Al borde de la penumbra - Brecha digital

Al borde de la penumbra

Hoy toca Buceo Invisible.

Buceo Invisible.

La práctica horizontal de distintas disciplinas fue fundamental para que Buceo Invisible continuara hasta la actualidad. Música, poesía y una potente conciencia de lo escénico son los elementos que componen al grupo, lo alejan de lo que comúnmente podría considerarse una banda del montón y le sostienen el vuelo. Rock también es afinar desde un plano conceptual y dejarse permear por lo estético, aunque lo último esté relacionado con una noción austera y oscura. Sobre algo de esto conversamos con Jimena Romero, iluminadora y autodidacta del diseño y la ejecución lumínica, que viene haciendo cortocircuitos desde hace unos diez años con el grupo y forma parte de lo invisible, el fuera de escena, eso que aparentemente no se ve, pero está y determina la materia. Hoy, con más de veinte años en actividad, mucho escenario y cuatro discos editados, el colectivo artístico presenta su nuevo trabajo, Luz marginal, en la sala Vaz Ferreira a las 21 horas.

Registrado en vivo en el estudio El Cuarto Tavella a mediados de 2018, Luz marginal reafirma búsquedas previas del colectivo y consolida una estética de la sombra. “Hay una estética que trabajamos desde el comienzo, que ha ido evolucionando y hemos ido desarrollando hacia un lugar distinto. Ellos, cuando me convocaron, querían oscuridad, no querían que se les vieran las caras, querían darle mayor importancia a la proyección y trabajar el espacio también de manera horizontal. Eso me permitió trabajar con mucha libertad, y con los años fui armando un lugar creativo de la iluminación, distinto de la tarea de iluminar una banda, en la que lo importante es la banda, y la luz viene después, con la función de alumbrar”, afirma Jimena. “A partir de eso fui desarrollando el trabajo plástico con muchas sutilezas, con intensidades de luz muy bajas, con el trabajo de luz de atrás, no mucha luz de frente, y con una iluminación no lineal en relación con la música, tratando de generar parámetros distintos; por ejemplo, un tema que tiene varios años, no sé si es del primero o del segundo disco, que lo siguen tocando, es “Domingo”, y habla de un día lluvioso, color azul, tristeza, y ese tema lo hago siempre con luz roja.”

A pesar de no establecer jerarquías de importancia entre la música, la poesía, las visuales o la iluminación, el proceso creativo tiene un orden. Hay una organización subordinada, posiblemente natural, que define la manera de vincularse como colectivo. “Primero está la música y a partir de eso trabajo la luz de manera plástica, espacialmente y con los volúmenes de ellos, en el espacio. Siempre se genera audiovisual e iluminación; desde hace unos años esa sería la parte plástica de la puesta en escena. Escenografía concreta, material, a veces hay y a veces, no”, dice Jimena, y en relación con la manera de llevar adelante las presentaciones en vivo confirma: “Hemos generado un vínculo de confianza en el que estamos de acuerdo en la forma de trabajo y en la estética de la penumbra, entonces hablamos de las cosas prácticas, de si ellos necesitan luz, en ciertos momentos, para ver. Y esa estética se ha reforzado y se ha abierto un poco. Antes, tenían muy marcado lo de la oscuridad, no querían nada de luz de frente. Después, de acuerdo con ciertos conceptos estéticos y con las puestas en escena diseñadas, se fue modificando. Hoy en día la propuesta es mía y ellos la aceptan con confianza. Se da un desarrollo colectivo y también personal. Porque cuando yo empecé a trabajar con ellos, recién había comenzado a hacer iluminación, estudiaba bellas artes, pero en iluminación me formé yo sola, leyendo, trabajando. Entonces, ahora no sólo ellos tienen confianza en mí, sino que yo también tengo confianza en mí; así es más fácil romper más reglas, probar otras cosas, y en eso estamos”.

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