Amor por la bizarreada

En Sala B del SODRE: “Fiesta Nibiru”.

Fiesta Nibiru. Manuel Facal, Uruguay, 2018.

Con cuatro largometrajes en su haber (las anteriores fueron Achuras, Relocos y repasados y Achuras 2), Manuel Facal es, curiosamente, uno de los cineastas uruguayos más prolíficos de la actualidad, y seguramente el más joven (36 años). Es también uno de los que tiene un estilo más reconocible y –todo debe ser dicho– uno de los más difíciles de digerir. Es bueno saber de antemano que lo suyo son las comedias de horror más extremas, en las que el combo usualmente incluye consumo de estupefacientes, materia fecal, sangre a raudales, sexo más o menos explícito, viscosidades orgánicas y una gastronomía sumamente desagradable. Facal es como si los primeros Peter Jackson y Sam Raimi hubiesen parido un engendro mutante y deforme, y lo hubiesen puesto a filmar redoblando sus propias apuestas. Los resultados están a la vista: Relocos y repasados fue una bizarreada de cuidado, pero además de las mejores comedias uruguayas que jamás se hayan rodado, y Achuras 2, probablemente, una de las más desagradables, no sólo de nuestro país, sino del mundo.

Luego de que Relocos y repasados le insumiera demasiados años de vida, Facal apuntó a producciones más baratas y caseras, una manera de mantenerse filmando a pesar de las dificultades. Fiesta Nibiru es una producción de bajo presupuesto en la que el director logra, con imaginación y recursos mínimos (la acción tiene lugar principalmente en el interior de un departamento y con cinco personajes), desplegar una comedia disparatada que incluye el encargo de un hombre misterioso, dos psicópatas que quieren abusarse sexualmente entre sí, la ingestión de pizza de corazones de gallina, un gato calcinado y resurrecto, un extraterrestre con un ojo enorme, sexo intergaláctico y una chica que se pone a parir estrellas; todo esto con un espíritu totalmente desinhibido y anárquico.

Qué significado tendrá todo este desvarío habría que preguntárselo al psiquiatra de Facal, pero entre los vómitos y viscosidades varias se cuelan fugaces momentos de calidez y luminosidad, así como dejos existenciales que proponen cierta empatía con este excéntrico grupo de perdedores, como si se hablara de una humanidad perdida, de enajenados frente a los monitores, perversos y sádicos espectadores de mierda virtual, ansiosos por consumir sustancias que los transporten a otros sitios. Como uno de ellos mismos dice, están “podridos por dentro y por fuera”, pero los humaniza una especie de infantilismo a flor de piel. La aparición (en off) de una señora que, a través del portero eléctrico, ruega a los muchachos que le digan cómo contactar a los extraterrestres, deseosa de que se la lleven, reafirma ese deseo de huir lejos, de ser exiliados de un mundo monótono y hastiante.

Es verdad que se echan en falta personajes más carismáticos; en Relocos y repasados los interpretados por Nicolás Furtado y Micaela Psinisnuc cumplían con ello y aquí el de Alan Futterweit Paz es el único que parece estar a la altura, pero aparece muy poco. Incluso hasta el mismo Manuel Facal, que funciona muy bien en pantalla, podría haber mejorado el cuadro con su presencia. Como sea, Fiesta Nibiru es un cine marciano, único en su especie, y como delirio funciona bastante bien.

Fiesta Nibiru. Manuel Facal, Uruguay, 2018.

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