectivo al pueblo de Gaza”.

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