Alinear las metas con el Che

Este artículo pretende rescatar el pensamiento económico del Che de su descontextualización permanente –junto con la tradición en pensamiento económico que otrora tuvo la izquierda–, invitando a revitalizar esas ideas para el análisis de nuestro tiempo.

 

“Todo parte de la errónea concepción de querer construir el socialismo con elementos del capitalismo sin cambiarles realmente la significación. Así se llega a un sistema híbrido que arriba a un callejón sin salida o salida difícilmente perceptible que obliga a nuevas concesiones a las palancas económicas, es decir al retroceso.”

Ernesto Che Guevara

Ante las desavenencias políticas de Raúl Sendic, es evidente que el Frente Amplio necesita construir presidenciables. Es un proceso que lleva tiempo, por lo tanto no sorprende que ya esté empezando a circular la ronda de candidatos. Entre ellos se maneja como uno posible el actual presidente del Banco Central, el economista Mario Bergara. En una entrevista reciente, donde “canta las 40”, se puede ver el desafío que es para un economista formado en Berkeley volverse un “referente de masas”, pero lo cierto es que Bergara tiene capacidad y elementos de sobra: un doctorado tutoriado por el premio Nobel de economía Oliver Williamson, para dejar tranquilo a cualquier suegro o suegra fondomonetarista, un pasado de barrio en el Cerrito y militancia en la Ujc, para dejar tranquilos a los suegros si son frenteamplistas, y por si fuera poco, para que ningún tío sesentista lo quiera correr por izquierda, comenta sobre un póster del Che Guevara que tiene en su oficina del Bcu con la siguiente consigna: “La eficiencia económica es el motor de la revolución”. Ese detalle sería un episodio más de la banalización global que sufre la figura del Che, si no fuera porque la misma frase también puede leerse en el despacho del subsecretario de Economía, Pablo Ferreri. Es que la “era progresista” nos tiene acostumbrados a la proliferación de análisis “ortodoxos” en lo económico (que fundamentan ajustes, mercantilización de bienes públicos, extranjerización de los medios de producción, etcétera) embadurnados con jerga marxista o propia del pensamiento crítico (fetichismo, hegemonía, lucha de clases, socialismo, etcétera). Para cualquier lector más o menos habituado a la teoría crítica es fácil percibir que todas estas artimañas, lejos de constituir una aplicación específica al análisis concreto, son guiñadas terminológicas vacías, que obedecen a un uso meramente estético y a un propósito político de dudosa honestidad intelectual: versear como marxista o cientista crítico para hacer política económica de fuerte inspiración neoclásica. Más allá de la entrevista que inspiró este artículo, no se pretende poner el foco en Mario Bergara, se trata sí de rescatar el pensamiento económico del Che de su descontextualización permanente –junto con la tradición en pensamiento económico que otrora tuvo la izquierda–, invitando a revitalizar esas ideas para el análisis de nuestro tiempo.

LA CENTRALIDAD DEL MARXISMO. “Se debe ser marxista con la misma naturalidad con la que se es ‘newtoniano’ en física o ‘pasteuriano’ en biología”, decía el Che, que antes de “convertirse” en guerrillero fue médico, pero también un metódico estudioso del marxismo y muy particularmente de economía política. Una carta escrita a su madre a principios de la década del 50 da cuenta de que se siente cada vez menos médico y con más ganas de ser un “tanque” en economía. Lejos del dogmatismo esquemático de los manuales soviéticos de época, a los que criticó en numerosas ocasiones, bregó por la lectura de los clásicos y por su permanente sometimiento a la crítica. Una vez que ocupó cargos importantes en la revolución cubana (jefe del Departamento de Industrialización del Instituto Nacional de Reforma Agraria, presidente del Banco Nacional y ministro de Industrias), continuó la actividad teórica sin hacer ningún tipo de claudicaciones en nombre de la práctica: “la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente”, comentaba en sus apuntes.

EL PROBLEMA DEL SUBDESARROLLO. El Che creía que era imposible el desarrollo de los países del llamado Tercer Mundo bajo las “leyes capitalistas” de la economía mundial. Por tanto, fue un duro crítico de la Alianza para el Progreso y de todos los organismos multilaterales asociados, como el Fondo Monetario Internacional, el Gatt (hoy Omc) y el Birf (hoy Banco Mundial). Creía que el intercambio desigual existía y era una traba para el desarrollo económico. No pensaba que en nuestra región pudieran proliferar “países de primera” mientras les oprimiera el yugo del imperialismo: “un niño no es lo mismo que un enano”, por lo tanto “subdesarrollo” no es lo mismo que “en vías de desarrollo”. Ante la su-bordinación a las grandes potencias, bregaba por la unificación de los países latinoamericanos y por la generación de nuevas reglas de juego en el intercambio: “al imperialismo, ni un tantito así”.

