Anomalías cotidianas - Semanario Brecha

Anomalías cotidianas

Nuevas raras en la literatura

Raras, de María Gueçaimburu. Banda Oriental, Montevideo, 2019. 143 págs.

Definir, dentro del ámbito letrado uruguayo, un libro como “raro” implica obligatoriamente retomar el célebre prólogo de Ángel Rama (1926‑1983) de su antología Aquí. Cien años de raros, en la que tiene un enfoque emergente en la narrativa nacional, que se caracteriza por la apelación a elementos fantásticos para explorar el mundo a través de una destacada sensibilidad. Esta manera de comprender la literatura atraviesa las páginas más logradas del primer libro de María Gueçaimburu, Raras, ganador del Premio Nacional de Narradores de la Banda Oriental “por la originalidad en la presentación de personajes portadores de características extraordinarias, físicas y psicológicas, y en un lenguaje literario de gran precisión y elegancia”.

La colección publicada por Banda Oriental se divide en tres secciones, que agrupan distintos relatos con una consigna: “Muy raras”, “En familia” y “Tres casas”, en orden de presentación y extensión. La primera parte es la que establece un puente con la narrativa fantástica, jugando a su vez con los límites de la cotidianeidad. La segunda es probablemente la más introspectiva y da lugar al tratamiento profundo de la temática del recuerdo. Cerrando el libro, se presentan tres relatos ampliamente descriptivos, pero no por eso menos subjetivos que los anteriores, aunque sí trabajados de otra manera.

¿QUIÉN SOY? El hilo que atraviesa todos estos relatos está sugerido en el título de la colección y corroborado en su extraña portada. Con todo, cabe preguntarse a quiénes refiere el epíteto “raras”. En gran parte del libro, el lector puede afirmar con bastante certeza que las protagonistas devenidas narradoras tienen alguna característica extraña que las destaca sobre el fondo del relato. En “Muy raras” es evidente. Ahora bien, esto no siempre es así. En el primer relato de la segunda sección, “Mamá se parecía a Jackie Kennedy”, por ejemplo, el personaje extravagante es la madre, tanto en su apariencia como en su actuar. Incluso la singularidad recae no solamente en personajes, sino también en lugares, como ocurre en el último cuento de la colección, “La casa rosada”.

A lo largo de las páginas de Raras se percibe en las narradoras una acentuada preocupación por la identidad, a nivel tanto colectivo como individual. En la primera parte predomina una inquietud sobre la subjetividad, que en algunas ocasiones recae sobre un comportamiento extraño –el caso de “Desde mi silencio” y “La ochenta”– y en otras, sobre el físico –el caso de la narradora‑personaje elástica de “Cuando trabajé para Elon Musk” o de la pseudosiamesa de “La Falsi”–. En la segunda sección la extravagancia se encauza en situaciones familiares verosímiles y responde principalmente al recuerdo como formador de identidad, que llega a establecer una frontera movediza con el terreno de la autoficción. Ya en la última parte la identidad se relaciona con la ocupación de ciertos espacios, en general asociados a la memoria familiar. Aquí, el valor simbólico de los objetos cumple una parte importante de la conformación del individuo.

¿QUÉ VEO? La mirada cumple un rol fundamental en distintos cuentos de Raras y llega incluso a ser el punto de partida de la narración. La perspectiva quirúrgica de las narradoras resalta especialmente en la descripción de las casas de la última sección, pero está presente desde el comienzo de la colección.

Así como los personajes miran, se saben mirados y actúan en consecuencia. En “Cuando trabajé para Elon Musk” la narradora afirma: “Le devolví [a Elon] la alzada de mentón, como para darle a entender que la información no había sido suficiente”.

En su “lujuria de ver” –retomando la expresión de Felisberto Hernández–, los personajes de Gueçaimburu reconocen una forma productiva de conocer. El relato más representativo de esta tendencia es “De cómo la que tendría que haber sido la historia del Dr. Shurtz no lo fue”, en el cual se detalla, en formato epistolar, cómo a partir de una foto su protagonista fue construyendo un mapa del personaje que en dicha imagen figura.

¿QUÉ CUENTO? En Raras existe también una conciencia y una preocupación en la narración de acontecimientos. Esto permite reconocer ciertos patrones en el contar de otros, como en “La casa rosada”: “Cuando mamá cuenta cómo es la casa a quienes no la conocen, se detiene en la descripción de la escalera”. Esta puede ser una clave de lectura para comprender el libro: pensar en los detalles que la narración decide contar. El uso de la palabra lleva en ocasiones a las protagonistas a situaciones no deseadas. En “La verdadera historia sobre el síndrome de Elena Aguirre”, el relato de su transformación en agua lleva a la protagonista a la reclusión en un hospital psiquiátrico. Esto indica que no todo se puede decir. Tal vez por eso el personaje de “Desde mi silencio” afirma que: “Por más que parezca vacío, mi silencio pesa los siglos de palabras no dichas y ocupa el espacio que ellas han dejado”, aunque “nadie lo entiende, porque lo natural es hablar”. La batalla que presenta Gueçaimburu queda así plasmada: se trata de la larga disputa entre lo aceptado culturalmente como “normal” y lo tachado de “anormal”, que resulta siempre incómodo. Corresponde, entonces, preguntarse: “¿Cuántos seremos los que incomodamos con estas rarezas que a nadie le gusta ver?”.

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