Sería necio negar que en la actualidad la división internacional del trabajo se ha modificado respecto de la que estudió el Che. La fragmentación y la deslocalización productiva a escala global hacen que hoy la división del trabajo se manifieste más por procesos que por productos, el crecimiento de la inversión extranjera directa ha sido exponencial y existen empresas “traslatinas” así como también indicios de cierta “multipolaridad” en la economía mundial. No obstante, los textos de Guevara son una invitación a mantener un ojo abierto a la crítica, para repensar nuestra inserción internacional y no subirnos al carro de cualquier Tlc o invitación al multilateralismo a secas.

CAMBIOS INSTITUCIONALES PROFUNDOS. En algunas de sus tantas críticas al modelo soviético, el Che observó con recelo el proceso de burocratización y tecnocratización que fue desarrollándose en la Urss. En sus Apuntes críticos a la economía política ubica la génesis del problema en la mismísima “Nep”, creada en épocas de Lenin. No por eso negaba la necesidad de cambios institucionales profundos. No es casual que cuando triunfó la revolución las modificaciones en política económica fueron sustantivas: se rebajaron los alquileres un 50 por ciento, se instrumentó una reforma agraria y se combatió a las trasnacionales estadounidenses y a la alta burguesía cubana.

Pero sus intentos fueron más allá, y a la planificación centralizada soviética opuso el “sistema presupuestario de financiamiento”. Allí se pusieron en práctica nuevos métodos de trabajo, con niveles de exigencia asociados, sus controles y contabilidad, el análisis de los costos, etcétera. Y para evitar la alienación y extrañamiento del obrero con su trabajo (una de las preocupaciones centrales del Che) el sistema presupuestario de financiamiento presuponía niveles de participación económica de los propios trabajadores en el proceso productivo.

EL DESARROLLO DE LA CONCIENCIA. Sin negar que la productividad en el socialismo ha sido un problema de fondo y que las preocupaciones por la eficiencia económica del Che eran acertadas, en su cosmovisión son subsidiarias de otras cuestiones más relevantes. De hecho, en cuanto al determinismo tecnológico que caracterizaba al bloque soviético, que competía año a año por la mayor cantidad de producción de acero con respecto a los yanquis, Guevara advertía sobre los peligros de querer apropiarse de “las armas melladas que nos legara el capitalismo” en la estrategia transformadora. Sus reflexiones carecen de ambigüedad en ese sentido. En sus ya mencionados escritos sobre economía política desalentaba fuertemente “hacer del comunismo una meta cuantitativa y cambiante”, e insistía en que “aparearse al desarrollo capitalista que sigue hacia adelante es mecanicista por un lado y derrotista por el otro”. De hecho, en otro pasaje aun más categórico afirma: “El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria, pero al mismo tiempo luchamos contra la alienación. Marx se preocupaba tanto de los hechos económicos como de su traducción en la mente. Él llamaba a eso un ‘hecho de conciencia’. Si el comunismo descuida los hechos de conciencia puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria”. La cita es en sí misma elocuente: con el mismo énfasis deben promoverse los cambios institucionales de fondo y los cambios culturales, tanto comportamentales como éticos. En definitiva: crear el hombre nuevo. No sólo llevó adelante el trabajo voluntario como forma de desarrollo más profunda de la solidaridad, sino también para combatir la enajenación. Transformar los hábitos de vida, la visión cotidiana y doméstica como eje central. Pensar en la transformación de la sociedad con meros estímulos materiales constituía un retroceso, una injerencia de mecanismos capitalistas que socavarían tarde o temprano el proceso revolucionario. Combatir el consumo superfluo en pos de una cultura desalienada, fomentar el trabajo liberado, hacer prevalecer el deber social por encima del beneficio individual. Eso implicaba no sólo cambios en los estímulos económicos sino una modificación radical del sistema educativo y del “sentido común”.

A modo de cierre, vale decir que el Che es y será inspiración y referente para las izquierdas en el mundo y no tiene un significado único ni pertenencia partidaria exclusiva. Depende de quienes lo invoquemos el hacerle los honores y reivindicar su vocación rebelde y transformadora. O sea, para que no nos sigan matando al Che, ni a todo el rico legado de las izquierdas, debemos despojarlo no sólo del merchandising sino también de los versos tristes de la izquierda derrotista. Es necesario dotarlo de poesía de futuro, de rejuvenecido optimismo para ampliar el mundo de lo posible. Reivindicar al Che es construir sin dogmatismos, en la práctica y la teoría, un socialismo para nuestro tiempo.

Por decir fútbol

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